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La belleza de Doñana, en estado puro

Almonte vuelve a cumplir con la ancestral tradición de la «Saca de las yeguas», que supone el inicio de la Feria Ganadera

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27 de junio de 2015. 15:18h

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hSentir Doñana en estado puro, su belleza, su grandeza y su esencia es posible cada 26 junio con la «Saca de las yeguas», una tradición ancestral en la que miles de equinos que viven en estado semisalvaje en la marisma la abandonan con dirección a Almonte, protagonizando un acontecimiento único. Como viene ocurriendo desde hace 511 años, esta cita permite al espectador dejarse seducir por el galope del caballo marismeño, vivirlo de cerca en toda su plenitud, al paso de yeguas y potros que provocan un despertar de los sentidos.

Fue en 1504 cuando esta tradición quedó regularizada mediante ordenanza del duque de Medina Sidonia, en la que se citaba la figura del «yegüerizo» del concejo, que a día de hoy continúa siendo el artífice de esta cita, y establecía que el ganado se sacase de los prados acotados al efecto por la festividad de San Juan. Y es que son los «yegüerizos» los que posibilitan el traslado del ganado, los que brindan la oportunidad de presenciar este espectáculo único, venido del corazón de Doñana, que cada año organiza la Asociación de Criadores de Ganado Marismeño.

Su trabajo empezaba el pasado jueves, cuando reunidos en unas 18 tropas se adentraron en Doñana para buscar a los equinos; tras pernoctar, a primera hora de la mañana, realizaban el que es uno de los momentos más llamativos que se producen en el interior del Espacio Natural, sólo presenciado por ellos y unos pocos afortunados, lo que se conoce como «el rodeo», es decir, el agrupamiento de las reses en la zona de la Boca del Lobo, en la madre de la Marisma. Éste es el último paso para que se produzca la saca, pues desde este punto es desde donde partieron hacia Almonte haciendo salir de Doñana su esencia y compartiéndola con todos los que se concentraron al paso de yeguas y potros dejándose seducir por un espectáculo que no sólo es visual.

Impacta el ver a miles de animales galopando, pero el espectador también percibe su característico olor y oye; oye no sólo su relinchar o el golpeo de los cascos de las yeguas, sino, además, el de las voces de los ganaderos que se afanan por mantenerlas unidas y guiarlas hasta su destino.

Existen puntos en los que esta percepción se agudiza, como es el paso ante la ermita de la Virgen del Rocío, uno de los momentos que despiertan más expectación y que congrega, por tanto, a más público, y que este año se realizó alrededor de las 11:00 horas, sin faltar la presentación de las reses ante la Virgen y su bendición por parte del párroco del santuario y la entrada en la localidad de Almonte. El último tramo del recorrido se produce a la caída de la tarde por calles cuyo itinerario es señalizado por el propio pueblo con su presencia masiva en las aceras.

Con anterioridad también se puede disfrutar de los protagonistas de la tradición de una manera más serena y tranquila, paseando entre ellos mientras pastan y descansan durante el sesteo o a primeras horas de la tarde en pleno camino, en el paraje de la Pasa del Chivo.

La llegada a Almonte de estas yeguas y sus potros supone el inicio de la Feria Ganadera, en la que se llevarán a cabo las labores tradicionales como la medición de las yeguas y las tareas de tusa, que consisten en cortarles las crines y la cola, desparasitar a los animales y marcar a los nuevos potros, que son los que se ponen a la venta. Con ello se cumple con la tradición, con una cita con más de cinco siglos de historia que, a día de hoy, se mantiene gracias al interés y esfuerzo de los ganaderos afanados en hacerla posible.

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