Miquel Iceta: «Sacaría a la pista de baile a Soraya Sáenz de Santamaría»

Miquel Iceta / Político

No tiene miedo a las consultas ni a alzar la voz para defender su condición sexual. Salió del armario, mitin mediante, para visibilizar una realidad que en 1999 no era ni mucho menos mayoritaria entre los diputados. Su valentía y su «orgullo» han abierto camino a otros y le han llevado lejos. Llegados a este punto no duda en exclamar: «¡Que me quiten lo bailao!»

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    «España está preparada para tener una mujer como presidenta del gobierno» / Cipriano Pastrano

Tiempo de lectura 8 min.

01 de agosto de 2016. 04:53h

Comentada
Ainhoa Martínez Madrid. 31/7/2016

Su coreografía a ritmo de «Don’t stop me now» catapultó su campaña electoral. La destreza en la pista le permitió colocar su mensaje y vencer a las encuestas el 27-S; sin embargo, a Miquel Iceta le resulta curioso que tras 35 años dedicado a la política sólo se le recuerde por un baile.

–En su casa ¿quién tiene el derecho a decidir?

–Todas las decisiones son muy compartidas.

–Después de la mala pasada del Brexit, ¿las consultas las carga el diablo?

–Sí, y por eso merece mucho la pena pensar bien las condiciones en que se han de celebrar.

–Pero el PSC sigue enredado en preguntar... En concreto, ¿usted qué preguntaría?

–Yo preguntaría: ¿Da usted su apoyo a la reforma de la Constitución acordada por las Cortes Generales?

–¿Y si saliera que no?

–Habría que seguir trabajando para conseguir un acuerdo.

–La llaman «ley de claridad», pero hay quien no se aclara. Defínanos con tres ideas los beneficios de la «vía canadiense» para resolver la situación de Cataluña.

–Hay una constatación y es que desde que hay «ley de claridad» no se ha celebrado ningún referéndum en Canadá. La «ley de claridad» tiene la voluntad de clarificar, nunca mejor dicho, la pregunta; que la participación tenga un mínimo, por debajo del cual el resultado no es válido; que la victoria de cualquiera de las dos posiciones ha de ser amplia, no sólo la mitad más uno, y que sea cual sea el resultado hay que seguir negociando.

–«Iceta lo peta» es un himno...

–Es la demostración de que a veces algo que no tiene directamente que ver con la política, puede dar una imagen de la política más cercana de la que es habitual.

–Le puso a su campaña la banda sonora de Queen («Don’t stop me now» –No me pares ahora–). ¿Qué canción le pega al PSOE en este escenario postelectoral? Quizá «Under preassure» –Bajo presión–...

–«Under preassure» es buena. Nos solemos quejar mucho de que la gente le pida o mire al PSOE, pero pensamos poco en lo malo que sería que a nadie le importase lo que haga el partido. Eso sería el peor escenario.

–¿Necesitaba el PSC ese «chute» de endorfinas?

–Nos vino bien, pero no fue una cosa planificada. Surgió y, como cosas que surgen casi por casualidad, la gente la hizo suya y le significó una aportación positiva, movilizadora, ilusionante y funcionó. Pero no hubo un diseño o una estrategia detrás.

–Los socialistas catalanes suelen huir del himno del PSOE en sus mítines.

–Sí, es que la música oficial del partido –a la que todo el mundo le tenemos cariño– se ha vuelto un poco viejuna. Y a veces para sustituir algo que pensamos que se ha hecho viejuno cogemos cosas todavía más viejas, que se han convertido en verdaderos himnos. Son cosas que han funcionado en las campañas. La música acompaña y ayuda a animar los espíritus.

–¿Ha animado al voto el himno «reggeatonero» del PP? ¿Le hace falta al del PSOE una actualización?

–No lo sé, a veces buscas un himno que tiene poco que ver contigo, que choca. Quizá llama la atención. El himno para el PSOE sigue siendo «La Internacional».

– ¿A qué rival político sacaría a la pista de baile?

–Sacaría a Soraya Sáenz de Santamaría, porque por lo que he visto cuando se pone, se pone.

