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Ramón Rovira: «En un par de años, Trump se enfrentará a un ‘impeachment’»

Autor de «Gracias, Estados Unidos» augura a Trump una presidencia convulsa.

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Tiempo de lectura 8 min.

25 de noviembre de 2016. 10:58h

Comentada
Esther S. Sieteiglesias 25/11/2016

El periodista Ramón Rovira ahonda en su libro «Gracias, Estados Unidos» en todos los aspectos positivos y negativos de ese enorme país. La llegada de Donald Trump supondrá un inmenso cambio en política exterior y en la imagen de EE UU, pues el magnate «está siendo consistente con sus promesas de campaña». Rovira, que ahora es director de Comunicación del Banco Sabadell, no ha olvidado sus apasionantes días de calle como corresponsal en Washington, y la verdad es que añoró no haber cubierto una de las campañas más sorprendentes (y sucias) de la historia de EE UU. Sobre la imprevisible Administración Trump charla vehementemente al respecto con LA RAZÓN.

–Trump ya ha anunciado su intención de retirar a EE UU del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP). ¿Vuelve el proteccionismo? ¿Qué consecuencias tendrá para la economía global?

–En este apartado, está cumpliendo lo que prometió. La impresión general es que es una mala noticia, pues volver al proteccionismo supone cerrar barreras, volver a los estados más autárquicos, y en este caso poner aranceles y gravámenes a las importaciones de terceros países. Para Asia, es una muy mala noticia, aunque habrá que esperar hasta qué nivel lo va a aplicar. Lo cierto es que este tipo de medidas van en contra de lo que ha sido la política económica global de los últimos tiempos. Pero por otra parte los estadounidenses están muy hartos de la globalización y los efectos que ha tenido en el país, como la destrucción de puestos de trabajo en la industria local. Trump les prometió la ruptura de estos acuerdos y se lo está dando. El TTIP está fenecido y quedaría el Nafta (con Canadá y México) y éste sí parece difícil que se lo cargue.

–Una de las promesas que no va a cumplir es la de enjuiciar a Hillary Clinton. ¿Parece que una vez que ya no es su rival, ya no necesita la confrontación?

–Seguramente esto fue un calentón durante el debate. Realmente tenía poco sentido intentar procesarla para llevarla a la cárcel. Es un despropósito total. Aun así, creo que la presidencia de Trump va a ser muy convulsa. Tiene demasiados frentes abiertos y con todas las investigaciones que le van abrir respecto a sus negocios, no descartaría que dentro de dos años, o antes de terminar la legislatura, viéramos por lo menos un intento de «impeachment» para destituirle. Tiene tantos frentes abiertos, que sólo en términos judiciales va a ser muy difícil presidir el país. A pesar de que los demócratas están muy tocados, en cuanto se rehagan dentro de un año y el partido vuelva a tener fuerza, le van a complicar mucho la vida.

–Ya son muchos los que por un lado le acusan de nepotismo (con la presencia de su hija Ivanka en conversaciones bilaterales al más alto nivel), y también por todos los negocios que posee...

–Claro. Es que, por lo menos en la historia más reciente de EE UU, no hay precedente de que un entramado industrial y financiero tan potente esté en manos del presidente de la nación más importante del mundo, con tantas vinculaciones en otras naciones. Por tanto, ¿dónde se establece la línea de separación entre una cosa y la otra? Si finalmente sus hijos van a llevar los negocios, ¿por qué están ahora gestionando el traspaso de poderes? Por ejemplo, los acuerdos que tiene con los grandes bancos –algunos amenazados con sanciones muy importantes por parte de EE UU–, ¿cómo se resolverán? ¿Van a influir en su presidencia? ¿Va a alentar que estas sanciones sigan adelante o va intentar frenarlo? La barrera entre el hombre público y el hombre de negocios es tan tenue, que la puede pisar en cualquier momento.

-Usted fue corresponsal en Estados Unidos durante cinco años, ¿hubiera firmado por cubrir estas elecciones y los primeros 100 días de Trump?

-(Se ríe) Vamos, hubiera dado cualquier cosa, sí. Fueron unas elecciones muy diferentes de las que hemos vivido últimamente. Además, los personajes, los dos, que se disputaban la presidencia, son completamente diferentes y tenían todas las “virtudes” para ser apasionantes para los periodistas. La presidencia de Trump no va a ser al uso. Poder estar allí sería un privilegio, pero no puede ser, qué le vamos a hacer.

-En cuanto a los nombramientos, las personalidades que acceden a la Torre Trump no son conocidas precisamente por su tolerancia. ¿Qué reflejan los entrevistados?

