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El absentismo laboral aumenta con la recuperación

El abandono de sus puestos de trabajo por el personal de la Administración de la Junta creció en 2016 con respecto a 2015 y en línea con la tendencia al alza que arrancó en 2014

Los laborales se ausentaron en mayor medida que los funcionarios, según se refleja en un informe de la Inspección General de Servicios del Ejecutivo autonómico

  • Fachada de una de las sedes laborales de la Junta de Andalucía en Sevilla
    Fachada de una de las sedes laborales de la Junta de Andalucía en Sevilla
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N. Acedo.  Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

13 de noviembre de 2017. 20:40h

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N. Acedo.  Sevilla. 14/11/2017

Una de las patas en torno a la que gira el «Informe 2015-2016» de la Inspección General de Servicios de la Junta de Andalucía es el absentismo del personal del Gobierno autonómico. En concreto los inspectores han hecho un seguimiento vinculado a los funcionarios más los laborales de la Administración general y de sus agencias administrativas, así como del área de Justicia en el que tiene competencia el Ejecutivo regional. Los motivos de que esos trabajadores públicos se ausenten de sus puestos de trabajo varían entre las faltas por incapacidades temporales (IT), por enfermedades inferiores a los cuatro días de duración, las visitas médicas, las no asistencias sin justificación alguna, los incumplimientos del horario y los abandonos provocados por «un deber inexcusable público o personal», según se precisa en el trabajo consultado por LA RAZÓN y al que se puede acceder en la página web que alimenta el propio Gobierno andaluz. De la siembra de datos que supone el informe se desprende una conclusión: el absentismo se elevó en 2016 con respecto a 2015, en línea con la tendencia observada desde 2014, año en el que la economía andaluza volvió a la senda positiva tras cinco ejercicios consecutivos teñida de rojo, gracias al repunte del Producto Interior Bruto (PIB), y año que marcó también un punto de inflexión hacia mejor en la pertinaz tasa de desempleo. En corto: las horas laborales en blanco han crecido tras lo peor de la crisis.

El índice total de absentismo cosido a 2015 por la inspección en su dossier fue de 5,15, que repuntó hasta 5,67 en 2016. Se calcula a partir de la información recogida en el Sistema de Información de Recursos Humanos (SIRhUS) y proporcionada por los órganos gestores de los diferentes centros laborales afectados del Ejecutivo regional en la comunidad.

Al analizar los resultados de los dos ejercicios, se observa que el relativo al personal laboral es superior al correspondiente al colectivo de funcionarios, aunque en ambos se ha constatado el auge. En el caso del primer grupo, los laborales, el índice pasó de 6,08 a 6,92, mientras en el segundo, la plantilla funcionarial, la variación fue menor, al ascender del 4,33 al 4,56. Esta dejación de desempeño de funciones carcome a la Administración en la mayoría del mapa andaluz, a la luz de lo expuesto por los inspectores de los servicios de la Junta, ya que en casi todas las provincias se acrecentó el absentismo, «alcanzándose una media de incremento de 0,5 por ciento en el año 2016 respecto del 2015». Con todo, en Huelva hubo una disminución de 0,04, frente al aumento del 0,85 o del 0,77 por ciento en Cádiz y Granada, respectivamente. El territorio donde la variable estudiada alcanza mayores cuotas es Sevilla, área en la que la referencia para el pasado año llegó a ser de 7,12, cuando en 2015 se había colocado en 6,48. Le sigue Almería, provincia en la que se transitó de un 5,87 a un 6,51, y luego Granada.

Por lo que respecta a los servicios centrales del Gobierno autonómico, la subida registrada fue del 0,56 por ciento, lo que se aproxima a la media registrada en el conjunto del ámbito provincial. En el informe se relaciona también la variable del sexo de los empleados públicos con la del tipo de personal. El índice para los hombres funcionarios fue en 2015 de 3,18 y en 2016 de 3,42; y el de las mujeres osciló de 5,28 a 5,51. Al enfocar en los laborales, se aprecia que se movió del 4,82 al 5,57 para los varones y del 6,75 al 7,65 para las féminas. La inspección confirma aquí de nuevo el crecimiento, pero matiza sobre esas proporciones tornadizas que las causas de la diferencia son de «naturaleza compleja» y estarían ligadas a «otros factores» subyacentes cuya índole «parece estar más allá de las estrictamente laborales». A juicio de los técnicos, «la cuestión requiere de un análisis más detenido –desde la perspectiva de género– y que interprete de manera global –laboral, social o familia– lo que los meros datos ofrecen». Más allá de ese punto, y en lo que se refiere a las razones generales del absentismo, se anota que, como ya sucediera en anualidades anteriores, el mayor porcentaje se debió en 2015 y en 2016 a «procesos de incapacidades temporales (IT)».

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado en alguna ocasión que entre el 30 y el 50 por ciento de todas las bajas laborales están relacionadas con problemas de estrés derivados, a veces, de un mal ambiente de trabajo o de desmotivación. De hecho, prevé que para 2020 la ansiedad y la depresión serán las principales causas de las mismas. Un porcentaje que podría reducirse con mejores políticas de prevención.

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