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Ágatha Ruiz de la Prada, del arco iris al cosmos

Ha creado un universo propio, una tarea de más de 30 años de trabajo y creación que responden al talento de una de las pioneras en la aventura exterior de la moda española

  • La diseñadora española Agatha Ruiz de la Prada (c) saluda al final de un desfile con sus creaciones en la 33 versión del International Footwear and Leather Show (IFLS) en febrero de 2016, en Bogotá (Colombia)
    La diseñadora española Agatha Ruiz de la Prada (c) saluda al final de un desfile con sus creaciones en la 33 versión del International Footwear and Leather Show (IFLS) en febrero de 2016, en Bogotá (Colombia) / Efe
Lourdes A. Esmorís.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

20 de octubre de 2017. 14:02h

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Lourdes A. Esmorís.  Madrid. 4/11/2017

Desmonta y permuta los colores como nadie, sus diseños hacen un poco más feliz a la gente, es la creadora nacional con más licencias en el extranjero, tiene tiendas propias en Europa y ahora suma a su cosmos el Premio Nacional de Diseño de Moda. Ella es su mejor marca: Agatha Ruiz de la Prada.

«Está comprobado que los colores animan y alegran» contaba en una entrevista con Efe la diseñadora que nunca se viste de negro y que tiene entre una de sus máximas «hacer un poco más feliz a la gente».

Ágatha Ruiz de la Prada, la única diseñadora que va vestida de sí misma, según Ollivier Saillard, director del Museo Gaillera de París, ha creado un universo propio, una tarea de más de 30 años de trabajo y creación que responden al talento de una de las pioneras en la aventura exterior de la moda española.

Bajo la máxima de que los halagos no se le suban a la cabeza ni le hieran las críticas, la diseñadora comenzó a licenciar su marca en 1991 y actualmente es la creadora nacional que posee más licencias en el extranjero además de tiendas propias en París, Milán y Oporto.

Si tiene que elegir un recuerdo «más querido», evoca a su abuela Mary, una figura inherente a su imaginario disparatado y acertado que inventó moda, su moda: vestidos caramelo, espiral, corazón, estrella, flotador (uno de sus favoritos), pelota y ensaimada (uno de sus mayores éxitos, inspirado en el dulce típico de Mallorca).

O los trajes dinosaurio bandeja, piano, caja, escalera, menina, tarta, tacataca, su particular homenaje a Marcel Duchamp, construido con recuerdos de la niñez, ese momento en que aprendes «casi todo».

El concepto de sus prendas levita alrededor del cuerpo y representa un reto solo apto para personalidades de hierro, para esas que huyen del «aunque la mona se vista de seda, mona se queda» porque saben que «el hábito hace al monje».

Como su clienta más mediática, Miley Cyrus, quien eligió por primera vez «un Agatha Ruiz de la Prada» en la gala de los premios MTV, «una típica estructura de la firma, casi imposible de llevar, con una malla muy fina que recuerda a la bandera gay, y que también es un homenaje al arco iris», detallaba en una entrevista con EfeEstilo, Cósima Ramírez, su hija e imagen de la marca.

Ágatha Ruíz de la Prada, que comenzó como diseñadora pero enseguida creó una estructura empresarial y posicionó su marca, no desaprovecha ni uno de sus estilismos para demostrar su mundo singular porque cualquier objeto le resulta «vestible»: «Todo es un reto, un cepillo de dientes, una ópera o un baldosín».

Trabajadora incansable y una de las pocas diseñadoras de España que desfila en grandes pasarelas como París y Nueva York, intenta «llevar todo con mucho ánimo» y ser «lo más positiva» posible porque «la vida es mucho mejor y más fácil».

Ahora su objetivo es «promover» su fundación, un reto que la «emociona» y en el que no descarta «reconvertir» algunas de sus tiendas en pequeños museos, aunque sin modificar su estructura empresarial, así lo manifestaba hace unos días en una entrevista con Efe.

La diseñadora cree que ha pasado el tiempo suficiente para empezar a concentrar su energía en la fundación, creada en 2011 con motivo de los 30 años de la marca, y en la que se guardan 3.000 vestidos, 700 dibujos, 300 carteles y muchos otros diseños que no tienen que ver estrictamente con la moda.

Es difícil que algo nuble su lado divertido y positivo de la vida y en sus creaciones combina surrealismo con cabeza, como en aquella edición de la pasarela Mercedes-Benz Fashion Week Madrid en la que convirtió césped artificial ecológico en tejido para faldas, vestidos y complementos, porque Ágatha «nunca» se cansa de ser Ágatha. Efe

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