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Ultimátum de las empresas al número 10

Los ejecutivos de las grandes firmas urgen a la «premier» a que defina antes de Navidad cómo será la relación del país con la UE. Muchas compañías planean mudarse a París, Fráncfort o Dublín

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Tiempo de lectura 4 min.

10 de octubre de 2017. 02:21h

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Celia Maza Londres. 10/10/2017

La primera ministra, Theresa May, se reunió ayer con líderes empresariales para hablar sobre sus planes sobre el Brexit ante la creciente preocupación que existe en la City por los pocos avances que se han conseguido en las negociaciones con Bruselas desde que el pasado mes de marzo se activara oficialmente el artículo 50 del Tratado de Lisboa para solicitar el divorcio del bloque.

Tras su intervención en la Cámara de los Comunes, donde una vez más demostró no tener respuestas específicas ante las preguntas que planteaban los parlamentarios sobre el periodo de transición de dos años que Londres ha propuesto a Bruselas, May se reunió en Downing Street con el llamado Consejo Asesor Empresarial (BAC, por sus siglas en inglés), formado, entre otros, por ejecutivos de HSBC, Morgan Stanley y Vodafone. El Gobierno pretende así atender a las preocupaciones del sector y hacerle de alguna manera partícipe de las negociaciones del divorcio.

Pero parece que a la City se le está acabando la paciencia. Muchas compañías están planeando cambiar su sede a Irlanda, Fráncfort o París si no se producen en los próximos meses avances significativos. En este sentido, los empresarios le habrían hecho ayer a la «premier» un ultimátum para que no atrase más allá de Navidades los detalles sobre la relación a la que se quiere llegar con la UE. Un directivo de FTSE 100 confesó a la web especializada Citya.m que la situación actual que atraviesa el Ejecutivo es un «completo desastre». «Esto va mucho peor de lo que cualquiera de nosotros pensaba», dijo.

Los empresarios están especialmente preocupados ante la guerra civil que se vive en el Gobierno que, en última instancia, podría provocar una batalla por el liderazgo «tory» o incluso unas nuevas elecciones generales en las que, según las encuestas, el laborista Jeremy Corbym –que se erige como abanderado del «socialismo del siglo XXI»– podría acabar convertido en primer ministro.

Asimismo, muestran su intranquilidad ante la posibilidad de que las negociaciones terminen sin ningún acuerdo, como ayer dejó entrever la propia May en su discurso en Westminster, donde una vez más repitió que su Gobierno debía estar preparado para cualquier «eventualidad».

En cualquier caso, en el libro blanco presentado ayer por el Ejecutivo sobre el futuro acuerdo comercial, se especifica que «independientemente del resultado de las negociaciones, Reino Unido necesitaría nuevas leyes aduaneras para marzo de 2019», fecha en la que está prevista que el país abandone oficialmente el bloque. Hasta ahora, los directivos de la City siempre se habían sentido arropados por el ministro del Tesoro, el europeísta Philip Hammond. Sin embargo, los «tories» más euroescépticos piden estos días su cabeza, ya que le acusan de estar dispuesto a pagar el precio que sea por mantener el acceso al mercado único.

Pese a la retórica anti-City que May mantuvo en su primer año en el cargo, la mandataria ha intensificado los contactos con las empresas en los últimos meses.

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