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Palomo Linares: «¿Por qué todos los que están casados quieren que te cases?»

El torero recibe a LA RAZÓN en «El Palomar», la finca de mil metros cuadrados que comparte con Concha Azuara, su novia desde hace tres años y con la que bromea que contraerá matrimonio «en cualquier momento».

D. Mendoza. 
El torero expande su creatividad de pintor interviniendo sus antiguos capotes y hasta la ropa, como el sombrero que luce en la imagen. Lo pintó él mismo e hizo otro igual para su novia, Concha Azuara.
El torero expande su creatividad de pintor interviniendo sus antiguos capotes y hasta la ropa, como el sombrero que luce en la imagen. Lo pintó él mismo e hizo otro igual para su novia, Concha Azuara.

«Te estoy esperando frente al Burger King comiendo una hamburguesa», dice Palomo Linares al teléfono. Se refiere al restaurante de comida rápida ubicado en una de las salidas de la A4 que llevan hasta su finca, llamada «El Palomar». Y sí, allí está en su Porsche Cayenne color gris: el pelo peinado hacia detrás, gafas de sol, jersey azul rey de Carolina Herrera a juego con sus zapatos y una gran sonrisa. Conduce a tal velocidad –incluso esquiva un camión en plena curva– que hace pensar que extraña el peligro y la emoción de los ruedos. Pero su casa, construida en lo alto de una loma que da hacia un par de lagunas y un campo extenso, es todo lo contrario: un espacio de absoluta serenidad. Ya allí, el torero y pintor se acomoda con un café en el sofá de uno de los salones de su «cuartel general», como llama al hogar que mandó construir hace 51 años.

Un año después, en 1967, el joven Sebastián Palomo Martínez inauguraba su primera exposición de pintura en la galería San Diego de Bogotá, frente al icónico edificio Tequendama. El país latinoamericano tuvo mucho que ver con el desarrollo de su pintura, ya que fue allí, al igual que en Venezuela, donde conoció a muchos de los artistas que influyeron en su faceta como pintor. «Mis amigos eran los que se dedicaban al arte plástico. Cada uno busca su círculo y yo encontré en ellos el mío. En Bogotá, por ejemplo, me juntaba con Alejandro Obregón, Armando Villegas y Jorge Riveros», afirma. El punto de encuentro entre los dos mundos eran los toros, a los que todos ellos eran aficionados. Este año se cumplen cincuenta de aquella primera muestra y lo celebrará con una gran exposición en el palacio del Infante Don Luis, en Boadilla del Monte, el jueves 20 de abril. «Parece que empecé a pintar ayer, o eso piensa mucha gente, pero llevo toda una vida haciéndolo», dice, orgulloso. De hecho, cuando viajaba por América Latina para asistir a las ferias taurinas, llevaba consigo sus materiales de pintura. La exposición constará de alrededor de 30 obras de gran formato, algunas creadas en el último año y otras recuperadas de sus facetas anteriores. Este abril festejará, además, sus 70 años, aunque no desvela detalles de la celebración, que asegura será en su casa y en «petit comité». También tuvo fiesta en Nimes, a donde fue invitado la semana pasada como padrino de honor de las jornadas taurinas de la ciudad francesa. Además, planea otra exposición en Bogotá, donde todo comenzó, para este octubre.

Sin boda a la vista

«Está siendo un año muy bonito por los reconocimientos a nivel profesional y por la serenidad de mi vida personal», afirma. Esa tranquilidad tiene nombre y apellido: la magistrada Concha Azuara, de 40 años, con la que lleva ya tres de relación. Sin embargo, no se decide a casarse: «En cualquier momento», asegura, pero la verdad es que hace más de un año que da esa misma respuesta. Como no quiere entrar en el tema, lo convierte en un chiste: «¿Te has dado cuenta de que todos los que están casados quieren que te cases?», y devuelve la pregunta: «¿Y tú por qué no te casas? (risas)».

Linares hace gala de su sentido del humor. «Yo soy un hombre muy serio», comenta, e inmediatamente suelta la carcajada. También le quita solemnidad a su trabajo como pintor. Por eso dice que su exposición constará de tres partes: «Una que yo llamo de garabatos, la otra de pintura y una de “cool art”». Lo cierto es que retoma algunas de sus piezas abstractas y otras de exitosas exposiciones previas, como Recuperación, inaugurada en 2014, en la que sorprendió con varios cuadros de sombreros hechos con materiales reciclables. Por el tamaño de las obras, y la cantidad, el Palacio de Boadilla del Monte resulta un espacio ideal: «Es maravilloso. Por sus techos altos se presta muy bien para exponer esta obra, que se podrá ver en dos de sus plantas, lo que también permite separarla claramente en tres partes», afirma el artista.

Como desde sus inicios, la luz y la naturaleza siguen siendo su mayor inspiración. «Lo bonito es buscar el alba. Las primeras luces de la mañana hay que mirarlas porque nos transmiten buena energía», explica. El amplio jardín y la gran terraza de su casa se prestan para caminatas de madrugada e, incluso, para pintar al aire libre. «Aquí no molestan el frío, el calor ni el viento. Durante casi 300 días al año puedo trabajar a la intemperie», asegura. La casa tiene también un patio interno con una piscina de mármol llena de manchas de pintura de todos los colores. Este, también, es su espacio de creación. En el pasillo cubierto de alrededor Linares guarda ahora muchas de las obras abstractas que irán a la exposición: grandes lienzos en los que estalla el color y otros, más serenos, en los que prima el blanco. Esos cuadros contrastan con un gran retrato suyo en el que posa, muy joven, con un traje de luces. Para confirmar el buen tiempo que hace en su finca, Linares toma dos de sus obras, de casi dos metros de ancho, suyo va uno de los empleados que trabaja con él desde hace más de una década, que le ofrece ayuda, pero el torero se niega. Tiene energía y fuerzas de sobra.

Aunque conversa sobre su pintura con pasión y sus cuadros están por toda la casa, es difícil no volver a los toros. La corrida de 1972 en Las Ventas, por ejemplo, donde cortó el último de diez rabos que se han cortado en esa plaza. «¿Lo quieres ver? Lo tengo, y también al toro», ofrece, animado. Se dirige escaleras arriba hacia su antiguo estudio, hoy convertido en salón de recuerdos. Allí, junto a otros cuatro o cinco toros, está montada la cabeza de Cigarrón, el que le dio el triunfo en Las Ventas. Tiene también el traje de luces que utilizó ese día: «Lo guardé tal cual estaba cuando me lo quité», sonríe mientras lo saca de un armario donde cuelga junto a varios más, todos en plata, ya que en su carrera apenas usó dos con los bordados en oro. Saca también las demás orejas y rabos que cortó durante su carrera, despliega los capotes y recuerda cuando, en la plaza de Vistalegre, en 1971, mató 13 toros en un día: «Eso no lo ha hecho nadie», afirma.

Dice que para mantener la tradición es importante el apoyo de la Familia Real, aunque descarta con una risa la idea de que Froilán se convierta en torero. Linares conoce bien a los Reyes eméritos, con quienes tiene fotos en las que se les ve muy jóvenes, cuando áun eran Príncipes. En el móvil guarda unas más recientes, con la Infanta Elena, con la que coincidió hace poco en un torneo de golf. «Todos iban vestidos muy serios, pero yo, en cambio, llevaba unos pantalones y un sombrero pintados por mí. Arte para usar. A la Infanta le encantaron, me dijo que quería unos iguales. Y yo le contesté: “Eso lo arreglamos”», recuerda Linares entre risas.

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