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Seúl y Pyongyang reabren el «teléfono rojo»

Corea del Norte reactiva la línea de comunicación con el Sur tras tres años en «off» para abordar su participación en los Juegos de Invierno

  • Un funcionario comprueba la línea directa intercoreana instalada en la Zona de Seguridad Conjunta (JSA) en la localidad fronteriza de Panmunjom (Corea del Sur)
    Un funcionario comprueba la línea directa intercoreana instalada en la Zona de Seguridad Conjunta (JSA) en la localidad fronteriza de Panmunjom (Corea del Sur) / Efe
Victoria Pascual. 

Tiempo de lectura 4 min.

04 de enero de 2018. 03:49h

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Victoria Pascual.  3/1/2018

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A las 15:30 de ayer en Corea del Sur, la línea de teléfono de la aldea de Panmunjom –donde se firmó el armisticio de 1953– volvió a sonar tras años desconectada. A un lado, un funcionario norcoreano y, al otro, uno surcoreano. Durante 20 minutos, las dos partes comprobaron que todo funcionaba correctamente y no había problemas técnicos en una conversación que, pese a no haber trascendido mayores detalles, significa el inicio del diálogo entre dos países que están técnicamente en guerra desde el fin del conflicto de Corea.

Horas antes, el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, daba la orden de reactivar esta vía de comunicación directa a las 03:00 y, Ri Son Gwon, que encabeza la institución encargada de gestionar los asuntos intercoreanos, sorprendía con su mensaje en la televisión estatal. Sin hacer mención de la propuesta que Seúl lanzó el día anterior de reunirse el 9 de enero para mantener conversaciones de «alto nivel», Ri hablaba en nombre de su líder y aseguraba que «mantendremos un contacto estrecho y sincero». Según destacó, el objetivo de ese canal de comunicación es el de tratar «el potencial envío de una delegación» a los Juegos Olímpicos de Invierno de febrero en la ciudad surcoreana de Pyeongchang.

En su discurso de Año Nuevo, Kim sugirió que había llegado el momento del paulatino deshielo de las que calificó como «congeladas relaciones Norte-Sur» y que el evento deportivo sería «una buena oportunidad para mostrar la unidad del pueblo» coreano. Pese a que en dicha alocución el líder del régimen Juche no abandonó el tono belicista e insistió en que el país continuaría con «la producción masiva de ojivas nucleares y misiles balísticos», sus palabras no cayeron en saco roto y en menos de 24 horas su homólogo surcoreano, Moon Jae In, ya había propuesto fecha y lugar para un posible encuentro. Ayer, tras la respuesta de Pyongyang, el secretario de Prensa de Moon declaró que la restauración de este canal era «muy significativa» porque «crea un entorno donde la comunicación será posible en todo momento». En ese sentido, indicó que, por el momento, permitiría que se celebren discusiones preliminares a la posible reunión que mantendrán ambos países si Corea del Norte acepta la invitación surcoreana.

No obstante, la buena disposición del mandatario surcoreano, que ha priorizado la vía diplomática frente a la militar, se ha encontrado con fuertes trabas en el interior y en el exterior. De puertas para fuera, Washington –el gran aliado de Seúl– amenazó con iniciar una guerra nuclear con Pyongyang e insistió en que no daría por buenas las conversaciones entre ambas partes si Kim no promete la desnuclearización. De puertas para adentro, la prensa se mostró escéptica y tachó el gesto de Kim como «un movimiento altamente calculado para impulsar la división interna en Corea del Sur», según el diario «Joongang Ilbo». «Pyongyang puede haber decidido su ofensiva de paz para ganar tiempo hasta la finalización de su programa nuclear», rezaba el texto. Ambas posturas dan una idea de la política de máxima presión que abanderan Donald Trump y de una parte de la población surcoreana que tanto contrasta con la apuesta pacífica de Moon.

No obstante, ahora queda operativa una línea que el reino Ermitaño clausuró como represalia después de que el Ejecutivo surcoreano cerrara el parque industrial de Kaesong, un complejo sede de 124 compañías surcoreanas y que llegó a emplear a más de 50.000 trabajadores de Corea del Norte en 2015, con la consecuente inyección económica que suponían esos sueldos para el régimen más sancionado del mundo. Desde entonces, ambas naciones no han mantenido contacto alguno, ya que el conocido como «teléfono rojo» –una vía para resolver crisis militares– también quedó inactivo el año pasado. Según el Ministerio de Unificación de Corea del Sur, hay un total de 33 líneas directas que ambos países han usado alguna vez para comunicarse. Lo que está claro es que con el nuevo canal se mejorarán los lazos intercoreanos, pese a las provocaciones nucleares y de misiles de Pyongyang. Un primer paso ha sido el del comité organizador de los Juegos, que afirmó ayer estar listo para recibir a una delegación de atletas norcoreanos e incluso ha sugerido que podrían ir a buscarlos en un crucero que servirá de hotel durante el evento. Por su parte, China abogó ayer para que el Norte y el Sur aprovechen los Juegos Olímpicos como una oportunidad para facilitar su relación.

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