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La amante comunista que casi aleja a Chirac del Elíseo

El libro «Jacques et Jacqueline» cuenta el apasionado romance entre el presidente francés y una joven periodista de izquierdas por la que estuvo a punto de poner en riesgo su carrera política.

D. Mendoza. 
Jacques Chirac, en una imagen de 1974, cuando era primer ministro
Jacques Chirac, en una imagen de 1974, cuando era primer ministro

Ella fue «el encanto hecho mujer», en palabras del político francés Jacques Toubon. A los 34 años, Jacqueline Chabridon era guapa, divertida, con un aire seductor pero nada extravagante. Hija de una modesta pareja comunista, trabajaba para «Le Figaro» en la sección de Espectáculos, hasta que sus jefes la eligieron para realizar un perfil del entonces primer ministro de Valéry Giscard d’Estaing, Jacques Chirac. Ciertamente, la joven entendía poco de política, pero los editores necesitaban a alguien que diera frescura a la figura del presidente.

w suficientes testimonios

Desde el momento en que se conocieron, Chabridon pasará formar parte de la historia política de Francia, ya que el apasionado romance que mantuvo con Chirac haría al futuro presidente pensar en dejar su carrera por la joven periodista. Pauline de Saint-Rémy y Laureline Dupont cuentan el «affaire» –que, aunque conocido, no se había relatado nunca en detalle– en su libro «Jacques et Jacqueline. Un homme et une femme face à la raison d’Etat» (Ed. Robert Laffont).

La primera vez que los autores intentaron hablar con Chabridon, de 76 años, ésta se negó y dijo: «¡No soy Valérie Trierweiler!», en referencia a la también periodista y ex amante del actual presidente, François Hollande. Eventualmente, sin embargo, aceptó hablar con ellos, pero con la condición de sólo afirmar o negar la información que los periodistas habían ya recopilado. «(Chabridon) tiene un vínculo ambiguo con esta historia: le apetece, y, a la vez, no le apetece», explican Saint-Rémy y Dupont.

Pero hay suficientes testimonios de la época para reconstruir la relación entre el político de derechas y la chica de tendencias comunistas: «Su deseo de verla se convirtió en una obsesión. La quería a su lado, tanto en público como en privado», dicen los autores sobre Chirac. Relatan también cómo Chabridon, que estaba casada y tenía una hija, comenzó a formar parte de los viajes de trabajo del político. Le acompañó a Rusia, India y las Antillas, incluso cuando su mujer, Bernadette, que conocía el «affaire», también viajaba con ellos.

Los amantes alquilaron un piso en la calle de Marignan, en París, para sus encuentros clandestinos. Según los autores del libro, aunque Chirac era un «playboy», esta vez estaba locamente enamorado: «Estuvo a punto de dejarlo todo por ella. Su relación tuvo repercusiones políticas en un momento de transición». El primer ministro le prometió a Chabridon que se divorciaría y se casaría con ella, a sabiendas de que le podría costar su carrera política, que por entonces iba muy bien encaminada. Sin embargo, sus consejeros más cercanos, Pierre Juillet y Marie France Garaud, no le permitieron hacerse un «harakiri» político. La propia Garaud fue la encargada de notificar a Chabridon que su romance había llegado a su fin: «Esta historia debe terminar, Jacqueline, te lo pido: en nombre de Francia, déjalo estar». Poco después, Chabridon intentó suicidarse. Aun así, su ex amante no fue a verla. Fue el dramático fin de una corta pero apasionada historia de amor. Sin embargo, estas dos vidas volverían a cruzarse: hoy, Chabridon está casada con Olivier Lyon-Caen, el neurólogo de un Jacques Chirac cada vez más enfermo.

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