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El Museo Ruso de Málaga acoge una exposición dedicada a la
propaganda que acabó con los zares

  • El Museo Ruso de Málaga acoge la exposición «Carteles de la Revolución» hasta el próximo mes de febrero
    El Museo Ruso de Málaga acoge la exposición «Carteles de la Revolución» hasta el próximo mes de febrero
Pepe Lugo.  Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

28 de septiembre de 2017. 20:57h

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Pepe Lugo.  Sevilla. 29/9/2017

Nadie sabe qué sucederá el domingo en Cataluña, ni los que lo han organizado ni los que se encargan de frenar el referéndum del 1-0. Mientras tanto, los episodios de esta novela bizantina aparecen para asombro general. Habrá que esperar. Mientras tanto, como se está en un proceso casi revolucionario, no es mala opción pasarse por la exposición que el Museo Ruso de Málaga acoge hasta el próximo mes de febrero de 2018 y que está dedicada a la propaganda lanzada por los bolcheviques para levantar a los rusos contra su imperio.

«Carteles de la Revolución» se centra en uno de los pilares de la maquinaria de control ideológico que nació al calor de Revolución Rusa de la que se cumplen 100 años el próximo mes de octubre. Con una estructura sencilla se insta al pueblo a lanzarse para acabar con la opresión zarista y crear un mundo nuevo donde reinará la igualdad y la felicidad plena. Mensajes sencillos pero contundentes en los que no hay espacio para la duda y sí todo un torrente para la motivación general de los descontentos. Los protagonistas son los campesinos, los obreros y el Ejército Rojo, último mecanismo necesario en el que volcar todas la esperanzas de éxito. Vladimir Kozlinsky, Serguei Ivanov y Vladimir Lebédev son los autores de la selección de piezas que se muestran junto a una serie de fotografías históricas que dan una idea de los momentos vividos en Rusia hace casi un siglo.

Los carteles revolucionarios además de un medio de comunicación fundamental en el movimiento comunista estrechamente ligado al desarrollo de su historia, también son una expresión artística que dista de las manifestaciones tradicionales. Estas piezas parten de una estética popular y se nutren de las vanguardias rusas y de influencias modernistas para crear composiciones impactantes que lleguen a todo el público y que consigan generar sentimientos de hermanamiento y rebelión.

La hoz y el martillo, las siluetas de las factorías, las multitudes listas para entrar en la batalla, los mensajes anticlericales, el universo comunista que anticipaba una época de esplendor en la que los hombres fueran hermanos hasta el fin de los tiempos. En esencia, el cambio de una religión por otra. Nadie puede escapar del peso del partido y de la planificación extrema que se hace tanto del trabajo como de la vida íntima. Hay ojos en todos lados y cualquiera puede denunciarte por ser contrarrevolucionario. Para completar la visita, recomendamos tres lecturas esenciales para comprender bien este momento de la Historia. Acercamientos distintos pero definitorios. «El maestro Juan Martínez que estaba allí», de Manuel Chaves Nogales; «Archipiélado Gulag», de Aleksandr Solzhenitsyn; y «Mi viaje a Rusia sovietista», de Fernando de los Ríos, quien le preguntó al propio Lenin en qué momento el pueblo ruso tendría libertad a lo que el líder soviético le respondió: «Libertad. ¿Para qué?».

Después de la revolución está claro que para los triunfadores siempre llega la fiesta. El baile y el cante bien entendidos e interpretados son un aliciente para descargar energías después de una semana. En esta ocasión, la cita es en los jardines del Monasterio de la Cartuja de Sevilla, que acogerá una nueva edición del Picnic Interestelar que en su pasada edición de marzo reunió a más de 5.000 personas. Música en directo durante todo el fin de semana y actividades paralelas para los que quieren disfrutar de los días descanso al aire libre con las más variopintas fórmulas de alimentación y ocio acompañados de los conciertos en directo desde el mediodía hasta las 21:00 horas. Encabezan el cartel «Viva Suecia» y «La bien querida».

Se agradece que de vez en cuando aparezca un libro de relatos con tanta libertad creativa como los que presenta Joaquín Campos en «20 brotes» (Renacimiento), que contiene sendas historias cortas cargadas de psicosis, miedos, brutalidad y ternura. La vida misma lanzada desde el vacío por un autor que ya dejó claro cuál era su compromiso con la escritura desde su primera novela «Faltan moscas para tanta mierda». Afincado en Asia donde trabaja como cocinero, aunque su vocación es escribir con una verdadera voracidad. Por su parte, Joaquín Leguina y Rubén Buren acaban de estrenar «Os salvaré la vida», con la que han ganado el Premio 2017 de Novela Histórica Alfonso X «El Sabio». El libro rescata la historia de Melchor Rodríguez, «el Ángel Rojo», quien salvó a miles de personas de un bando y otro durante la Guerra Civil. Se trata de una figura injustamente olvidada que no ha contado con el reconocimiento necesario para alguien clave en el contexto bélico. No sólo es un texto biográfico, sino un interesante fresco del ambiente que había en el país durante los años inmediatamente posteriores a la derrota de la II República.

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