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Prohíben salir de Turquía a profesores y administrativos de universidades

El Consejo Superior de Educación de Turquía ha pedido hoy la dimisión a 1.577 decanos universitarios

La carta del Consejo Superior de Educación de Turquía exige que todos los trabajadores de las universidades que estén de vacaciones regresen a sus puestos de trabajo.

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En una de las semanas más trágicas para la democracia turca, la purga gubernamental contra los sectores seculares continúa. Después de que unos 45.000 funcionarios públicos y trabajadores del sector privado hayan sido cesados y arrestados –acusados de traición–, la caza de brujas se extiende ahora al sector educativo. El Organismo Superior de Educación solicitó en la tarde de ayer la renuncia de 1.577 decanos, de los cuales 1.176 pertenecen a universidades públicas y 401 a instituciones privadas. Además, 15.200 maestros han sido suspendidos de sus cargos y a 21.000 se les ha retirado la licencia educativa.

El Consejo Superior de Educación de Turquía ha dado hoy un paso más y ha emitido una orden que prohíbe abandonar el país a todo el personal, tanto profesores como administrativos, de las universidades turcas, informa hoy la cadena pública TRT. La medida va más allá del veto genérico de viajes al extranjero impuesta ya el lunes a todos los funcionarios, como medida de cautela impuesta tras el fallido golpe, y afecta a todos los empleados de las universidades, tanto públicas como privadas. Fuentes universitarias confirmaron a Efe que la prohibición impide incluso a los propios rectores de las universidades abandonar el país. Además, la carta del Consejo, más conocido por sus siglas YÖK, exige que todos los trabajadores de las universidades que estén de vacaciones regresen a sus puestos de trabajo. Incluso los profesores universitarios turcos que trabajan en universidades extranjeras por acuerdos internacionales deben regresar a Turquía lo antes posible, insiste la carta del YÖK, citada por TRT.

También los periodistas

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Un gran número de periodistas han sido también afectados por «la gran limpieza», como la denomina el presidente, Recep Tayyip Erdogan. En total, a 34 periodistas les fue retirada ayer su licencia y diferentes agencias turcas vieron cancelados sus derechos de transmisión y licencias. Tal y como votó por unanimidad el Consejo Superior de Radio y Televisión, se han revocado los permisos para «cualquier toma de radio o televisión conectada con el grupo vinculado con el clérigo Fetullah Gülen».

El Ejecutivo mantiene su dedo acusador sobre los seguidores del teólogo, que se encuentra exiliado en Estados Unidos desde 1999. El que fuera antaño aliado de Erdogan es hoy el enemigo número uno del Estado turco y sobre el que recae la acusación de orquestar una conspiración contra el presidente. Las peticiones de extradición por parte del Gobierno no cesan. Según declaró ayer el viceprimer ministro, Numan Kurtulmus, «la ideología de la cofradía no se difiere en lo más mínimo a la del Estado Islámico».

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El presidente de EE UU, Barack Obama, habló ayer con Erdogan para ofrecerle ayuda en la investigación sobre la asonada y pedirle calma. Además, evaluaron la petición de extradición de Gülen, que será examinada bajo el acuerdo entre ambos países. Dentro de Turquía, pocas son las voces que se atreven a alzarse en contra del presidente turco. Sin embargo, a la consecución del fallido golpe de Estado se suma una nueva trama política que desvela que Erdogan conocía los detalles acerca de la asonada. Según confirmó la Organización Nacional de Inteligencia turca (MIT), hubo generales que sabían, horas antes de producirse los hechos, los planes de un sector minoritario del Ejército para la noche del viernes. Aun así, y estando al mando, el jefe del Estado Mayor, Hulusi Akar, secuestrado durante los bombardeos y posteriormente liberado, no hicieron nada para frenarlo.

Aunque el fallido golpe estaba programado para las tres de la madrugada del sábado, finalmente los F-16 comenzaron a surcar el cielo de Turquía a las nueve de la noche del viernes. Erdogan, que se encontraba de vacaciones en un hotel en la región de Marmaris, consiguió escapar a los cazas de los pilotos sublevados, que lo tuvieron a tiro y no dispararon contra el avión civil en el que se encontraba el presidente.

Tras producirse la derrota de los militares, la imagen de Erdogan ha salido reforzada. A día de hoy, los conservadores todavía mantienen el control de las calles en la capital, donde continúan coreando consignas islamistas: «Estamos aquí para defender la democracia de Alá», reivindican.

Autobuses de la municipalidad facilitan el acceso a las zonas de las protestas a los pasajeros gratuitamente. La normalidad no ha regresado aún a Ankara, donde islamistas continúan pidiendo el retorno de la pena de muerte, petición secundada por el presidente, que declaró ayer al canal CNN: «Las personas tienen la opinión de que estos terroristas –en referencia a los golpistas– deben ser sacrificados. ¿Por qué debo darles de comer en las prisiones durante años?».