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Marcela, la pitonisa de Puigdemont

Marcela Topor cree en el más allá y predice el futuro en función de la naturaleza: «Una especie de maga», la definen sus compañeros. Filóloga y periodista conoció a su marido cuando era actriz de un grupo teatral. Habla rumano, inglés, francés, alemán, húngaro y catalán

Pilar Ferrer - Madrid. 
Marcela Topor
Marcela Topor

Discreta, tímida y aferrada a las tradiciones de su país, Rumanía. Muy religiosa con fuertes creencias espirituales. Pitonisa que cree en el más allá y predice el futuro en función de la naturaleza: «Una especie de maga». Así definen compañeros de profesión a Marcela Topor, primera dama de Cataluña. Quince años más joven que su marido, Carles Puigdemont, la esposa del nuevo presidente de La Generalitat es una mujer con dos principios importantes: la independencia del pueblo catalán, fervor que comparte con su marido, y los ritos ancestrales rumanos basados en sus costumbres mítico-mágico-religiosas. Nacida en el seno de una familia ortodoxa, Marcela creció en la Rumanía comunista de Nico lae Ceaucescu, en las afueras de Bucarest. Su padre, un artesano de la madera, primordial en ese país, la educó en las puras tradiciones de su tierra. A los cuatro años ya bailaba bailes folclóricos tradicionales con el típico traje bordado en lino y seda, la llamada «fote», una saya campesina inspirada en el paisaje rumano. También le acompañaba en las largas colas de rumanos para conseguir alimentos bajo el duro régimen estalinista.

Marcela, la pitonisa de Puigdemont
Paso a dos. El matrimonio el día de la toma de posesión en el palacio de la Generalitat

Los pocos amigos íntimos que la pareja tiene en Gerona, donde Puigdemont ha sido alcalde, coinciden en que son una pareja compenetrada y unida por una cultura visionaria. Compañeros de colegio de Carles en su pueblo natal, Ares, recuerdan que le gustaba vestirse de nigromante y leer libros de magia. «Le apasionaba la trascendencia, viajar, conocer nuevos mundos», dicen sus amigos de entonces. Algo que compartía con Mars, como llaman en la intimidad a su mujer, filóloga y periodista, a la que conoció cuando era actriz de un grupo teatral que actuaba en Gerona. Corría el año 1998, y la compañía británica Ludic Theatre presentaba la obra «King Dies» en el Festival Amateur El Patí de Girona. Marcela se había enrolado en este grupo en Londres, donde perfeccionó un estupendo inglés, junto al francés, alemán, húngaro y catalán que habla a la perfección, además de su lengua natal. De hecho, ella le enseñó a Carles el rumano, mientras él la introdujo en el castellano. En casa, el matrimonio habla en inglés, catalán y rumano con sus dos hijas, Magali y María, de ocho y seis años, respectivamente, políglotas y educadas en la religión cristiana ortodoxa.

Por aquel entonces, Carles Puigdemont comenzó a gestar la futura Agencia Catalana de Noticias, de la que fue director, y entró en política de la mano del director de la Casa de Cultura Mario Busquets, a quien sucedió tras jubilarse. Su relación con Marcela fue consolidándose, viajaron juntos por Europa y decidieron emprender una vida en común. Amigos de la época comentan que les unía la visión separatista, el rumbo de las Naciones sin estado, las culturas eslavas y el mundo del más allá. En junio del año 2000, se casaron en el Ayuntamiento de Rosas en una ceremonia civil íntima, con escasos invitados y oficiada por el alcalde Carles Páramo. El enlace se repitió en Rumanía por el ritual ortodoxo en el Monasterio de Maramures, en pleno corazón de los Cárpatos. Nacida en Iasi, al norte de Bucarest, Marcela tenía doce años cuando cayó la feroz dictadura comunista de Ceaucescu. Ello le permitió salir del país, estudiar Periodismo y Filología en Budapest, Londres y París, y trabajar como actriz amateur para costearse sus estudios.

