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Trump pide a Xi más presión contra Kim

EE UU rebaja el tono respecto al déficit comercial que arrastra con China y firman nuevos tratados en Pekín, aunque siguen enfrentados en cómo abordar la cuestión norcoreana.

  • El presidente de los EEUU, Donald Trump, y su mujer, Melania, asisten a una cena de gala ofrecida por su homólogo chino, Xi Jinping /Efe
    El presidente de los EEUU, Donald Trump, y su mujer, Melania, asisten a una cena de gala ofrecida por su homólogo chino, Xi Jinping /Efe
Victoria Pascual.  Hong Kong.

Tiempo de lectura 2 min.

10 de noviembre de 2017. 02:18h

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Victoria Pascual.  Hong Kong. 9/11/2017

La alfombra roja continúa desplegada en China para que se pasee por ella el presidente de EE UU, Donald Trump. Desde que el mandatario llegara el miércoles a Pekín, el presidente del gigante asiático, Xi Jinping, no ha dejado de agasajar a su homólogo americano. Las visitas culturales y ceremonias del té organizadas por Xi han servido de perfecto marco para estrechar la relación entre las dos economías más grandes del planeta, que ayer destacaron la cooperación entre ambos como el único camino correcto para lograr un futuro próspero. Tras firmar numerosos acuerdos, la nota discordante llegó con Corea del Norte.

Las dos partes acordaron que se debían tomar medidas urgentes para evitar las cada vez más frecuentes amenazas de Pyongyang y coincidieron en el compromiso con la desnuclearización del país comunista y la implementación de las sanciones. Sin embargo, Trump, que en su parada previa a Pekín ya había hecho un llamamiento a China para que colaborara más en este asunto, agradeció sus esfuerzos, pero le insistió en que debía «parar el armamento, la financiación y el comercio» con Corea del Norte. El gigante asiático, principal valedor económico y suministrador de combustible del régimen de Kim Jong Un, «puede solucionar este problema fácil y rápidamente», afirmó Trump en clara alusión a que si Pekín dejara de exportar a Pyongyang el aislamiento del reino ermitaño sería mucho mayor, una opinión que sostienen numerosos expertos. El intento de Trump por presionar a Xi no tuvo el efecto deseado y, frente a los periodistas, el líder chino se limitó a reafirmar su determinación por la desnuclearización de su vecino.

«China está dispuesta a trabajar junto a EE UU para respetarse mutuamente, buscar el beneficio mutuo y la reciprocidad, concentrarse en la cooperación y administrar y controlar las diferencias», había declarado previamente Xi. Allí, con un tono muy distinto al que usó en su campaña para arremeter contra China, Trump se deshizo en elogios hacia Xi y resaltó la importancia de su relación bilateral para resolver problemas mundiales que van más allá de las fronteras de ambas naciones. Incluso le restó importancia al déficit comercial –de 347.000 millones de dólares en 2016– que arrastra EE UU derivado de la relación comercial entre ambos países y lo criticó con menos contundencia con la que lo había hecho en la visita a dos de sus aliados, Seúl y Tokio, en las jornadas previas. «No culpo a China. Después de todo, ¿quién puede reprocharle a un país que se aproveche de otro para el bien de sus ciudadanos?», indicó Trump tras firmar acuerdos comerciales por un valor de 253.400 millones de dólares. La jugosa cifra nada tiene que ver con la guerra comercial con la que Trump amenazaba un año y ha hecho que la visita del magnate se haya convertido en una de las más fructíferas para las empresas chinas y estadounidenses en cuanto al valor de los acuerdos alcanzados.

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