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Gabino Diego: «Siempre me ha tocado bailar con la más guapa»

Gabino Diego / Actor. Tiene toda la pinta de eterno adolescente, pero no se engañen, que en septiembre cumple medio siglo. Si le dan a elegir entre cine y teatro, se queda con el segundo sin dudarlo. Entre sus pasiones, la fotografía

Gabino Diego
Gabino Diegolarazon

Tiene toda la pinta de eterno adolescente, pero no se engañen, que en septiembre cumple medio siglo. Si le dan a elegir entre cine y teatro, se queda con el segundo sin dudarlo. Entre sus pasiones, la fotografía

No hay problemas con Gabino Diego. Todo lo que le pasa lo entiende como una bendición. Aprovecha cada momento como si fuera el último, o como lo que es: único. Atrás se quedó la imagen del chico de los 90, ése que se metió en una maratón de películas que duró de finales de los 80 hasta mediados de 2000. Siempre envuelto por el secreto de la eterna juventud que todavía hoy, a punto de hacerse con el primer medio siglo, conserva. «Me gusta decir que me he operado la cara cuando me preguntan», bromea. Decidió que se abría una nueva etapa, en la que él tomaba el control y en la que los escenarios tomaban mayor protagonismo. Pero todo más pausado, sin perder la calma, a su manera. Aunque no siempre como le hubiera gustado. De estar en un ecosistema que apostase más por la cultura, su exposición de fotografías –«Las mujeres y los niños, primero»– hubiera sido mucho más visible. Por si acaso, prepara una nueva para enero. Aún así, no pierde la curiosidad. Se lo dieron como consejo y ahora lo vocifera igual que un mantra.

–Cambió el barrio de toda la vida por la libertad de lo rural.

–Bueno, también por otros motivos, pero tuvo su peso el que me guste caminar y estar en el campo.

–¿Mejor eso que la playa?

–No, no, también. Puestos a elegir, me gusta estar por todos lados. Aunque reconozco que en verano lo prefiero, aunque ya ni se sabe, mira Orense, que han batido el récord de temperaturas.

–Pues allí para refrescarse la fuente de As Burgas no ayuda mucho.

–Siempre estarán las Termas Chavasqueira para relajarse.

–Eso sí. ¿Se ha podido escapar este año?

–Qué va. Ni he estado en casa, las cosas del teatro y sus giras. Habremos estado en cien sitios distinos: Bilbao, Galicia, Málaga, Sevilla... Toda España.

–¿Se lleva peor que con 20 años?

–No te creas. Yo no me quejo, lo llevo bastante bien. Reconozco que cuanto más mayor te haces, te gusta estar más tiempo en cada sitio. No ir y volver en el día. Aunque tampoco es que me canse más que antes.

–Y entre viaje y viaje en septiembre caen los 50, medio siglo.

–Sí, me siento un afortunado.

–Mirándole a la cara, la verdad es que no sé donde esconde los años.

–Eso dicen. El otro día, hablaba con un amigo de Cádiz al que veía muy joven, una de las personas más curiosas y cultas que te puedes encontrar, por lo que conviene hacerle caso. Siempre me cuenta una historia, un disco o una película nueva y, esta vez, me dijo que la curiosidad es la que te mantiene realmente joven.

–Buen tratamiento.

–Debemos de mantener ese fisgoneo y sintiendo la pasión por las cosas para mantenernos vivos.

–Y, para ello, ¿qué le va a ocupar el 18 de septiembre?

–Pues realmente no es la fecha de mi cumple. Eso dicen los papeles, pero el día verdadero es el 6.

–¿Y eso?

–Me apuntaron tarde.

–Curioso. ¿Algún regalo para celebrarlo?

–Ninguno, me conformo con lo que tengo y con cómo estoy.

–¿Es de los que se obsesiona con la edad?

–Para nada, no siento nada especial. Igual que siempre, tan joven como antes.

–Y si no que le miren de frente para comprobarlo.

–No sé lo que tendría que sentir, pero el consejo que digo es que nunca es tarde para aprender cosas. De pequeño siempre pensaba que era muy mayor para todo, pero con el tiempo te vas dando cuenta de que no. Nunca es tarde. Ése es el consejo que puedo dar ahora desde mi estatus de casi cincuentón.

–¿Qué fue del Gabino icono del cine español de los 90?

–Ahí se quedó o aquí está. Me da igual.

–Llegado el 2000 y pico se regeneró.

