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Trump acusa a Obama de pinchar su teléfono durante la campaña electoral

Tacha a su antecesor de «malo» o «enfermo» por haber grabado sus conversaciones desde las oficinas en la torre de Nueva York que lleva su nombre

  • El presidente de Estados Unidos Donald Trump
    El presidente de Estados Unidos Donald Trump

Tiempo de lectura 4 min.

05 de marzo de 2017. 00:28h

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«Qué bajo ha caído el presidente Obama al pinchar mis teléfonos durante el proceso sagrado de las elecciones. Esto es Nixon/Watergate. Un tipo malo (o enfermo)», escribe Donald Trump en Twitter. El presidente republicano cargó ayer a primera hora de la mañana contra el ex presidente Barack Obama al acusarle de orquestar una conspiración «Nixon-Watergate», sin citar evidencia alguna. El magnate escribió cinco mensajes consecutivos lanzados directamente contra su predecesor. «¡Esto es terrible! Acabo de enterarme de que Obama hizo que me pincharan el teléfono justo antes de la victoria. Y no encontró nada. ¡Esto es McCarthismo!». Con esto último, hacía referencia a la persecución iniciada por el senador estadounidense durante los años 50 contra presuntos agentes o simpatizantes del comunismo.

Desde la Casa Blanca, evitaron cualquier comentario sobre los tuits de Trump, que rompen con la tradicional cortesía entre presidentes. Obama tampoco respondió directamente a Trump. «Ni el presidente Obama ni nadie en la Casa Blanca han ordenado nunca la vigilancia de ningún ciudadano estadounidense. Cualquier otra sugerencia al respecto es simplemente falsa», aseguró Kevin Lewis, portavoz de Obama, en un escueto comunicado.

Estos mensajes, son, en definitiva, un contraataque al escándalo de las conexiones rusas de la Administración que, tras la dimisión del consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, han puesto en el punto de mira al fiscal general del Estado, Jeff Sessions. Ante la investigación sobre las interferencias rusas en las elecciones presidenciales en el Congreso, ha puesto en entredicho la independencia del departamento de Justicia. Los demócratas, por su parte, han pedido la dimisión de Sessions por haber mentido con respecto a sus contactos con los rusos. Sessions, que se había reunido en dos ocasiones con el embajador de Putin en Washington, indicó que no había tenido contacto con los rusos. El propio Donald Trump afirmó: «Creo que ha sido sincero. Pero se podía haber explicado mejor».

A todas estas cuestiones, se añadió ayer la polémica de que no sólo el yerno de Trump había participado en la reunión entre el embajador ruso en Estados Unidos Sergey Kislyak y el entonces consejero Michael Flynn en la Torre Trump en Nueva York, sino que había sido él quien la había preparado durante meses. Ya ha ocurrido en otras ocasiones con otros líderes de la comunidad internacional, cuyos equipos ya no utilizan los canales habituales para llegar al presidente. Ahora los contactos con la Administración Trump se hacen a través de Wall Street y Jared Kushner. Así ocurrió con la visita, que más tarde canceló el presidente Enrique Peña Nieto a Washington, que en un principio preparó el ministro de Exteriores mexicano Luis Videgaray con Kushner.

La falta de experiencia del yerno y el resto del equipo de Trump, explica en parte todas las crisis que estrechan el cerco a la Casa Blanca en los últimos días. Ésta preocupación, se ha trasladado al Congreso, donde los propios republicanos empiezan a tener dudas sobre la efectividad del equipo del presidente.

Ayer se dio a conocer una de las grandes preocupaciones del presidente Obama y los legisladores del Congreso: Corea del Norte. Hace tres años, con el objetivo de sabotear sus lanzamientos nucleares, el entonces presidente ordenó un cambio de estrategia, según publicó ayer el periódico «The New York Times». EE UU carece de la capacidad para contrarrestar los programas nucleares de Corea del Norte, por lo que se lanzó una ciberguerra para contener la creciente amenaza. Esto ha sido lo que más ha preocupado a Obama, y así se lo trasladó a Trump cuando llegó a la Casa Blanca.

No obstante, Obama no fue el único objetivo de los tuits de Trump. Ayer también retomó una de sus peleas favoritas con el ex gobernador de California Arnold Schwarzenegger. «No se va de forma voluntaria de ‘‘The Apprentice’’. Se le ha despedido por sus (patéticos) índices de audiencia, no por mí. Es un final triste de un gran programa», comentó sobre la renuncia del actor de su «reality».

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