lunes, 24 abril 2017
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Internacional

Obama contra el califato, por Twitter, mar y aire

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“Es imposible derrotar a ISIS sin contar con soldados en el terreno”. Esta ha sido la frase más repetida en las últimas semanas por generales, políticos y expertos en contrainsurgencia de Estados Unidos. Un grupo terrorista que controla grandes territorios entre Siria e Irak, que cuenta con 8 millones de personas bajo su control, y que sigue una ideología que atrae a seguidores de medio mundo no puede ser vencido si no es combatiéndolo casa por casa y persona a persona.

Pero esto es algo que Obama no quiere oír. Y es que la sombra de la guerra de Irak es alargada, y son pocos en Washington los que están dispuestos a repetir una intervención similar. Además de la pesada carga que supondría una incursión terrestre para el erario público estadounidense, el constante goteo de ataúdes repatriados supondría un coste político que el actual gobierno no está dispuesto a asumir.

Así, frente a las operaciones a gran escala del pasado, Obama ha optado por otras formas de combate más económicas y menos arriesgadas. Y precisamente por ello, el primer ataque de Estados Unidos contra el Estado Islámico no fue por tierra, ni por mar, ni por aire, sino por Twitter.

Todo comenzó en 2011, tras el inicio de la Primavera Árabe, cuando el presidente estadounidense ordenó la creación del Centro de Comunicaciones Estratégicas Antiterroristas, o CSCC, por sus siglas en inglés. Consciente de que la presencia y la influencia de los terroristas en foros, chats y redes sociales era cada vez mayor, Obama reclutó para el Centro a un grupo de diplomáticos y expertos en terrorismo con la misión de estudiar los procesos de radicalización a través de internet. Así, desde un pequeño despacho del Departamento de Estado, el CSCC comenzó a analizar la actividad en la red de los militantes que se encargaban de reclutar a jóvenes para la yihad en Siria, Somalia o Nigeria.

Los expertos llegaron a la conclusión de que los procesos de radicalización respondían, por lo general, a emociones en vez de a argumentos. Los radicales repetían mensajes de forma insistente sin enfrentarse a una opinión contraria, de modo que lograban construir una narrativa inmensamente atractiva pero endeble al mismo tiempo. El siguiente paso debía ser, por tanto, desmontar sus mensajes, exponer su falta de lógica y atacar –dialécticamente– a los reclutadores.

Fue así como nació la campaña ThinkAgain, TurnAway–“Piénsalo otra vez, y date la vuelta”–destinada a responder a todos aquellos militantes que defendiesenla yihad en las redes sociales y a refutar sus argumentos. Sin embargo, a diferencia de las campañas que se habían llevado a cabo anteriormente, ThinkAgain, TurnAway no pretende mejorar la reputación de Estados Unidos en Oriente Medio, sino simplemente desprestigiar a los terroristas.

Cuando un militante del Estado Islámico afirmaba que el califato acabará con todos los tiranos que se le opongan, desde su cuenta de Twitter los diplomáticos le preguntaban si también eran tiranos unos niños a los que asesinaron en una heladería. Cuando otro de ellos acusaba a Estados Unidos de causar desgracia y sufrimiento a los musulmanes, desde el Departamento de Estado le respondían que eran los seguidores del califa los que decapitaban, crucificaban y deshonraban a las mujeres de sus hermanos musulmanes. Cuando otro afirmaba que atentarían contra la Casa Blanca, el CSCC le advertía de que no era el primero en intentarlo y le recomendaba con sorna que preguntara a Bin Laden.Al mismo tiempo, junto a cada una de sus respuestas añadían crudas imágenes que mostraban la barbarie de los terroristas: niños desangrándose,cabezas apiladas en las aceras, cristianos crucificados en plazas públicas...

La campaña ha supuesto un avance que deja de manifiesto que el ciberespacio ya es un dominio más en el que Estados Unidos debe estar presente y combatir, puessilos terroristas han podido emplearlo para sus propios fines de una manera tan efectiva ha sido gracias a la ausencia de voces contrarias.

Sin embargo, su éxito ha sido bastante reducido. En primer lugar, cada uno de estos tuits está identificado con elemblema del Departamento de Estado estadounidense, lo que resta credibilidad a la iniciativa en el mundo árabe y es interpretado por muchos como una treta más de la propaganda imperialista de Washington. En segundo lugar, el uso de las fotografías de sus crímenes con la intención de desacreditar a los terroristas es contraproducente. Para los militantes de ISIS, los atentados, fusilamientos y crucifixiones no suponen algo de lo que avergonzarse, sino por el contrario, éxitos del califato, algo que difundir para atraer a nuevos seguidores.

Sin embargo, aunque la campaña hubiera resultado más exitosa, lo cierto es que no podría haber acabado con la presencia de los terroristas en Siria e Irak. Combatir a través de las redes sociales sólo es efectivo cuando se hace lo mismo también en el terreno, y eso es algo que Obama no parece estar dispuesto a reconocer.

David Barrancos es analista de THIBER the Cybersecurity think tank

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