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David Dorantes: «Hay que buscarle la lógica al ruido»

El músico presenta «El tiempo por testigo», recuerdos y sueños de un pianista flamenco

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Pepe Lugo.  Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

22 de octubre de 2017. 21:18h

Comentada
Pepe Lugo.  Sevilla. 23/10/2017

Hace dos décadas que su nombre empezó a sonar en todas partes de la noche a la mañana y «Orobroy» le convirtió en un artista universal. David Dorantes (Lebrija, 1969) era un niño que aporreaba el piano familiar buscando sonidos puros con las manos de la inconsciencia infantil, sabía que tenía que encontrar un tesoro y poseía todo para hacerse con un botín que ya es suyo. Su último trabajo, «El tiempo por testigo», recorre 20 años de trayectoria profesional en un músico irrepetible.

–¿Dos décadas se pasan muy rápido?

–Pues la verdad es que una vez que se mira hacia atrás te parece que ha sido muy rápido, pero durante el camino he hecho muchas cosas y recuerdo que no pasaba tan lento. Una vez mirando hacia atrás, viendo de dónde vienes, se nota que no ha sido muy rápido.

–¿Qué ha habido más fatiguitas o más duende?

–Creo que ha habido de todo (risas). Un artista o un creador se enfrenta a una lucha constante, el ánimo sube o baja, y no es bueno que todo sea lineal. Es bueno pasar fatiguitas y también pasar gloria.

–Sus discos siguen emocionando y sorprendiendo como cuando salieron por primera vez. ¿Dónde está el secreto?

–No tengo una explicación, la verdad. Yo no dejo de trabajar, de estudiar, de buscar sonidos diferentes, sobre todo en la última etapa, en la que he estado viajando y tocando con mucha gente. Todo eso te va actualizando, luego siempre estás pensando en que hay que buscar nuevos caminos a la hora de componer, hay que quitarse vallas, cosas que te puedan estorbar a la hora de decir. Creo que debe ser por eso.

–Mire, escuchando «Caravana de los Zincali» me ha pasado algo bastante raro porque se ven atmósferas de Satie, hay trazos de Thelonious Monk, a ratos un poco suena como Pink Floyd.

–Pienso que uno tiene que ser libre, no estar en un único camino. Es cierto que a todos estos que nombras los he escuchado como otros tantos. Al final lo que uno quiere hacer es ampliar una paleta de colores, no quedarse sólo en el flamenco, que es mi lenguaje, porque soy curioso y me gusta tener una amplia paleta de colores.

–¿Es verdad que siempre está pensando en música?

–Sí, pero no sólo música, también me sucede con los sonidos que me llegan. Me meto en el coche y estoy haciendo compás, estoy en una sala con hilo musical y se me olvida que me están hablando, el ruido de los obreros en las calles. Hay que buscarle la lógica al ruido.

–No diga eso, que cada vez que salgo a leer a la calle me persigue un obrero con un martillo mecánico.

–(Risas) Es así, si se le busca tiene sentido rítmico.

–¿Cuántos Dorantes hay en su música?

–Hay uno, pero Dorantes tiene muchas parcelas que le influyen y le interesan, pero todo eso lo que hace es crear uno sólo. Es complicado aplicar todos los sentimientos y experiencias que uno ha tenido a un modelo musical, porque todo va a una velocidad muy alta. Es ahí donde el músico tiene que despegar y salir, y a veces deja un poco este mundo para sentir cosas que no están en el suelo. Eso se puede conseguir en una habitación estando con uno mismo, entrando en ti y dejando el corazón sobre el teclado.

–¿Y el sonido Dorantes?

–Pienso que hay un sonido hecho para contar y para expresar. Si un sonido no te comunica se convierte en ruido, por lo tanto espero que mi sonido sirva para contar historias y para no dejar a nadie sin sentir nada. Necesito que la gente sienta.

–El flamenco es eso, puro sentimiento.

–Porque expresa mucho, desde la muerte a la alegría, pero siempre hay una parte agridulce que lo hace potente. Siempre hay una pena detrás, aunque cantes por bulerías, siempre es una mezcla de sensaciones. Es pura expresión, te duele, te mata y te deja huella. Hay muchas personas que no son muy conocedoras del cante pero que llegan a emocionarse tanto que con el tiempo se hacen grandes aficionados.

–Hábleme de su tío, «El Lebrijano».

–Mi tío Juan tenía una mente muy preclara ante la música, una sensibilidad especial, un mundo interior tremendo lleno de vivencias. Se lo dio todo el flamenco porque estuvo con los más grandes, con los grandes maestros como él. Mi primer conservatorio fue mi casa y uno de mis catedráticos era él, con sus palabras me enseñó muchas cosas. Al principio yo era muy indeciso, le daba muchas vueltas a las cosas y me decía que los músicos estamos para soltar, para contar, para no temer crear. Siempre estaba pendiente de nuevos discos, de cómo buscar alternativas a un camino. Era un apasionado, vivía para ser creativo y sólo hay que ver su producción discográfica.

–Y ahora, de «Orobroy».

–Bueno (silencio). Es un regalo que me ha dado la vida, porque realmente el músico lo que quiere es que la gente se emocione con lo que escribe. Te puedo asegurar que «Orobroy» ya no es mío, pero la gente lo hace suyo y siente tanto con él. Lo usan para tantas cosas y puedo ver en vida cómo se siente con mi obra, no está pagado.

–Como flamenco, ¿qué le pareció que un Guardia Civil frenara a los independentistas con un fandango?

–Pues me parece genial, porque creo que la música sirve para tender puentes y hace que todo el mundo se encuentre en un punto en común. Ojalá todo el mundo solucionara sus problemas mediante la música, porque seguramente todo saldría mejor.

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