- El «Catalonia Today»

Desde su matrimonio, ha acompañado a «Puigdi», como llama a su marido, en todos los proyectos profesionales. Así montaron «Catalonia Today», un periódico de orientación secesionista para explicar la realidad catalana a los extranjeros residentes en Cataluña. Para el periódico, Marcela ha realizado muchas entrevistas a ciudadanos extranjeros, sobre todo británicos, residentes en Cataluña. Todos cuantos les conocen coinciden: «Puigdi» es un hombre inquieto, visionario, de excitantes ideas. En este afán le acompaña Mars, una mujer educada en los ritos de la cristiandad oriental y en las leyendas mágicas de su tierra. De hecho, la pareja celebra las dos grandes fiestas del año ortodoxo, la Pascua de Resurreción y la Navidad. Con tal motivo, en la primera festividad del equinoccio de primavera, Marcela prepara los tradicionales huevos pintados, símbolo rumano de la Resurrección, y la típica comida de estofado, mondejo de cordero y pan dulce. Es lo habitual en los monasterios de Buocovina, uno de los más antiguos de Rumanía, y donde la pareja viaja a menudo. Marcela es también una buena cocinera rumana y prepara la típica empanada «maméliga», similar a la polenta italiana, junto con un postre de ciruelas, fruta de la que Rumanía es el segundo país productor del mundo. El fervor independentista de Cataluña y las profundas tradiciones rumanas son una constante en la vida de los Puigdemont. Su trabajo periodístico, en «Catalonia Today» o «El Punt Diari», la llena por completo y, según sus compañeros, no le gustaría dejarlo por ser la primera dama de Cataluña. Otra de sus grandes aficiones es la cerámica y las tallas en madera, algo muy típico de la zona dónde nació. «Les une la pasión por lo desconocido», dicen sus amigos que otorgan a Marcela una cualidad profética. De hecho, comentan que ella siempre pensó que su marido llegaría lejos en política, si bien nadie confirma su apuesta segura por la presidencia de la Generalitat. En su entorno opinan que a ella le gustaría seguir viviendo en Gerona con sus dos hijas, y que huye del oropel oficial como el agua del aceite. «Es una mujer muy tímida», aseguran sus amigos, como pudo verse en la toma de posesión de su marido. En este sentido, la ven diferente a su antecesora, Helena Raskonik, checa de origen croata, esposa de Artur Mas y con un papel protagonista.

Puigdemont, Laporta y Marcela Topor
Puigdemont, Laporta y Marcela Topor
Dinu Zara

Viaje de novios a Transilvania y escapadas a Rumania con Laporta

Su viaje de novios, tras la boda religiosa en el monasterio de Maramures lo hicieron por las tierras de Transilvania, cuna del mítico conde Drácula, dónde existe una antiquísima civilización de la madera. Las iglesias en medio de impresionantes bosques fueron visitadas por la pareja que vuelve allí a menudo. Los ritos antiguos y mitología de esta región de Valaquia les fascinan. Van habitualmente a Rumanía. La pasada primavera estuvieron allí con el ex presidente del Barça Joan Laporta, íntimo amigo del nuevo presidente de la Generalitat, una relación que está siendo ya muy criticada por los negocios turbios que llevó a cabo el que fuera mandatario del club culé. Laporta y otras «amistades peligrosas» están en el punto de mira.

Marcela, la pitonisa de Puigdemont

Amuleto del gallo de Horezou en la toma de posesión

El día de la toma de posesión de su marido le regaló una réplica de El gallo de Horezu, una negra y mítica cerámica de la región de Bucovina que augura buen suerte. Puede que los espíritus iluminen a Carles Puigdemont en su nueva tarea, pero a buen seguro Marcela Topor les invocará por ello. Como una sibila eslava en Cataluña, ojalá que sus predicciones vayan por buen camino.

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