«Mules» (de yute) hechas en España

Ana Salvador presentó en Madrid su marca Ángel de la Guarda, especializada en sandalias artesanales, con la que está triunfando dentro y fuera del país

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D. Mendoza.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de abril de 2017. 21:08h

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Gucci habrá puesto de moda los “mules”, pero antes de que Chiara Ferragni y el resto de bloggers de estilo las comenzaran a usar, ya en España estaba tomando forma Ángel de la Guarda, la marca de sandalias sin talón con que Ana Salvador está triunfando aquí y en el exterior.

Aunque se dedicó durante años al marketing, Salvador se estrenó como diseñadora de calzado hace dos años, cuando lanzó la primera colección de ADLG. Pero la verdad es que siempre estuvo en contacto con el mundo de la moda: “Mi madre hacía confección de alta costura, por lo que yo me he pasado la vida entre bordadoras, colores y telas. No me dediqué a ello porque no me atreví, pero, después de mi accidente, la transición fue natural”, afirma Salvador. Se refiere a un accidente que tuvo a los 14 años y por el cual han tenido que operarle la pierna derecha más de veinte veces. Aunque hoy se encuentra bien, una de las secuelas es la inflamación, que empeora con el calor: “En verano siempre se me hincha mucho, entonces lo que hacía era comprar sandalias y customizarlas para que me cupiese el pie y pudiera andar cómodamente”.

Ese acto de necesidad pronto se convirtió en un hobby y Salvador se inscribió en talleres de calzado para perfeccionar la técnica. Estudió con un artesano argentino especializado en zapatos de tango y de él tomó el interés por las técnicas artesanales, que hoy son un elemento primordial de sus creaciones. “A la larga quisiera montar una cooperativa que recupere las técnicas de bordado típicas que han desaparecido, aunque es cierto que ahora algunos diseñadores españoles las están volviendo a usar. Mi idea es que la gente mayor, que conoce bien técnicas como la del encaje de bolillos, enseñe a los más jóvenes a hacerlo para generar nuevos puestos de trabajo y recuperar lo que hemos perdido”, asegura la diseñadora.

La comodidad, claro, es igualmente importante. Salvador explica que quiso minimizar el impacto en la espalda al andar, además de que los tacones se sintieran como zapatos planos: “Por dentro, la suela de las sandalias es de corcho, pero el material está trabajado de manera que no es duro sino blando, y, a la vez, lo suficientemente resistente. Esa base se forra con yute de cáñamo, luego se coloca la plantilla, que es muy gordita, y por último el forro de piel de cordero”, explica. Aunque inicialmente hacía todo ese proceso ella misma, hoy tiene talleres y bordadoras en diferentes puntos de España que hacen posible producir en mayores cantidades.De todos modos, casi todo el proceso sigue siendo a mano, de modo que un modelo encargado en exclusiva puede demorar entre 15 días y un mes en estar listo.

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Dos años después de que estrenara ADLG en Première Classe, en París, los “mules” de Salvador están en casi cincuenta tiendas en España y otras tantas en Doha, Dubai, St. Tropez, Miconos y otros destinos de lujo. “A pesar de que me han comprado algunas zapaterías importantes, mi posicionamiento está en boutiques, donde uno puede ir a comprar un bolso, un pantalón y unas sandalias, por ejemplo”, afirma la diseñadora. Una de sus preocupaciones, de hecho, es no crecer demasiado ni demasiado rápido. Salvador quiere mantener la esencia de una marca que comenzó con encargos de familiares y amigos, que siempre la animaron a continuar con sus creciones, y que ahora llega a más personas, pero sin perder su exclusividad. “Mi experiencia con marcas y marqueting me permiten controlar el proceso. Aunque suene feo, no quiero morir de éxito”, explica.

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