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Los reyes del Swinging London, en 35 mm

Terry O’Neill y Gered Mankowitz comparten una exposición en LaTérmica de Málaga dedicada a The Beatles y The Rolling Stones

  • Tríptico de Paul McCartney, con fotografías de Gered Mankowitz
    Tríptico de Paul McCartney, con fotografías de Gered Mankowitz
Pepe Lugo.  Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

09 de noviembre de 2017. 21:08h

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Pepe Lugo.  Sevilla. 10/11/2017

Londres durante los años 60 era el lugar en el que había que estar si uno tenía menos de 30 años. Todo sucedía mágicamente en aquella estirada capital británica que aún se quitaba de encima el polvo de los bombardeos de la II Guerra Mundial ,mientras mantenía el ambiente eduardiano de principios de siglo para salvaguardar el orgullo patrio. Cuando Lord Mountbatten arrió la Unión Jack en la India en 1948, todo se desvanecía para una nación que lo había sido todo y que ahora se reducía prácticamente a una isla junto a una Europa devastada. Para colmo, en el otro lado del Atlántico, su primos de EE UU, aquellos traidores, se convertían en los nuevos amos del mundo. Todo parecía perdido, pero el Reino Unido se sobrepuso, una vez más, gracias a los más desarrapados súbditos que tomaron el testigo del rock de Elvis para crear algo inédito hasta entonces: la cultura Pop.

El 23 de agosto salió al mercado el sencillo «She loves you», cantado por cuatro tipos que se movían como marionetas, y ya no hubo manera de parar la oleada de creación, libertad, genio y belleza que provocó lo que se llamó el Swinging London. Un espacio mental, cultural, sensorial y financiero donde reinaron como verdaderos monarcas The Beatles y The Rolling Stones, a quienes el espacio malagueño La Térmica dedica una esperada exposición inédita. Ensayos en el estudio, grandes actuaciones, las llegadas a los atiborrados aeropuertos o las tensas esperas en las salas de hotel forman el contenido de la colección de imágenes que describe el ascenso al olimpo de dos formaciones que entonces parecía que no tenían techo. Junto a las imágenes, destaca una colección de objetos de la época y una serie de portadas de discos diseñadas por Andy Warhol, gran amigo de los Stones, de quien se conserva y expone una carta enviada a él por Brian Jones en la que le explica por qué dejó a Jagger como líder de la banda en 1963. De manera paralela, en la muestra se proyectarán los documentales «Charlie is my Darling-Ireland 1965», de Mick Gochanour, sobre The Rolling Stones; y «The Beatles: Eight days a week», de Ron Howard.

«The Beatles vs The Rolling Stones» la integra una colección de fotografías de Terry O’Neill y Gered Mankowitz, quienes asistieron al asalto de las dos bandas a la cúspide de la cultura popular anglosajona a comienzos de los años sesenta. Un espacio que aún no han abandonado. Cuando la música comenzó a sonar por todas partes, junto a los músicos surgió un elenco de peluqueros, diseñadores de moda, arquitectos, modelos, cineastas, pintores y artistas plásticos que fueron ocupando los huecos que aquel fascinante carrusel les ofrecía como una verdadera fruta prohibida. Una amalgama que posaba descreída y encantada ante sus objetivos demostrando que la juventud era el mejor valor para disfrutar y hacer dinero. Gracias a todos ellos, el Reino Unido se puso de moda y con ello llegaron millones de divisas que alegraron la triste economía británica. Se vendían pantalones de pana por toneladas, todo el mundo quería tener un Jaguar E-Type y las chicas se atrevían con la minifalda. La ciudad era una fiesta sin fin que pasaba de una a otra casa en los barrios de Chelsea y Myfair, bajo el ritmo de los temas que ambos grupos sacaban casi cada semana para alucinación colectiva. Una banda sonora en la que también trataron de reinar, a su modo, The Kinks, The Animals, The Who, Pink Floyd o Procol Harum. Como toda explosión, ese universo se hizo cada vez más maduro hasta que se autodestruyó, cuando la energía que lo impulsaba decidió que era el momento para tomarse la vida en serio.

Tanto O’Neill como Mankowitz supieron captar desde el principio que tanto Beatles como Stones iban un paso más adelante que el resto de sus compañeros de generación, gracias, en cierto modo, a la supuesta rivalidad que entre ambas bandas existía. Fueron los fans de cada grupo y los avispados managers quienes azuzaron el fuego para vender más discos y alternarse en las listas de ventas. Cuando unos tenían un single, los otros esperaban para que el suyo no fuera eclipsado, mientras en aquel paraíso todos convivían con verdadera camaradería. A través de las 70 fotografías se puede conocer además la propia evolución de unos y otros de forma muy cercana e íntima, pues los propios fotógrafos tenían las mismas edades que los músicos que actuaban para ellos con la naturalidad de hacerlo para un colega. Ahora, más de cincuenta años después se han convertido en unas referencias incuestionables de la fotografía social y contemporánea, ya que han trabajado con los más grandes del show-bussines internacional, hasta convertirse en grandes maestros.

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