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«Las Campos» dicen adiós hablando de sexo

  • María Teresa Campos y su hija Terelu en el plató de su programa de televisión
    María Teresa Campos y su hija Terelu en el plató de su programa de televisión
Jesús Mariñas. 

Tiempo de lectura 4 min.

18 de marzo de 2017. 23:28h

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Jesús Mariñas.  18/3/2017

Será un buen remate a un «reality» como aquí pocos se han visto, pues aún nos cuesta desnudarnos en público. Las Campos dirán adiós a su serie tratando el sexo. Conociendo a Teresa, que triste y sorprendida también despide «¡Qué tiempo tan feliz!», supongo que lo enfocará irónicamente. Mirará hacia atrás sin ira. Hará revelaciones acaso sorprendentes. Es lo que se impone en su actual estado de milagro sentimental alimentado por Bigote. Quizá sus hijas Carmen y Terelu opten por un enfoque diferente desde sus 50 y 51 años. La edad permite amortiguar, justificar o entender las experiencias, sobre todo si fueron malas. Pero revivirán tiempos y amores pasados. Catorce años duró el emparejamiento más largo de la matriarca con el vasco aún no olvidado Félix Arechavaleta. Luego mantuvo ciegos pero breves entretenimientos sin importancia. Su recuento supondrá un buen remate y quizá la recuperación de lo que parecía olvidado o superado.

Mientras, para el 1 de abril, antaño tan histórico, preparan un multitudinario adiós para «¡Qué tiempo tan feliz!» tras ocho años en antena. Parecía un entretenimiento imprescindible del fin de semana. Fue un escenario oportuno para presentar estrenos musicales o escénicos y hace un mes recuperó a una Gigliola Cinquetti que ya tiene mucha edad. Con 69, que no aparenta, decidió volver. Sin «¡Qué tiempo tan feliz!» ya no habrá oportunidad para nuevos valores como lo fueron Manuel Carrasco o David Bisbal, que tuvo una reciente y desnudadora entrevista de 90 minutos. Están eternamente agradecidos al apoyó que dio la Campos. Igual sucede con Alejandro Sanz. Era una plataforma única en tiempos de Rafa Lorenzo y Yusan Acha, exprimidor también de los acontecimientos sociales. Me anticipan que para esa vista atrás resucitarán en tres horas los momentos punteros que marcaron época. Ya tienen el sí de cuarenta famosos que, con gran parte de los tertulianos de estos siete años triunfales, conformarán un reparto lleno de gratitud y melancolía. Me veo gimoteando. Dejará un hueco enorme por el apoyo que daba como único sostén televisivo de nuestros músicos.

Anoche no lo hicieron «Las Campos» en su momentáneo adiós. Tuvo una exposición inédita: desde revelar que quiere vender su actual casoplón de 6.000 metros y «vivir con Edmundo en una casita con jardín» hasta reconocer que no es mujer de negocios. Repasaron sus ganancias de estos años «disfrutadas con familia y amigos». La Campos empezó con 15 años haciendo radio en Málaga, en un programa titulado «Manirrotas». Morbo a tope donde no cabían justificaciones como la que hizo Lequio Jr. anteanoche lanzando un gin que produce asociado con un amigo sevillano. Noche de caras famosas desde Anita y Dado, sin María Palacios –ausencia reseñable evitando imposibles confrontaciones–, padres de la antaño revoltosa criatura que mordía los micrófonos. Ya sin tal repulsa, con tres carreras y muy alto, el júnior de 24 años aseguró para general tranquilidad que es abstemio. Su apertura no pasó de eso, aún rodeado de amigos como Paz Padilla, muy abrazadora, un delgadísimo Javier Obregón o el Pepe Navarro resucitado por la «expulsada» Ivonne Reyes. También echaron a Aída y su madre no lo digiere: «Ella está perpleja sin entender por qué mantienen a Emma Ozores, que es un pasmarote», me dijo dolida. Luciendo a Eva Zaldívar, Navarro acalló rumores. Mamá Obregón se exhibió como suele, siempre sonriente. Ante alguna pregunta, su hijo casi se molestó intentando esquivar las que le hacían sobre sus progenitores. Sólo le interesaba hablar de ginebra y provocar risas haciendo desagradables ruidos con la boca. Pero, malhumorado, evitó que metieran diente a su vida familiar o amorosa. Un trauma infantil.

Todo lo contrario a la sinceridad de Campos y sus niñas, lo mismo afirmando que se han «apretado el cinturón», descacharrando intentando conducir coches sin saber o Terelu estremeciendo con su oncólogo recordando de qué manera detectó su cáncer. Estos días se cumplen cinco años del tratamiento, qué alivio: «Quise morirme cuando, tocándome, descubrí un bultito en el pecho», recordó. Pasó la pesadilla. Mamá vistió un Dolce & Gabbana lleno de sus enormes rosas tan actuales que costó cuatro mil euros incluyendo los zapatos, también floridos, según calculó Pelayo Díaz, convertido en discutible experto promocionador de marcas. Porque viviendo entre trapos no entendí que en los descansos casi agobiase a Boris Izaguirre preguntando qué equipaje hacer si lo eligen para «Supervivientes». Tanto le cansó que Boris le aconsejó nada de abrigo como él pretendía en un Ecuador a 50 grados: «Lo mejor es que hagas dos maletas donde metas de todo, especialmente camisetas de manga corta. El resto se te pegará como una segunda piel a causa de la humedad», le recomendó. «¿Pero aquello es húmedo?», interrogó, perplejo, Pelayo, sin saber muy bien a dónde va. Poco viajado, cuesta imaginar después de lo oído que sobreviva por más superviviente que sea.

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