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Sergi Arola transforma el Capitol en un comedor

Jesús Mariñas. 
Arola presentó su menú en el Capitol
Arola presentó su menú en el Capitol
Efe

El pasmo y los elogios iban de esquina a esquina. Les costaba creer semejante transformación, acostumbrados a la enorme pantalla con butacas del Capitol, uno de los cines más históricos de la Gran Vía madrileña, ese Broadway sueño imposible de un Ruiz-Gallardón que como alcalde pretendió tal emulación. Quedó en nada. Gran parte de los cines desaparecieron, lo mismo que los teatros. Sobreviven unas pantallas, antes casi escalonadas. Gloria a los caídos y a la fórmula de Sergi Arola para «Ayuda en Acción», que podría suponer un paso adelante para no cerrar más locales. Del 25 al 28 de noviembre los comensales pudieron disfrutar de un menú hecho por Arola expresamente para Lidl, que también contó con el amadrinamiento de «Elle», toque de distinción añadido a las columnas y dorados art déco del vetusto escenario. Un cambio que sorprendió a Juncal Rivero, escotadísima en negro palabra de honor. Miraba, censuraba. «Ya no se estilan los favorecedores trajes para cóctel, vestirse de largo es una exageración», razonó desde su experiencia de modelo durante muchos años. Podría seguir, porque continúa retozante.

Lo reconocía Manuel Díaz «El Cordobés», centro de todos los comentarios por haberse autoeliminado de «Masterchef» para fortalecer a su dulce esposa, Virginia Troconis. Hablan de jugada, que fastidió a su equipo, formado por Loles León y Fernando Tejero. Cayetana Guillén Cuervo y Miguel Ángel Muñoz parecen firmes candidatos para ganar. A la actriz-presentadora se la ve «casolana», le gusta andar entre pucheros como a la Santa de Ávila:

«Por lo que sé, no tengo muchas posibilidades», me dijo el hijo de Cristina Blanco al lado de la reaparecida, y también de físico epatante, Patricia Conde. Comentaron con Arola esta experiencia benéfica y le preguntaron por las croquetas de morcilla y membrillo –serán dulcísimas–, de lo último imaginado acaso en ese Chile donde Arola actúa ahora como jurado de «La Voz». «Viví cinco años allí, los conozco bien», dijo suspirando por Silvia Fuminaya y, añorante, elogiamos su fruta y marisco, como el que mandaba en enormes bandejas Pinochet a Julio Iglesias, además de prestarle su avión privado. Unos tintos comparables al de «miña terra nay», exportados a todo el mundo. Nuestros cosecheros deberían aprender de cómo Italia los vende y en el mercado norteamericano encuentras hasta 20 marcas frente al desamparo de nuestros caldos, de los que como mucho ves un Paternina.

Como ya comenté, noche de bellezas escotadas, sobresaliendo la profunda y reveladora intensidad exhibida por Patricia. Contrastó con el malva de cuello caja de Paloma Lago. Se va de vacaciones navideñas a Cova, entre La Coruña y Ferrol, su cuna. Juncal no tiene al niño hasta Nochevieja. Raquel Meroño, acompañada de su marido, Santi Carbones, se reciñó en cuero negro ajustadísimo con cremalleras hasta en las clavículas. Lo firmaba Malene Birger. Probaron la comida y la alabaron. Probaron y repitieron. Cristina Tosio lo hizo con la «tapenade» de aceitunas negras y anchoas –le esperó buena noche bebedora–; Estefanía Luyk se atrevió, por su figurita, con el hojaldre relleno de lacón con grelos; Alejandra Onieva, de pijama blanquísimo que desafió el frío callejero, saboreó las croquetas de gorgonzola y nueces, mientras a coro ensalzaron las tartaletas rellenas de marisco. Cocina renovada sin llegar a «nouvelle» donde los componentes pueden reconocerse y saborearse tal como son. Aleluya.

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