Carmen Calvo: «La agenda de una democracia empieza en los paritorios»

Es de ese grupo de ministros que ha hecho cameos en el mundo del cine, pero su mejor papel lo desempeñó en la cartera de Cultura con Zapatero y ahora como secretaria de Igualdad con Pedro Sánchez

  • Carmen Calvo
    Carmen Calvo

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20 de septiembre de 2017. 10:26h

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Abandona precipitadamente la última reunión de la Ejecutiva del PSOE antes de cogerse vacaciones para atendernos. Lo hace sin comer y con la premura a la que obliga no perder el último tren que sale desde Atocha hacia su tierra. La ex ministra de Cultura con José Luis Rodríguez Zapatero y ahora nueva secretaria de Igualdad de la dirección de Pedro Sánchez ha pasado sus días de descanso en Cabra (Córdoba), allí disfrutó de cosas tan mundanas como «hacer la compra o una paella». Un reposo al que no está acostumbrada, pues desde que aceptó la oferta del nuevo líder socialista su vida ha vuelto a entrar en la espiral incontrolada de la vida pública. «Mi hija me dice: ‘‘Ya te ha secuestrado otra vez el PSOE. Estoy dispuesta a pagar el rescate’’».

–Seis años después vuelve a la política...

–Yo ya estaba en otra fase de mi vida –dando conferencias, escribiendo, impartiendo clases...– cuando Pedro me pidió que me incorporara a su proyecto y, como la vida te lleva más de lo que tú la llevas a ella, aquí estoy asumiendo responsabilidades. Como militante y como ciudadana me preocupaba que el partido se estuviera quedando sin identidad, en tierra de nadie, y me parecía que las cosas el día 1 de octubre –cuando dimite Pedro Sánchez– se habían hecho francamente mal.

–A Pedro Sánchez le dijo «sí», pero ¿a qué o a quién le diría «no es no»?

–Ahora diría «no es no» mucho más que cuando tenía 30 años. Con la edad se gana claridad y valor. Tengo pocos miedos y me siento muy libre, así que le diría «no es no» a todo lo que no se ajuste a mi conciencia.

–¿Cómo lleva eso de ser «pedrista» en Andalucía?

–La vida es un experimento constante de libertad y, en ese sentido, no le he consultado ni le he pedido permiso a nadie. Mi mejor cargo es mi carné de militante, un cargo que nadie te da, que nadie te quita y que te obliga a participar.

–¿Son PSOE y unidad antónimos?

–El partido lleva años con muchos problemas, tenemos unos resultados electorales francamente mejorables desde hace tiempo. Recomponer una situación buena con tantos años de problemas no es tan fácil ni se resuelve con una varita mágica en cinco minutos.

–Fue ministra de Cultura con José Luis Rodríguez Zapatero, ¿le ha llamado el ex presidente para desearle suerte en esta etapa?

–Estuvimos cenando juntos hace poco, Pedro ya había ganado las Primarias, fue muy cordial y me dijo: «Bueno Carmen, sé que tendrás responsabilidades. Que tengas mucha suerte, lo harás muy bien». Los ciudadanos no saben que los políticos nos llevamos entre nosotros mejor de lo que parece. En el Congreso podemos estar combatiendo por las ideas y luego nos vamos a tomar café. Salimos y nos vamos a cenar juntos. La política es el terreno de la confrontación pero también de la cooperación, igual que la vida.

–¿Con qué adversario político la veríamos cenando?

–Tengo muy buenos recuerdos de Gaspar Llamazares (IU), de Joan Tardá (ERC)y de Emilio Olabarría (PNV) porque con ellos hubo que negociar mucho. Hace poco salí de un programa de televisión y recibí dos mensajes muy cariñosos de los portavoces del PP del Senado y del Congreso de mi etapa en Cultura, de Juan Van-Halen y Betina Rodríguez Salmones, diciéndome: «¡Qué bien has estado, Carmen!».

–¿Echa de menos La Moncloa?

–De La Moncloa no echo de menos nada. A pesar de que continuamente se machaca la política, cuando somos honestos y no somos corruptos lo que hacemos es trabajar muchísimas horas. Tu vida desaparece, no existe agenda personal, queda aparcada, la haces cuando puedes y a veces ni la haces. Me pasé 12 años entre los gobiernos de Andalucía y España y cuando sales de esa etapa en la que solo tienes tiempo para dormir por las noches es como si sacaras la cabeza del agua y recuperaras tu vida. Ser ministra de todos los españoles es un honor, a veces sentía escalofríos cuando estaba en los organismos internacionales y pensaba que el nombre de mi país dependía de que yo hiciera bien las cosas. A cambio de eso la entrega es total.

–¿Merece la pena?

