Antonio Banderas: «No hay planes de boda con Nicole»

Anfitrión anoche de su gala benéfica en Marbella, se encuentra enamorado y muy sano; tanto, que asegura que sólo tiene «maripositas en el corazón»

  • El actor junto a su novia, Nicole, a su llegada anoche a la Gala Starlite
    El actor junto a su novia, Nicole, a su llegada anoche a la Gala Starlite

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14 de agosto de 2017. 13:04h

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Antonio Banderas se le ve cansado por el tute de vida que lleva. No por la salud, porque parece que, tras el susto que le dio su corazón, ahora, con ejercicio y sin fumar, ese músculo vital lo tiene controlado «mecánica y eléctricamente», como él mismo explica a LA RAZÓN durante una entrevista que tiene lugar en un chiringuito de playa a 50 metros de La Gaviota, su casa marbellí. Se presenta con ropa diseñada por él, que ya la vende en 480 aeropuertos de todo el mundo. Su corazón físico está controlado con los tres «stent» que le pusieron y el intangible lo sigue ocupando Nicole: «Me siento casado y por eso no hay planes de boda. Estoy muy enamorado, pero no me caso. Mi hija y mi mujer se llevan muy bien. Stella del Carmen ha venido a nuestra casa de Londres y se conocen». Horas después ejercía de anfitrión en la cantera de Nagüeles. Allí se celebró su tradicional Starlite Gala, en la que firmó con su novia un Ford Mustang, que se subastó en forma de experiencia para pasar un fin de semana en cualquier lugar de España y que al actor le ha generado 40.000 euros para su gala benéfica.

–¿Cuantos millones lleva recaudados para su fundación Lágrimas y Favores, que es objetivo de la Gala Starlite?

–Unos dos en los ocho años que llevamos celebrándola. Mi gala es sagrada porque tengo que atender las necesidades de mi fundación.

–¿Algo que le haya llegado al alma?

–Los chavales que me han parado por Londres y me han dicho que han estudiado con mis becas. Me llegó al alma.

–Ahora Podemos en Marbella les pone trabas. ¿Qué argumentan?

–A la gala benéfica no le han tocado las narices, solo al festival, del que no formo parte pero sí tengo opinión, porque he visto a Sandra García Sanjuan y a su marido, Ignacio, agarrados a las piedras de la cantera de Nagüeles para sacar adelante este concepto de festival. Desgraciadamente en Marbella no hay industria. Es una tierra que vive del turismo y el Starlite da trabajo e ingresos.

–¿Entonces por qué lo ataca?

–No lo sé, pero resulta extraño. Si hay algún problema legal, uno se sienta y lo plantea para tratar de solucionarlo, como los accesos, pero si solo se ponen palos en las ruedas te planteas si hacer caso de las propuestas que les llegan de otros lugares para trasladar el Festival allí.

–¿Le gusta hablar de política?

–No me habléis de estas cosas porque estoy malito del corazón (risas). La verdad es que cada vez me gusta menos para no alimentar la endogamia de los políticos, que prefieren pensar que sin ellos no podemos vivir y sí se puede. Hay un libro de Saramago, «Ensayo sobre la lucidez», en el que ellos deciden irse de la ciudad para que los habitantes comprueben que no podrán vivir sin ellos y, sin embargo, viven de puta madre.

–Además de una casa y una gala, ¿qué le une a Marbella?

–Muchas cosas. Mi hija es marbellí, nació aquí y mi padre murió aquí. Le tengo un cariño extraordinario a esta tierra. He pasado probablemente los mejores veranos de mi vida en ella y no quiero que mis amigos Sandra e Ignacio se lleven Starlite de aquí.

–¿Cómo está?

–Muy bien, pero cuando me hacéis determinadas preguntas me ponéis malo (irónico).

–¿Le operan de nuevo, como dijo su hermano a este diario hace unos días en Mallorca?

–El tema del corazón es una mecánica que se arregló con los
«stent» y otra eléctrica que arrastro desde hace 13 años, lo que yo llamo «maripositas en el corazón», que lo tiene mucha gente. Quería arreglármelo y me hicieron una intervención con un catéter, que podían hacérmelo en una o en dos operaciones y, de momento, solo me han hecho una. Yo me encuentro muy bien y los cardiólogos me dicen que no es necesaria una segunda intervención. Si en el futuro lo necesito, lo haré porque no llega a ser una operación, son un par de horas y te mandan para casa. Es como ir al dentista, pero mi hermano estaba nervioso ganando la Copa del Rey de Vela y te dijo lo que te dijo. Las cosas se leen mal porque me llegó un telegrama preguntándome como si estuviera muriéndome en Londres.

–¿Qué pasa con su proyecto cultural en Málaga?

–Yo cuando me voy, me voy, pero lo voy a hacer. Lo haré de forma privada. No me marcho de Málaga, solo necesito que me den los permisos de las obras que tengo que hacer. Eso es lo único en lo que va a tener que ver la Administración. No quiero ni un duro público porque viene envenenado. No quiero que me pongan un piso y que me den palmadas en la espalda, simplemente que me dejen trabajar y demostrar si el proyecto vale la pena. Como creo en ello, lo haré, pero más reducido y dedicado solo al teatro y desde el ámbito privado porque no quiero trabajar con el fuego cruzado.

–¿Cuál es su momento más feliz?

–Cuando estoy con mi chica en Londres y tengo la posibilidad de quedarme solo y puedo escribir y estudiar. Esos son mis momentos más felices.

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