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Todos contra el racismo de Trump

El presidente de EE UU desata la ira de la comunidad internacional tras tachar a países como El Salvador o Haití de «agujeros de mierda» y decir que prefiere acoger a noruegos

  • Donald Trump, ayer, durante un acto en memoria de Martin Luther King, en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca
    Donald Trump, ayer, durante un acto en memoria de Martin Luther King, en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca / Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

13 de enero de 2018. 03:07h

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Julio Valdeón 13/1/2018

«¿Por qué aceptamos a gente de países de mierda?». Así de diplomático y rotundo se despachó el jueves Donald Trump ante un grupo de congresistas, tanto republicanos como demócratas, al referirse a países centroamericanos como El Salvador y Haití, así como a algunos africanos. Se habían reunido con el presidente para discutir la posibilidad de renovar el programa que permite seguir viviendo en Estados Unidos a los menores de edad que llegaron de forma ilegal junto a sus padres, en realidad estadounidenses en todo menos en los papeles, y que podrían perder la residencia si los dos grandes partidos no alcanzan un acuerdo antes del 5 de marzo.

Según informó «The New York Times», «cuando el señor Trump supo que los haitianos estarían entre aquellos que podrían beneficiarse del acuerdo, preguntó si podría excluírseles, ‘‘¿Para qué queremos aquí gente de Haití?’’». Sus palabras han provocado la inevitable tormenta a nivel mundial. Llegaron justo cuando los congresistas parecían haber alcanzado un acuerdo que extendía la protección a los «dreamers», al tiempo que aceptaría algunas de las condiciones impuestas por la Casa Blanca respecto al aumento del presupuesto para redoblar la vigilancia en la frontera con México. No está claro si el acuerdo incluía los 18.000 dólares en fondos que la Casa Blanca exige como contrapartida por extender la salvaguarda de los «dreamers». Sí ha trascendido que entre los puntos aprobados en el borrador figuraba el fin de la lotería migratoria para los ciudadanos de varios países de África, que les permitía optar a una tarjeta de residencia permanente, así como la prolongación del programa de Protección Temporal (TPS por sus siglas en inglés), que beneficia a los ciudadanos de de países afectados por un «conflicto armado, un desastre medioambiental u otro fenómeno extraordinario». De haberse aprobado habría supuesto un vuelco para la situación de más de 50.000 hatianos y 200.000 salvadoreños, a los que la Casa Blanca revoca sus correspondientes TPS y, por tanto, los expone a ser deportados. En este momento son diez los países incluidos en el TPS: Haití, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Somalia, Siria, Sudán, Sudán del Sur y Nepal.

En un comunicado oficial, la Casa Blanca explica que ciertos políticos de Washington prefieren defender a países extranjeros, pero el presidente Trump siempre lo hará por el pueblo estadounidense (...) Al igual que otras naciones, con una inmigración basada en el mérito, el presidente Trump lucha por soluciones permanentes que fortalezcan a nuestro país y den la bienvenida a quienes pueden contribuir a nuestra sociedad».

Trump asumió en Twitter la «dureza» de su lenguaje, pero negó la literalidad de las palabras citadas al tiempo que calificaba de «extravagante» la propuesta de los congresistas. En un segundo tuit explicó que «nunca dije nada despectivo sobre los haitianos, aparte de que Haití es, obviamente, un país muy pobre y problemático. Nunca pedí que los saquen. Es una invención de los demócratas. Tengo una relación maravillosa con haitianos. Probablemente debería grabar las futuras reuniones. Sin embargo, numerosos congresistas presentes en la reunión, tanto demócratas como republicanos, insistieron en que lo dijo. «Dijo esas cosas llenas de odio y las dijo repetidamente», afirmó el demócrata Dick Durbin

La reacción a nivel mundial fue extraordinaria. Empezando por la oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, que tachó de «racista» y de incitar a la xenofobia a Trump, crítica a la que se sumaron los países afectados y organizaciones de derechos humanos, así como la Unión Africana, que le han exigido una rectificación convincente y respeto a sus conciudadanos.

Para completar su lista de desplantes, Trump también canceló su proyectado viaje a Londres, programado para inaugurar la nueva sede de la Embajada de EE UU. Justificó su decisión porque Obama habría vendido la anterior sede por un «puñado de cacahuetes».

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