–Hice un espectáculo unipersonal, cuatro obras de teatro... Simplemente me puse a hacer otras cosas. Me acuerdo de cuando hacía películas como «¡Ay, Carmela!», que venían al rodaje actores que luego se iban de gira y me llamaba eso de que tuvieran que viajar por ahí. Ellos mataban por hacer películas, pero yo me moría de ganas por hacer teatro. Por eso lo que estoy haciendo ahora es lo que quería hacer. Lo proyecté y aquí estamos: haciendo teatro. Y, de vez en cuando, otras cosillas como el capítulo de «Águila Roja» o la película «Nuestros amantes». También me han ofrecido alguna cosa que tampoco me ha interesado del todo y la he podido desechar. No me puedo quejar.

–Después de la última película, desde luego que no se puede quejar: Amaia Salamanca y Michelle Jenner, con una se enrolla y la otra es su ex –en la trama–.

–La verdad es que lo pienso y digo: «Siempre me ha tocado bailar con la más guapa: Maribel Verdú, Penélope Cruz, Ariadna Gil...»

–No siga con la lista que la envidia va en aumento.

–(Risas) Paro, paro. Y luego aquí el director me ha hecho un regalo importante con un papel muy bonito y bastante distinto a los que había interpretado antes. Y creo que he pasado la prueba pese a que para mí fuera un reto hacer un papel de este tipo, que es pequeño en su extensión, pero importante dentro de la película.

–De «Nuestros amantes» a «Nuestras mujeres», en el teatro. ¿Qué tal va el fin de gira?

–Pues terminamos a finales de noviembre después de año y medio con el espectáculo. Creo que ha estado bastante bien y para mí ha sido otro regalo del productor, Jesús Cimarro.

–Entonces, ¿solapa en el tiempo ésta con «El intercambio»?

–En principio no, porque en octubre empezamos a ensayar la nueva obra, una pareja que formamos Teté Delgado y yo dirigida por Juan José Alfonso y con texto de Ignacio Nacho, más los otros cuatro actores.

–¿Qué nos van a contar?

–Teté va a querer dar una sorpresa a mi personaje, no tanto una historia.

–¿Y hay sorpresa?

–Sí, sí, me la llevo.

–Pensé que se le iba a volver en su contra, que a veces pasa.

–Lo importante es que se sorprenda el espectador. No sé si es bueno contar mucho...

–Cuente algo más, no nos deje con la intriga.

–Con cuidado. Estoy viendo cómo contarla, porque si desvelas... Es una comedia de la que me parece que ya están haciendo la versión para el cine y que mi personaje es muy interesante.

–No le tiro más de la lengua. ¿Cómo lleva otro de sus vicios, la fotografía?

–Ahora mismo parada. Intentando abrir una exposición para enero, pero está todo en proceso.

–Cuesta exponer en España.

–Sí, pero al final se hizo en Valencia, «Las mujeres y los niños, primero». Te tengo que enseñar el catálogo. Ahora estamos viendo si se hace en La Mancha.

–¿Es más de coleccionar fotos o de hacerlas?

–Ninguna de las dos, de que me las hagan (risas). Ahora, con eso de que la gente sólo quiere sacarse fotos, te conviertes en una cosa de usar y tirar.

–¿La última foto que tenga en la mente?

–Las de Vivian Maier.

–¿En Plaza Castilla –Fundación Canal–?

–Exacto. La foto de la exposición es preciosa, un retrato de ella sacada en un espejo. Un «selfie», que se diría ahora, pero hecho muchos años antes. Y, de todas formas, lo bueno y triste de todo es que la tía no sabría nunca la repercusión que tendría en un futuro.

–Tiene un historión.

–Le decía a mi chica: «Mira la de los espejos, esto lo habrá copiado seguramente de Velázquez», el primero en hacerlo. Ahí es cuando te das cuenta que este tipo era un adelantado a su tiempo.

–De ahí que todavía hoy hablemos de él.

–Era algo fuera de lo normal, un extraterrestre. A parte del «selfie» es todo lo que hay detrás, es impresionante.

–Brindemos: «(...) Cuando Dios llamó a Gabino, no dijo Gabino ven, sino, ¡venga vino!».

¿Mar o montaña?

El trabajo no le ha dejado escaparse todavía, pero Gabino Diego tiene claro el camino que tomará en cuanto tenga un hueco: «Seguramente estaré unos días en Asturias. Suelo tirar al norte porque mis antepasados son de allí. Con el calor horroroso que hace en toda España es la mejor opción. Los Pirineos es otra de las opciones que me gusta mucho».