Arte contra la guerra

La masacre injustificada en que se convirtió la Guerra de Vietnam tuvo su canalización en el arte de denuncia. De entre los artistas que más agitaron las conciencias de los norteamericanos destacan Edward Kienholz, con su «The Eleventh Hour Final», y Hans Burkhardt, con su escalofriante «My Lai»

  • Martha Rosler mezcló los crímenes de la Guerra de Vietnam con una opulenta residencia de verano en «Vacation Getaway, From Bringing the War Home: House Beautiful»
    Martha Rosler mezcló los crímenes de la Guerra de Vietnam con una opulenta residencia de verano en «Vacation Getaway, From Bringing the War Home: House Beautiful»

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10 de agosto de 2017. 00:09h

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Entre 1965 y 1970, California se convirtió en el gran epicentro de las protestas en defensa de los derechos civiles y contra la guerra «no declarada» que EE UU libraba en Vietnam. El pacifismo que nucleaba a tantos miles de «hippies» en torno a San Francisco no fue un sentimiento exclusivo de las diferentes comunas residentes en Haight-Ashbury, sino que se convirtió en la principal bandera política que se esgrimió en los cuatro puntos cardinales del estado de la costa oeste. Los 55.000 norteamericanos muertos durante la intervención en el país del sureste asiático, así como las más de dos millones de víctimas civiles que dejó la contienda azuzaron las conciencias de estudiantes, intelectuales y artistas, que no dudaron en actuar y elevar un sonoro grito de rechazo a la masacre injustificada en la que se había convertido Vietnam.

Mientras que, en San Francisco, la canalización artística de estas protestas anti-belicistas se limitó al teatro de calle y al póster, en el resto de California la participación del arte en los procesos de denuncia adquirió una mayor pluralidad de registros: fotografía, escultura pública, instalación, pintura. Cierto es que no faltaron ejemplos del lenguaje de moda en aquellos tiempos: el póster. El mismo Wes Wilson –el más influyente representante de los «cinco grandes» de San Francisco- diseñó, en 1965, uno de los emblemas visuales del espíritu anti-bélico: «Are We Next?» («¿Somos los próximos?»). Sobre un fondo presidido por las barras rojas y blancas de la bandera norteamericana, Wilson convirtió las estrellas de los estados en una esvástica coronada por el lema que da título a esta pieza: «¿Somos los próximos?» En 1970, esta inquietante interrogante pareció ser respondida con el que, sin duda alguna, supuso el póster más difundido y mediático de esta cultura visual contra la guerra: «Q: And Babies? B: And Babies», de Jon Hendricks e Irving Petling (1970). Basado en una fotografía de la masacre de My Lai tomada por el fotógrafo de combate Ron Haeberle, muestra a docenas de niños vietnamitas asesinados sobre un camino de tierra, en lo que constituyó una de las imágenes más perturbadoras e incendiarias del conflicto bélico.

En 1966, la denominada Art Workers’ Coalition emprendió, en Los Ángeles –en el cruce de Sunset y La Cienaga–, la elaboración de una de las obras de arte público político más importantes del último medio siglo: la «Peace Tower». Concebida por Mark di Suvero, y construida bajo la supervisión del arquitecto Kenneth H. Dillon, la torre surge de la yuxtaposición de un octaedro y dos tetraedros. A sus pies, un enorme panel mostraba las obras de más de cuatrocientos artistas de todo el mundo que no quisieron faltar en este «grito visual» contra la guerra: Judy Chicago, Donald Judd, Leon Golub, Eva Hesse, Roy Linchtenstein o Philip Guston fueron algunos de los participantes.

De entre los artistas que, durante estos años, se comprometieron en la realización de un arte de denuncia, que agitara las conciencias de los norteamericanos, destaca Edward Kienholz, con instalaciones como «The Eleventh Hour Final» (1968), en la que se recrea el típico salón de una casa media norteamericana, presidido por una televisión que emite imágenes de los asesinatos en Vietnam sin que el «american way of life» se vea perturbado lo más mínimo. O Hans Burkhardt, con su escalofriante pintura «My Lai» (1968), en la que, de entre una densa y matérica superficie gris, emergen diseminados una serie de cráneos humanos. Y, por supuesto, la gran Martha Rosler con su mítico fotomontaje «Vacation Getaway, From Bringing the War Home: House Beautiful» (1967-72), en la que, sobre el interior de una opulenta residencia de veraneo extraída de la revista «House Beautiful», superpuso fotos documentales de los crímenes cometidos en Vietnam. Aunque la revolución socio-cultural acontecida en esos momentos en San Francisco restó protagonismo al resto de experiencias repartidas por el conjunto del estado, lo cierto y verdad es que el conjunto de California latió, durante la recta final de los 60, al son de un mismo latido de compromiso y rupturas artísticas.

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