–Hay momentos en que la política es muy incomprendida e injusta, pero también muy satisfactoria. Por ejemplo, cuando entro a la ampliación de El Prado y pienso en la cantidad de noches que me fui a la cama renegando de todos los problemas de esa obra y ahora la veo terminada... Es como las mujeres cuando damos a luz, que después se te olvidan los dolores del parto cuando tienes a tu hijo ahí.

–También le pasó con los «papeles de Salamanca». ¿Se arrepiente de habérselos entregado a Cataluña?

–Para nada, cada día estoy más convencida de que aquello era un acto de racionalidad histórica y justicia. En Salamanca estaban las actas de su consejo de Gobierno. Desde fuera se podía ver como un marrón que me había caído, pero yo lo vivía con una sensación de honor increíble.

–Si no fuera política ¿dónde estaría hoy Carmen Calvo?

–En la vida pública, seguro. La vida es un misterio y un tesoro tan interesante que va más allá de ti mismo y no la puedes vivir en exclusiva. Es muy empobrecedor vivir para uno. Estaría en una ONG, en cualquier sitio que me permitiera ensanchar mi pellejo y estar con otra gente, proponer cosas, ayudar, que me ayuden a mí... Nunca he entendido la vida solo para mi pequeño proyecto personal.

–¿Quizá haciendo carrera en el cine? Compartió créditos con Pilar Bardem y Luis Buñuel, entre otros, en la película «María Querida».

–Sí, soy de ese grupo de políticos, como Alberto Ruiz-Gallardón, que hemos hecho cameos. Admiro mucho la figura de María Zambrano.

–Creo que también es una gran aficionada a los festivales de música...

–Sí, la música es el gran lenguaje de los seres humanos. Con la música nos entendemos todos y sin el cine tampoco sabría vivir. Cuando tengo que despejarme o recolocarme me voy al cine, me da igual sola que acompañada. Me meto en un cine para recomponerme. Si alguien me quiere condenar a algo duro, que me deje sin cine, sin libros y sin música. Me moriría de tristeza.

–¿Necesita el PSOE rock and roll?

–El PSOE necesita mucho rock and roll. El rock es energía. ¿Quién aguanta quieto escuchando una buena banda de este estilo? Soy de esa generación en la que ir a un concierto de rock era el colmo de las cosas extrañas que se podían hacer.

–¿Por eso cambiaron el himno del PSOE por «Guns&Roses» para cerrar el último Congreso del partido?

–(Risas) El cierre de este congreso ha sido diferente de todos los anteriores, era un mensaje: «Este Partido Socialista tiene que abrirse». En un escenario de esa naturaleza pegaba una música poderosa.

–¿A qué suena el nuevo PSOE? ¿A «La Internacional»?

–Pedro hizo toda su campaña con la canción «Color esperanza». El PSOE suena a esperanza, porque los nuevos partidos no han aportado nada nuevo.

–¿Ha votado siempre al PSOE?

–Siempre he sido una mujer de izquierdas desde que tengo uso de razón. Siendo muy pequeña ya jugaba a subirme en una escalera e intentaba darles un mitin a mis amigas.

–¿Qué mensaje se lanza desde la política cuando destacadas dirigentes acortan o renuncian a la baja por maternidad?

–La política tiene que entender que la agenda de una democracia no empieza en el IBEX 35, sino en los paritorios. Es ahí donde la vida empieza de verdad. Creemos que la maternidad es un hecho privado o una cosa personal, incluso la damos como algo natural –que lo es–, pero es un hecho político muy importante: si nosotras no parimos no hay ciudadanos. La baja maternal tiene que estar en el centro de la política.

–¿Es igualdad que el apellido de la madre se pueda priorizar sobre el del padre?

–Es igualdad. Es machismo tradicional que las mujeres pierdan su apellido en el mundo anglosajón por un hecho tan concreto como es el de casarse con alguien. Lo que me da la identidad siempre son mis dos apellidos, mi padre y mi madre, me case o no me case. El feminismo no ha empezado todavía, comenzará cuando las mujeres tengamos control sobre la agenda política y plasmemos en ella nuestras preocupaciones.

–¿Es partidaria de aplicar el artículo 155 (asume adoptar las medidas necesarias para obligar a una Comunidad Autónoma al cumplimiento forzoso de las obligaciones que establece la Constitución o las leyes) en Cataluña?

–Me parece que es darle munición a los independentistas cada vez que hablamos de estos temas.

–¿Qué opina como aficionada a la fiesta taurina de los toros a la balear?

–Acabamos de ver el recurso del Tribunal Constitucional sobre Cataluña... Mientras el Estado tenga las competencias sobre los toros, las comunidades autónomas no pueden invadirlas. Y, es más, mientras sea legal, los taurinos no tenemos que pedirle ni permiso ni perdón a nadie por hacer uso de nuestras libertades y nuestros gustos personales.

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