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Trump y su acento venezolano

Alejandro G. Motta. 

Tiempo de lectura 2 min.

27 de septiembre de 2017. 02:54h

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El discurso del presidente de Estados Unidos en la 72ª Asamblea General de la ONU resulta esclarecedor para detectar las prioridades en la estrategia geopolítica de la primera potencia del mundo. Luego de ser enfático e incisivo en contra del régimen de Pyongyang, de hablar de Irán y su carrera nuclear. Luego de reiterar el libreto sobre la lucha contra el terrorismo, le tocó el turno a Maduro. El punto de transición en sus palabras fue Cuba y su fracasado modelo basado en la utopía marxista. A partir de ahí y durante unos minutos, el arsenal discursivo apuntó al desastre venezolano.

«Hemos impuesto sanciones al Gobierno socialista de Maduro, que ha llevado a su nación prácticamente al colapso», puntualizó Trump. El primer gran eje es el ideológico: capitalismo vs socialismo. Las palabras se enmarcaron, sobre todo, para iluminar las bondades y virtudes de su propio modelo. Tomando en cuenta que se trata de la Asamblea de la ONU, el discurso es un llamado de atención, un marcaje de línea, un encuadre que presenta y recuerda lo que EE UU pregona y seduce al mundo con respecto a sus principios ideológicos.

«Nuestro lazo económico es una base crítica para avanzar en la prosperidad para todos nuestros pueblos y nuestros vecinos», sentenció Trump. De esta manera se desvela el segundo y más importante eje: el económico. La política se oxigena y respira gracias al consenso, sin embargo, su corazón tiene rostro monetario. La preocupación, el desgaste y la insistencia del hemisferio por Venezuela no es simplemente un desvelo ante el drama social que padecen sus habitantes, sobre todo, y sin referirnos a modelos de explotación, se trata de un potencial desperdiciado que Venezuela ofrece para la economía de América y Europa.

«Quisiera agradecer a los líderes de esta sala que han condenado al régimen y han provisto de apoyo vital al pueblo de Venezuela», agregó el magnate. ¿Agradecer? El reconocimiento pareciera traducirse concesiones y «aprobaciones» de presidentes latinoamericanos sobre propuestas concretas –con la necesidad de ser acompañadas y legitimadas por otros actores regionales– por parte de la Administración Trump para asfixiar y provocar alguna salida del régimen de Caracas.

Trump opera el tema venezolano con delicada cirugía diplomática. Los pasos son evidentes y la preocupación desde Caracas se hace notar. Saben que el imperio ya no existe y que las fábulas invasoras son retóricas efectivas solamente para los convencidos. A Maduro y a su cúpula les toca más difícil que en la Guerra Fría de la Cuba castrista: un presidente norteamericano dispuesto a luchar sin armas y buscando alianzas con un continente entero. Un presidente controversial, pero decidido a construir una agenda diplomática en favor de la libertad y la democracia en Venezuela.

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