–Esos bailes le dieron visibilidad y generaron simpatía entre los votantes, ¿que le quiten lo bailao?

–Pienso ¡que me quiten lo bailao! y me río de que lo que más se vaya a recordar de una trayectoria política de más de 35 años sea un baile. Probablemente sin eso muchos no hubieran podido escuchar lo que digo, tampoco se puede contraponer una cosa con la otra.

–Fue un avanzado en eso de ganar a las encuestas. Consiguió doblar los escaños que le daban el 27-S. ¿Ahora se busca vencer al más votado o a las expectativas?

–Para la noche electoral ganar a las expectativas es un alivio, un motivo de satisfacción, pero al día siguiente lo que cuentan son los resultados.

–¿A quién le daría el «sorpasso»?

–A los independentistas.

–Siempre había permanecido en segunda fila, en lo que se llama la «cocina» política, hasta que dio el paso a la primera línea para dirigir el PSC. ¿Le gusta más el rol de chef o de pinche?

–Pensaba que ser chef y salir con el gorro de jefe iba a ser muy duro y la verdad es que lo disfruto, aunque probablemente mi tendencia natural es a ser pinche.

–¿Qué es lo más duro?

–La pérdida del anonimato es el peaje cuando llegas a puesto de primer nivel.

–En 1999 fue el primer político en reconocerse abiertamente gay; ahora muchos diputados se muestran «orgullosos» de su condición, ¿qué significó para usted aquella salida del armario en pleno mitin?

–No supuso un paso muy complicado y, sin embargo, fue una de las decisiones que más felices me han hecho y de las que más orgulloso me siento, porque me he encontrado a mucha gente a la que ayudó.

–¿A quién le daría el «Sí, quiero»?

–Se lo doy a mi pareja y a mucha gente, porque soy una persona a la que le gusta establecer buenas relaciones, incluso con adversarios políticos. Soy de los que quiere y se deja querer.

–Es uno de los apoyos más firmes de Pedro Sánchez y el otoño se prevé convulso. ¿Se comerá el turrón en Ferraz?

–Yo creo que sí, pero es una decisión que tendrán que tomar los militantes votando.

–Los mensajes cruzados entre los socialistas catalanes y andaluces han sido constantes durante la campaña. ¿Hablan el mismo idioma?

–Sí, porque normalmente lo hacemos en castellano (risas). Cuando hablamos largo y tendido siempre nos hemos puesto de acuerdo.

–Definió el proyecto de Podemos de alejarse de Europa como «una cagada monumental». ¿Está Europa en descomposición?

–Está en un momento de encrucijada: o decide unirse más y mejor o se disgregará. Tiene que tomar decisiones y la decisión del Reino Unido de salir de Europa acelera esa necesidad y, por lo tanto, tiene que ponerse las pilas.

–Theresa May en Reino Unido, Angela Merkel en Alemania, quizá Hillary Clinton en EE UU. ¿Está preparada España para una presidenta del Gobierno?

–Desde luego y espero que suceda pronto. Una sociedad no se puede permitir el lujo de no aprovechar bien el capital del 52% de la población.

–Quizá Susana Díaz...

–Afortunadamente en el PSOE hay mujeres muy preparadas para esa responsabilidad y, sin duda, Susana Díaz es una de ellas.

–Dejó sus estudios de Química por entrar en política... ¿Acertó con la fórmula?

–No lo sé, uno siempre piensa que hubiera pasado si..., pero en la vida no lo puedes saber. La política me enganchó, me apasioné con ella y sigo apasionado. No ha sido un capricho pasajero, sino que está destinada a durar.

–Me consta que es un reputado escritor de discursos... ¿Cuál y a quién le gustaría escribirle uno?

–Al próximo presidente del Gobierno socialista.

–También difunde haikus –poemas cortos de inspiración japonesa–. ¿Nos dedicaría alguno?

–«Hay en el trueno mil ruidos diferentes, si se está atento...».

¿Mar o montaña?

Cuando la política le da un respiro, el primer secretario del PSC se refugia en el mar. Baleares es su destino preferente. «Este verano lo pasaré en Menorca». Aunque «consume» producto nacional, también pasará unos días en la Toscana.

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