-Trump tiene que nombrar, antes de tomar posesión 4.000 cargos, de los cuales 3.000 son de libre designación y 1.000 de ellos deben ser ratificados por el Senado. Es una brutalidad. Nombres como Steve Bannon, un ultraderechista, machista, xenófobo, antisemita... que va a ser ni más ni menos que su jefe de Estrategia o el general Michael Flynn, una persona popular que ha definido al islam como un cáncer... En definitiva, demuestran que las personas de las que se está rodeando tiene matices de lo que dijo durante su campaña. El responsable para dirigir la CIA, Mike Pompeo, es uno de los republicanos que más duro fue con Clinton por el asunto de Bengasi. Pensar que ahora vaya a tender puentes... no es fácil de creer. También Jeff Sessions, posible futuro Fiscal General, es alguien radical. En suma, con los nombramientos puede haber un retroceso en materia de avances sociales. Sin embargo, todo esto es muy consistente con lo que dijo en campaña. También cabe destacar que el primero con el que se reunió fue el británico Nigel Farage, después con el primer ministro japonés, también un nacionalista. De momento, las cosas pintan mal, pero consecuentes con su campaña que es por lo que le votaron los estadounidenses.

–¿Cómo ha cambiado EE UU desde que usted estuvo allí? ¿Hacia dónde se dirige el país?

–Hay un punto de inflexión muy importante que es el 11-S; yo volví semanas antes de que el 11-S tuviera lugar. Creo que, en parte, tras el 11-S, el país perdió un punto de inocencia que había tenido a lo largo de su historia. Pearl Harbour no es territorio continental, por lo que nunca habían vivido un ataque tan directamente. No tenían la sensación, o no la habían interiorizado, de que hubiera gente en el mundo que los odiara tanto. Desde entonces, EE UU vive en una cierta vigilia porque esto puede repetirse en cualquier momento. Ha cambiado el concepto que el país tiene, no únicamente de sí mismo, sino también de los que lo visitan. Tras una gran apertura, ahora, en cambio, hay más prevención y recelo y esto se nota.

–¿Han sido las elecciones más sucias que recuerde?

–Sí, sin ninguna duda. Es posible que en tiempos muy pretéritos. De hecho, todas las elecciones en EE UU tienen del peor márketing político, para no decir que son «sucias». Desde el punto de vista de los candidatos han sido muy sucias y se han intercambiado todo tipo de insultos. No hubo proyectos ni propuestas y se cayó en el exabrupto y la descalificación. Otro hecho que tampoco es desdeñable es que la mentira no ha tenido coste alguno. Hasta ha ganado un candidato que miente, algo que, combinado con los nuevos medios y la inmediatez, ha dejado de manifiesto que la posibilidad de los medios tradicionales de contrastar ha dejado de existir. Los famosos «factchecks» de la Prensa estadounidense quedaron absolutamente superados. Trump elabora con tanta rapidez mentiras que cuando tú la desmientes él ya lleva tres mentiras de ventaja y ya se está pendiente de la nueva y no de contrastar. A los medios les ha pillado por completo, primero porque al principio les hizo mucha gracia el personaje, como payaso que animaba la campaña, y después por no ser el cuarto poder.

–Trump en este sentido sigue en su línea. ¿Gobernará a golpe de tuit? ¿Cómo van a poder controlar los medios lo que dice?

–Una de las lecciones que tenemos que aprender de esta campaña es que los medios tradicionales y de referencia informativa han tenido un papel mucho menos relevante. La campaña se ha basado en las redes sociales y estos medios ahora hacen examen de conciencia de haber dado pábulo a todo lo que Trump decía y era manifiestamente falso, pero aparecían en tiempo real. Si él ha descubierto que así llega a su elector de manera más directa e influyente, y esto le funciona, esto es un cambio paradigmático. El primer mensaje en el que da las claves de su presidencia lo ha mandado a través de las redes, no ha llamado a “The Washington Post”, a “The New York Times” o la CBS. Sin comentaristas, simplemente dos minutos de Trump en estado puro. Hay que empezar a acostumbrarse a la nueva dinámica y el efecto que los medios pueden tener sobre la presidencia puede variar de manera radical. Es un factor muy cambiante, sobre todo en EE UU, donde eran determinantes, es que en su día provocaron la dimisión de un presidente (Richard Nixon) con el famoso “caso Watergate”. La pregunta es, ¿actualmente esos medios estarían en condiciones de provocar la caída de un presidente como Trump? Esto ha cambiado completamente y hay que entenderlo.

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