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Los Saboya, un traslado secreto por las disputas familiares

Los miembros de la familia real de Italia no querían que estuvieran en el ceremonial por el regreso de los restos mortales de los últimos monarcas italianos los repudiados Víctor Manuel.

  • Ceremonial militar en el Santuario de Vicoforte por los restos mortales del rey Victor Manuel III.
    Ceremonial militar en el Santuario de Vicoforte por los restos mortales del rey Victor Manuel III.
Amadeo-Martín Rey y Cabieses. 

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23 de diciembre de 2017. 01:08h

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Amadeo-Martín Rey y Cabieses.  23/12/2017

En 1980 llegaron a Madrid los restos de Alfonso XIII. El Conde de Barcelona fue embajador extraordinario para acompañarlos desde la iglesia romana española de Montserrat hasta el escurialense Panteón de Reyes. El entonces ministro de Justicia Íñigo Cavero representó al gobierno. La ceremonia fue grandiosa en su austeridad. Los restos de Victoria Eugenia, enterrada desde 1969 en la iglesia del Sagrado Corazón de Lausanne, llegaron con igual solemnidad al Escorial en 1985.

Otros monarcas fallecidos han regresado con el boato adecuado. Nicolás I de Montenegro, la reina Milena y dos de sus hijas fueron trasladados desde San Remo a Cetinje en 1989. Alejandro I de Bulgaria fue trasladado de Gratz a Sofia, donde se le erigió un mausoleo y se le hizo público funeral. Zita de Austria, fallecida en Suiza en 1989, fue solemnemente trasladada a la cripta de los Capuchinos de Viena. Zog I de los Albaneses fue repatriado en 2012 desde el cementerio Thiais de París. Una guardia de honor fue puesta por el presidente francés. Se enterró en el mausoleo real y al acto acudieron el presidente y el primer ministro albaneses. Ya en 1840, Napoleón I fue trasladado desde Santa Elena y sepultado fastuosamente en los Inválidos. Su hijo, el Duque de Reichstadt, volvería un siglo más tarde desde Viena. La última Reina de las Dos Sicilias, Sofía, fue trasladada solemne y públicamente a la Basílica napolitana de Santa Clara en 1984. En 1998 Nicolás II de Rusia fue sepultado en la catedral de los Santos Pedro y Pablo asistiendo más de cincuenta Romanov, Boris Yeltsin y muchos embajadores.

La madre de Doña Sofía

Otros han sufrido otro trato. La reina Federica, fallecida en Madrid y madre de Doña Sofía, fue trasladada a Tatoi tras varios dimes y diretes. Karamanlis permitió la entrada al país de la familia real griega en 1981 solo durante cinco horas. La mezquindad de esos gobernantes, influidos por Andreas Papandreou, omitió rendir honores a Federica al aterrizar y no se permitió un funeral en la catedral de Atenas.

La vuelta de los restos mortales de un monarca a su patria debería revestir solemnidad. El regreso a Italia, de tapadillo, de los de Víctor Manuel III desde Alejandría, en Egipto, y de su esposa Elena, desde el cementerio de Montpellier, no ha gozado de la pompa que merecían.

En 2006 se publicaron sendas cartas de Humberto II, fallecido en 1983, tras las cuales María Pía, María Gabriela, María Beatriz de Saboya e Isabel de Saboya Génova reconocieron a su primo Amadeo de Saboya, duque de Aosta, como Jefe de la Casa. Humberto II había prohibido el matrimonio de su hijo Víctor Manuel por considerarlo desigual. En efecto, Marina Ricolfi Doria, dos veces campeona del mundo de esquí acuático, se casó civilmente en Las Vegas en 1970 con Víctor Manuel. Año y medio más tarde fue la boda religiosa en Teherán. Desde luego, para el último Rey de Italia no era el enlace ideal. El único hijo de ese matrimonio, Manuel Filiberto, fue hecho príncipe de Venecia por su abuelo, título creado «ex novo», lo que muchos interpretaron como un signo de no reconocimiento de su nieto como príncipe real italiano y sucesor de la dinastía.

