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La Hispanidad, el café y la magdalena

Tiempo de lectura 2 min.

12 de octubre de 2017. 19:52h

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No por reincidentes dejan de ser lamentables las ausencias de los representantes del Estado en Cataluña y el País Vasco al acto de celebración del Día de la Hispanidad. Es el modo más simbólico de escenificar la deslealtad. Pobre España. Lo que cada vez llama más la atención es que un partido político como Podemos permita que su secretario general, Pablo Iglesias, se alinee con las fuerzas centrífugas y falte por tercer año consecutivo a la fiesta de todos los españoles. Quo vadis, Podemos? Esa izquierda que blandía con orgullo hasta hace bien poco un perfil jacobino y un irrenunciable carácter nacional se ha despeñado definitivamente por el talud nacionalista. Y rueda precipicio abajo que escarba. Del desfiladero podemita al desfile militar, al que sí acudió el resto de representantes de las comunidades autónomas que conforman esta España en tembleque. Allí, en Madrid, estuvo Susana Díaz. A la presidenta de los andaluces le va a tocar mojarse en la próxima cuestión de Estado, la reforma constitucional, arrancada con fórceps por el independentismo siguiendo una estrategia que viene de lejos. Alguien ha debido ya explicarle a Susana Díaz cuáles son las verdaderas intenciones del actual terremoto catalán, en cuyas sedes de la Generalitat y del Parlament se sitúa el epicentro. Los órdagos políticos tienen como meta agitar las calles y menear el nogal. Las nueces, como dijo Javier Arzallus, serán recogidas cuando se discuta el nuevo modelo territorial. Una subcomisión en el Congreso está ya en marcha. Susana Díaz debería estar advertida de la que se avecina: la despedida consentida al café para todos. En un futuro cercano el café será sólo para dos. Ayer volvieron a faltar a sus deberes con España. Estaban mojando la eterna magdalena de Proust.

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