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Trump y May se abrazan

Revitalizan la «relación especial» entre ambos países sobre la que el presidente de EE UU subraya que «es más fuerte que nunca». La «premier» juega la carta comercial tras anunciar la salida del mercado europeo

  • Conjuntados. Donald Trump y la primera ministra británica en la rueda de prensa en la Casa Blanca. Theresa May vistió traje rojo, el color habitual de las corbatas del presidente de EE UU
    Conjuntados. Donald Trump y la primera ministra británica en la rueda de prensa en la Casa Blanca. Theresa May vistió traje rojo, el color habitual de las corbatas del presidente de EE UU / Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

28 de enero de 2017. 03:36h

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Marta Torres Nueva York. 27/1/2017

Era la primera visita de un mandatario extranjero al recién investido presidente de Estados Unidos, así que en la Casa Blanca desplegaron toda la artillería protocolaria para que su anfitriona, la primera ministra británica Theresa May, se sintiera «como en casa». Es más, Trump quiso que la «premier» se fijara en el busto del primer ministro, Winston Churchill, que ahora preside su despacho después de que decidiera empaquetar el de Martin Luther King, que había colocado su antecesor, Barack Obama, en el Despacho Oval.

Era una visita clave para ambos y de ahí que las sonrisas y alabanzas corrieran en exceso durante la rueda de prensa que ofrecieron juntos desde la Casa Blanca. May necesita el apoyo de EE UU tras el Brexit, un socio comercial y aliado estratégico con el que pretende negociar un acuerdo bilateral que le permita mantener en pie a la economía británica tras su desconexión con Europa. Por su parte, Trump busca un aliado ante el rechazo generalizado que provoca en los cinco continentes. El presidente de EE UU dejó claro que «nuestras relaciones no han sido nunca más fuertes. La relación entre nuestros dos países ha sido una de las fuerzas más grandes en la historia para la justicia y la paz. Y, por cierto, mi madre nació en Escocia», recordó el líder. Por su parte, May, que a diferencia de Trump sí tomaba notas ante las preguntas de los periodistas para responder con precisión, indicó orgullosa que el presidente ha aceptado la invitación de una visita de Estado de la Reina Isabel II, que se producirá a finales de este año.

El mensaje de sintonía fue claro. Trump estableció paralelismos entre la decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea y su éxito en las elecciones. A su juicio, el Brexit permitirá a Reino Unido tomar sus propias decisiones sin depender del resto de los países de la UE. «Creo que va a ser genial. Podréis tomar vuestras propias decisiones sin depender de nadie. Conseguir un permiso del grupo (en referencia a la UE) es muy duro», aseveró en su ya conocida línea antitratados multilaterales. Al mismo tiempo, Trump quiso minimizar la importancia de su conversación telefónica con el presidente ruso, Vladimir Putin, la cual preocupa sobremanera en la UE. «He oído que tengo programada una llamada», indicó Trump en relación con la conversación prevista para hoy. Bien es sabido que el mandatario no comparte las sanciones impuestas a Moscú y que incluso ha asegurado que las revisará. May fue clara al respecto: «Las sanciones económicas a Rusia deben continuar. Seguiremos manteniendo esa posición dentro de la UE. Eso sí, recalcó que dada «la relación especial» con EE UU ambos países tienen margen «para estar en desacuerdo». Antes de abandonar la Casa Blanca, Barack Obama impuso sanciones adicionales después de que las agencias de Inteligencia concluyesen que el Kremlin se había infiltrado en el sistema informático del Partido Demócrata durante las elecciones. Estas aseveraciones crearon grandes tensiones entre los líderes del Partido Demócrata y el presidente electo, que no dudó en cargar contra los espías estadounidenses.

Durante la rueda de prensa, May felicitó a Trump por su «impresionante» victoria al tiempo que aprovechó para aclarar ante los medios que el presidente de EE UU apoya a la OTAN «al 100 %» pese a las numerosas críticas que ha emitido sobre la alianza transatlántica. «Señor presidente, creo que usted me ha dicho que respalda a la OTAN al 100 %», dijo May ante lo que Trump articuló con los labios, sin emitir sonido, la palabra «cierto». La primera ministra británica quiso así lanzar un mensaje de tranquilidad después de que el presidente electo considerase en una entrevista en «The Times» y «Bild» que la Alianza está «obsoleta». Eso sí recogió la inquietud estadounidense sobre la necesidad de que todos los socios cumplan con sus compromisos presupuestarios para que no recaiga la carga exclusivamente en Estados Unidos. «Estamos unidos en nuestro reconocimiento de la OTAN como el bastión de nuestra defensa colectiva, y hoy hemos reafirmado nuestro compromiso inquebrantable con esta alianza», subrayó la primera ministra británica ante los periodistas. No obstante, May apuntó que también había conversado con Trump sobre «la importancia de que la OTAN siga asegurándose de que está igualmente equipada para combatir el terrorismo y las amenazas cibernéticas como para combatir formas más convencionales de guerra».

En Europa éste era uno de los principales temas de preocupación si Trump llegaba a la Casa Blanca. De momento, la conexión Washington-Bruselas ha sido bastante limitada, aunque el presidente tiene prevista una conversación telefónica con la canciller alemana Angela Merkel. De momento, los canales de comunicación han dejado de ser a través del departamento de Estado y se producen directamente con el yerno de Trump, Jared Kushner. Una circunstancia que resulta extraña desde la perspectiva europea.

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