Por otra parte, Amadeo de Saboya se había casado «comme il faut» con la princesa Claudia de Orléans, hija de los Condes de París, y tenía una excelente relación con su tío Humberto II. Si a eso añadimos que la Norma Transitoria XIII de la Constitución Italiana impedía que Humberto II y su descendencia masculina pisaran suelo italiano, veremos lo difícil que fue para Víctor Manuel hacerse reconocer y amar por muchos monárquicos italianos, mientras que Amadeo, que sí vivía en Italia, se dejaba querer por éstos, hasta llegar a proclamarse Duque de Saboya, es decir, Jefe de la dinastía. Su hijo Aimone, siguiendo las tradiciones monárquicas, se casó con la princesa Olga de Grecia, mientras que Manuel Filiberto contrajo matrimonio con la actriz Clotilde Coureau. Es cierto que Víctor Manuel es hijo del último rey, pero muchos dudan que pueda ser considerado lo que los expertos llaman «dinasta».

María Gabriela, hermana de Víctor Manuel, es la más activa de las princesas saboyanas, creadora de la Fundación Humberto II y María José de Saboya, dedicada a estudios históricos sobre la Casa de Saboya. Fue ella quien en 2017 trató con el presidente de la República el traslado de sus abuelos a Italia, que éste autorizó. Le ayudó el profesor Aldo Mola, presidente de la Consulta de Senadores del Reino, y se buscó el asenso de los gobiernos francés y egipcio.

El lugar adecuado para sepultarlos podría haber sido el Panteón de Roma, donde están Víctor Manuel II, Humberto I y la reina Margarita. Pero era improbable contar con la autorización del gobierno y el permiso de la Superintendencia de Monumentos. Se descartó la basílica turinesa de Superga por dificultar un futuro traslado al Panteón. Mola propuso el Santuario de Vicoforte, fundado por Carlos Manuel I, duque de Saboya, para ser panteón de la Casa. En 2013 el obispo de Mondovì y el rector del santuario, monseñor Bessone, autorizaron la sepultura. El Estado se encargaría del traslado desde Egipto y Francia, y la Casa Real organizaría el ceremonial funerario solemne, encargado a mi buen amigo Maurizio Bettoja, basado en el del funeral de Carlos Alberto de Cerdeña, muerto en Oporto en 1849.

Miembros no confiables

Pero, ¿qué hacer con Víctor Manuel de Saboya y con su hijo Manuel Filiberto? El no ser reconocidos con derechos dinásticos por muchos Saboya creaba un conflicto de ceremonial que podría disuadir de asistir a otras Casas Reales. Además, el Estado podría desistir del traslado si Víctor Manuel participaba en éste o estaba presente en la ceremonia. El proyecto se detuvo, pero en mayo de 2017 María Gabriela pidió ayuda al presidente de la República, Sergio Mattarella. Se acordó una exhumación, traslado e inhumación privados para la Reina y ceremonial militar para el Rey. Lo gestionaron todo el conde Federico Radicati di Primeglio y el profesor Mola. Bettoja redactó un nuevo y mínimo ceremonial.

Para evitar la presencia de Víctor Manuel, mantenido al margen por ser considerado no confiable por el Estado y por la Familia Real, en la que los partidarios del Duque de Aosta ya no le consideran incluido, no se anunció fecha ni hora del traslado. Los restos del Rey se cubrieron con la bandera italiana con escudo real. El féretro reposaba sobre una tela de oro, según antigua costumbre medieval. La cabeza hacia el altar y los pies hacia la puerta con la corona de los Saboya sobre el ataúd, en un cojín carmesí. Presentes solo el conde Radicati, Mola, Maurizio Bettoja, Bessone, cuatro carabineros y un corneta alpino, además del alcalde de Vicoforte, Valter Roattino, y dos altos funcionarios, Víctor Manuel III había vuelto a Italia con más pena que gloria: «Sic transit gloria mundi».

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