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La inacabable y rentable despedida de soltero de Paquirrín

Siempre hay algo nuevo bajo el sol. Está experimentado en el trinque y las experiencias matrimoniales tras fallar con la llamativa Jessica Bueno, ahora estable y rendida al futbolista coruñés Peleteiro. Muy guaperas, las comparaciones son odiosas. O el amor es ciego, o ¡qué capacidad de adaptación tiene la moza! Kiko saca dinero de debajo de las piedras. Y así lo hizo durante tres días, concluidos ayer e iniciando en La Coruña lo que podría transformarse en una larga, inacabable y rentable despedida de soltero. Listo y en vísperas de vicaría, notaría, juzgado o Ayuntamiento. Vende y explota su felicidad. Siempre lo hace hasta que se rompe, como es habitual en tan inesperado famosete. En mi tierra lo quieren y suele pinchar para su amigo Xexu López, reinón de la movida nocturna en la bienllamada Ciudad de Cristal, tan luminosa con sus galerías. Festejo en Estudio 54 , local que inauguraron con su tropa, nombre nada original mimado por Warhol y Liza Minnelli. Ya es tan historia neoyorquina como el Bocaccio de los 80 para Barcelona. Está situado en el venteado Orzán, donde esparcí más de una ceniza familiar. Allí reposan bajo su rugiente oleaje, y no pienso recobrarlos chorreando como hacen los Jurado con sus muertos.

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Kiko abrió marcha triunfal festejadora poniéndose morado de marisco. «Aunque prefiero la ternera gallega», aclaró a los que compartieron cena, ribeiro y mucho albariño hasta la madrugada. La Zapateira es zona donde Franco jugaba al golf con Max Borrell en sus agostos herculinos, cuando en Meirás hacía los Consejos de Ministros. Pateé aquello tan añorado. «Teño morriña».

Próximo destino, Torrevieja y una serie de clubes nocturnos de la zona. «Algunos hasta son de alterne», me detalla mi guapa informante Elsa desde su espléndida figura levantina que tanto impactó en el crucero por el Báltico que recién acabamos con Pullmantur. Torrevieja es un espejo, según la canción de Antoñita Moreno, pionera de aquel luminoso rincón y luego millonaria empresaria tras comprar muchos terrenos de lo entonces casi virgen. Kiko animará allí una serie de discotecas. Me detalla que algunas son de «chicas» y cavilo por qué locales empezará o dónde rematará la juerga. ¿Primero el alterne o el baile prólogo a una buena dormida? Veremos, sin aventurar, cómo han hecho con el presunto legado de Juan Gabriel a Isabel Pantoja, ese piso en la animada zona gay madrileña, corazón de Chueca. Para ligar bastaría asomarse al balcón. Con sus más de doscientos metros y nueve habitaciones de techos altísimos, podrían convertirlo en hostal, pensión o en un coqueto hotel boutique ahora tan en auge.

«Con Maribel yo le acompañé a verlo. Nunca lo habitó», me cuenta Charo Reina, otra ex de la folclórica. Parece regalo envenenado ante el cabreo de Agustín, dolido quizá porque lo reciba su hermana y no él, acaso con mayores méritos adquiridos en cinco años empujado en México por el maravilloso cantautor tan romántico. Aupó a la inolvidable Rocío Dúrcal, allanó terreno a la Panto que, de rebote, ve favorecida la promo de su álbum esperado para noviembre. Sé que la discográfica se frota las manos ante lo ahorrado con este escándalo testamentario. ¡Qué bien se vende el dolor!

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