Hamburgo

Merkel, «la chica de oro» de la ópera

La canciller alemana ha vuelto a apostar por su clásico conjunto de chaqueta y falda, esta vez en color champán metalizado, para asistir al Festival de Bayreuth

Azul, lila y gris perlado, en todos esos tonos se ha paseado la canciller alemana por la alfombra roja de la ópera de Bayreuth
Azul, lila y gris perlado, en todos esos tonos se ha paseado la canciller alemana por la alfombra roja de la ópera de Bayreuthlarazon

La canciller alemana ha vuelto a apostar por su clásico conjunto de chaqueta y falda, esta vez en color champán metalizado, para asistir al Festival de Bayreuth

Como cada año durante sus vacaciones Ángela Merkel ha vuelto a asistir al Festival de Bayreuth y, como cada año, ha optado por uno de sus ya icónicos trajes de chaqueta abotonada y falda larga de la modista alemana Bettina Schoenbach. Azul, lila, color coral y gris perlado, en todos esos tonos se ha paseado por la alfombra roja de la ópera de Bayreuth, siempre acompañada por su reservado esposo, Joachim Sauer. La ocasión es doblemente interesante porque Sauer detesta la atención de la Prensa y casi nunca se deja ver (excepto en la ópera, ya que es un amante de Wagner) y porque el estilismo de la canciller no deja de despertar polémica. Este año ha optado por un tono champán metalizado –otra marca indiscutible de su estilo– que ya le ha valido el titular de «La chica de oro de la UE» en un diario británico, pero no se ha desviado del clásico conjunto acompañado por un bolso a juego y unos zapatos de tacón bajo que, como siempre, son apenas un tono más oscuros que el traje. Hasta el collar de perlas que lleva es el mismo desde hace varios años.

Schoenbach, la responsable de sus «looks» de ópera, es también quien la suele vestir para sus encuentros políticos. Por eso no es de extrañar que Merkel opte por un estilo casi idéntico para tan distintas ocasiones: la misma chaqueta de tres botones con ligeros cambios en el tipo de escote y, para la versión «de gala», en vez de pantalones, falda. Esos «blazers» se han convertido en el estandarte de ambas mujeres. Schoenbach nació en Hamburgo y se formó en importantes casas de lujo y hoy tiene varias tiendas en su ciudad natal y vende las famosas chaquetas en su web por entre 1.300 y 1.500 euros, el doble del precio que tenían cuando fue desvelada como modista de la canciller, en 2012.

Aunque recibe críticas por repetir «look», tampoco se libra cuando intenta innovar. En 2008 asistió a la inauguración de la ópera de Oslo con un vestido negro de pronunciado escote –«Merkel saca pecho», titularon entonces algunos medios– que le alabaron y reprocharon por igual. Lo mismo sucedió cuando en 2014 acudió a su otra cita obligada del verano, el Festival de Salzburgo, con una chaqueta-kimono de seda con estampado en colores vivos que tenía en su closet desde hacía 20 años. Visto lo visto, la canciller ha vuelto a apostar este año por un clásico que, si no es un acierto en cuanto a moda, sí lo es en términos de la imagen que transmite: la de un patrón reconocible que busca expresar estabilidad.