Juan Antonio Corbalán: «Ni en la vida ni en el deporte ganan siempre los mejores»

Es una de las figuras del baloncesto español que más contribuyó a la gloria de este deporte

  • Juan Antonio Corbalán
    Juan Antonio Corbalán

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10 de septiembre de 2017. 01:07h

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Juan Antonio Corbalán es un mito. Así de claro. El mejor base europeo de la década de los 80. Una de las figuras del baloncesto español que más contribuyó a la gloria de ese deporte y que nos llevó a los seguidores hasta el infinito y más allá. De eso hace años y, aunque por entonces ya contábamos con enormes figuras deportivas, la de Corbalán, como algunas otras, contribuyó a que nos sintiéramos más seguros, más grandes, mejores. Tanto éxito en tan pocos debe dar vértigo. Supongo. Y producir una cierta nostalgia pasado el tiempo. «Yo no entiendo de nostalgia –me cuenta Corbalán–, pero hace tanto de todo aquello que el baloncesto en sí mismo ha dejado de ser un elemento nostálgico para mí. Echo de menos el deporte en general, porque he tenido una relación muy intensa con él y con el paso del tiempo no te queda más remedio que ir abandonándolo».

«A los 50, mejor retirarte»

El deporte engancha. Agarra y no te suelta. Los que lo practican de manera profesional difícilmente lo dejan. Es decir, el deporte profesional les abandona por la edad, pero sus alrededores acaban siendo su vida. «En muchas ocasiones, sí. Y lo entiendo. Cuando estás en un mundo que representa un juego y se convierte en actividad profesional, que te permite vivir de él, siendo tan intrascendente como importante, se convierte en un marco profesional francamente agradable porque parece que te ofrece mucho y te pide poca responsabilidad». Yo añadiría que, además, te crea unos vínculos. Los de Corbalán con los miembros de su equipo no han desaparecido. «Tenemos una asociación desde el 89 o 90 y una relación bastante frecuente entre los antiguos integrantes del Madrid. Ya no jugamos, porque a partir de determinadas edades ofrece más riesgos que placer. Hasta los 50 puedes hacer las cosas con cierta dignidad, después es mejor retirarte a los cuarteles de invierno».

Teniendo en cuenta que ahora se vive más, me parece una retirada temprana; hay quien aconseja hacer deporte toda la vida. «Es que una cosa es el deporte y otra el profesional, que cuando lo ejerces 20-25 años supone un coste biológico, genético y mecánico con todas sus estructuras. Yo he tenido la suerte de no haber tenido grandes lesiones y haber podido practicar deportes de cierta intensidad hasta muy tarde. Y todavía lo sigo haciendo, pero el deporte profesional conlleva un riesgo añadido».

Siempre les quedará los congresos a los deportistas profesionales. Máxime cuando son médicos como Corbalán. Y desde ellos se suele resaltar la importancia del deporte o del ejercicio físico, que no sé si es exactamente lo mismo. «Bueno. Un deportista entrena para ganar medallas, pero una persona de la calle, aunque no se de cuenta, tiene que llevar una vida sana y moverse lo suficiente y entrenar para poder vivir mejor». Eso sí, sin pasarse. El deporte, aunque no sea profesional, debe practicarse adecuado a la edad y en la justa medida. «Totalmente de acuerdo. Hay mucha obsesión con el deporte. Pero es que la obsesión es una de las características del comportamiento humano y más en estos tiempos en los que casi cualquier conducta supone una estrategia comercial, una moda, que hace que las obsesiones estén más vivas que nunca. Pero no solo en el deporte, también podríamos hablar de los cocineros. Hay quien si no corre una maratón su vida no tiene sentido y quien si no sabe hacer una pechuga de pollo con dieciocho salsas siente que no es nadie».

Lo que nunca será una moda, sino una necesidad, a la que Corbalán presta especial atención, es la rehidratación. Es fundamental hidratarse, lo sabemos, pero, ¿podría ser con una cervecita? «Vale rehidratarse con una cerveza. Todo el mundo se rehidrata con agua, pero la cerveza es una bebida que posee un 95-96 % de contenido de agua. Tiene una cierta cantidad de alcohol que, en condiciones normales, puede suponer un déficit en cuanto a la posibilidad de absorción de esa agua. Pero en el deporte se produce una deshidratación ya básica por el hecho de sudar tanto, y esa deshidratación hace que el organismo no se deshidrate más si toma un poquito de alcohol. Además, la gente no toma alcohol sino bebidas alcohólicas desde que el mundo es mundo. Y nosotros, en nuestro metabolismo, también producimos pequeñas cantidades de alcohol por la segmentación de los alimentos. O sea que, con la cerveza, como con todas las cosas, hay que hacer un uso adecuado y responsable. Si tienes una actividad deportiva o una reunión importante no debes tomar alcohol, pero si después te tomas una caña no pasa nada». Sobre todo si es en compañía, porque el deporte es salud, pero la vida social si no lo es, debería serlo. «La vida social es importantísima. Siempre digo en mis charlas que no hay nada importante en la vida que no se pueda compartir. La socialización es un punto fundamental de la salud por el equilibrio psíquico que produce».

Orgullo de pertenencia

El deporte, incluso el individual, actúa mucho en esa línea. Viva el deporte que, además, parece tener un efecto milagroso sobre los españoles: es lo único que nos une de verdad. «Supongo que tiene que ver con esa necesidad que tenemos de pertenencia. Habitualmente las se-
lecciones nacionales hacen su parte en ese papel. Pero me temo que, lamentablemente, ya no es igual en todos los sitios, ya hay un daño hecho terrible; aunque sí es cierto que mientras nuestros deportistas asuman ese orgullo de pertenencia a nuestra camiseta nacional, los aficionados se sentirán muy identificados con los colores a los que representan».

A lo mejor ayudaría que los políticos tuvieran un cierto «fair play». «Bueno, algunos lo tienen. Lo que les falta es saber diferenciar claramente lo que es su compromiso y que un político no funciona para su partido sino para su país». Igual es que hay quien no entiende que las reglas del juego están para aplicarse en todas partes, incluida Cataluña. «Las leyes están para cumplirse y es un acto de compromiso. Y los países, desde mi punto de vista, no se hacen o se deshacen porque, de repente, un grupo determinado de personas decida que quiere hacer un proceso de secesión».

Lo que está claro es que hay reglas en el deporte y en la vida porque ambos se parecen. «Mucho. Pero mientras que en el juego todo se repite, en la vida, desgraciadamente, no siempre hay tantas repeticiones ni segundas oportunidades. Eso sí, ni en la vida ni en el deporte ganan siempre los mejores».

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