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Una ambiciosa reforma fiscal de Trump para salvar su presidencia

Los republicanos presentan la primera revisión impositiva de EE UU en 30 años. Proponen un recorte de tasas a la clase media, que elevaría 1,5 billones de dólares el déficit

  • Donald Trump, comparece en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington. EFE/ Martin H. Simon POOL
    Donald Trump, comparece en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington. EFE/ Martin H. Simon POOL
Marta Torres.  Nueva York.

Tiempo de lectura 4 min.

03 de noviembre de 2017. 04:23h

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Marta Torres.  Nueva York. 2/11/2017

El Partido Republicano presentó ayer su ambiciosa reforma fiscal, una medida que será clave de cara a las elecciones de mitad de mandato del año que viene y con la que buscaría atraer a votantes conservadores descontentos que se han alejado del partido tras la llegada de Donald Trump al poder. El presidente se reunió a primera hora de la mañana en la Casa Blanca con Paul Ryan, el portavoz de la Cámara de Representantes, sólo minutos después de que éste hubiera presentado de forma oficial su gran reforma de impuestos. Era el modo de enviar el mensaje de unidad a los estadounidenses, a pesar de las consabidas diferencias de estos dos políticos republicanos. O más bien, de las constantes diferencias del magnate con el «establishment» del partido.

«Vamos a llevar a cabo los mayores recortes de impuestos en el mundo. Vamos a ser muy competitivos. Son recortes de impuestos. Son recortes de los tributos. Es la reforma de impuestos. Lo vamos a hacer todo por las familias. Esto implicará la creación de trabajos. Los salarios van a empezar a subir», explicó entusiasta Trump, el cual ha insisitido en ligar esta ambiciosa reforma con la creación de empleo en Estados Unidos. Incluso, ya tiene plazo para que se convierta en ley: quiere que los legisladores de la Cámara Baja la aprueben antes de la tradicional fiesta de Acción de Gracias en Estados Unidos, que se celebra el cuarto jueves de noviembre.

Con esta reforma, los republicanos de la Cámara de Representantes, que buscan la mayor transformación del sistema del código fiscal en más de 30 años, apuntan a reducir de forma permanente los impuestos a las empresas del 35% al 20%, cambiar los siete tramos impositivos de la renta individual a cuatro y derogar los impuestos sobre grandes propiedades a partir de 2024. Es decir, el plan contempla pasar de los siete actuales a cuatro: del 12%, del 25%, del 35% y del 39,6%. Se ha decidido mantener esa tasa vigente del 39,6% que pagan las rentas más altas en EE UU tras las críticas a la propuesta inicial, que la suprimía y dio pie a los demócratas para denunciar que los republicanos y Trump buscaban bajar los impuestos a los más ricos.

Por otro lado, el proyecto de los republicanos de la Cámara Baja aumenta el valor de las deducciones fiscales por hijo (de 1.000 a 1.600 dólares), como venía reclamando Ivanka Trump, hija y asesora del mandatario, y una de las mayores defensoras de la necesidad de un incremento. Aunque lo habían considerado, los republicanos han decidido finalmente no incluir en su plan límites al dinero que los contribuyentes pueden destinar sin pagar impuestos a su plan de retiro, conocido como 401 (k). Eso sí, la propuesta incluye la controvertida supresión de deducciones de impuestos locales y estatales, y reduce a la mitad (del millón actual a 500.000 dólares) el tope de una popular deducción de intereses hipotecarios a la que se acogen millones de propietarios de viviendas.

De ser aprobada, esta ambiciosa reforma supondría una gran victoria política para el presidente Trump y los políticos republicanos, debido a que se escribió entre las grandes promesas de su campaña. Sin embargo, esta gran reforma provocará que se aumente el gran déficit de 1,5 billones de dólares en Estados Unidos en la próxima década. Una medida que va en contra de los principios del partido conservador, pero que representa la única salida para los legisladores del Congreso, más pendientes de las elecciones de noviembre de 2018. No pueden utilizar los fondos del Obamacare, que tenían previsto, para compensar los recortes, al haber sido imposible derogar la reforma sanitaria del anterior presidente demócrata.

La presentación de esta reforma no significa que las batallas en el Congreso hayan terminado. Si el déficit sobrepasa este tope de 1,5 billones de dólares citado, los republicanos se verán obligados a presentar una enmienda, algo que pondrá de manifiesto los diferentes sectores políticos que conforman el Partido Republicano dentro de la Cámara de Representantes.

Aumenta la presión

Los demócratas criticaron frontalmente la propuesta republicana y prometieron combatirla durante el proceso de debate en ambas cámaras del Congreso estadounidense. «Lo que estamos viendo es un plan que exacerba la injusticia y la desigualdad en nuestro código fiscal», indicó Chuck Schumer, el líder de la minoría demócrata en el Senado. Asimismo, se expresó el ex aspirante a la candidatura presidencial demócrata de 2016 Bernie Sanders en un comunicado, en el que tildó el plan de «desastre», ya que de aprobarse «creará un gran agujero en el déficit que forzará enormes recortes en Seguridad Social y los programas de cobertura sanitaria Medicare y Medicaid».

Pese a que Trump esperaba que ayer todo el mundo hablase de su reforma fiscal, de nuevo el «RusiaGate» volvió a colarse en la agenda política del día. Sam Clovis, ex asesor de campaña del presidente y nominado por él para un alto cargo en el Departamento de Agricultura, se vio obligado a renunciar a ser considerado para el puesto tras conocerse sus conexiones con uno de los imputados en el caso de la supuesta injerencia electoral rusa.

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