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Novios a la fuga

Tiempo de lectura 2 min.

01 de noviembre de 2017. 20:26h

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En este caso, al contrario que la de ayer, es una fuga de amor que termina con el encuentro de los novios en una isla privada y de belleza sin par. Puigdemont, hasta para fugarse hay que tener clase. Porque para terminar siendo tachado de cobarde, «tolili», embustero o trapacero... mejor se queda uno en casa, que al final, si no fuera por los posibles delitos, le hubiese sido fácil encontrar una plaza de guía turístico, que en lo de los idiomas anda usted bien. Claro que para meter la pata con un idioma con tener uno sobra. Pero volvamos a lo que importa. Ana Boyer ocupa la portada de «¡Hola!» junto a su prometido Fernando Verdasco. Como dice el titular, lo hace para descubrirnos los detalles de su boda. Es la segunda aparición de la novia en portada y con un gran reportaje interior para el tema de aquí al puente de diciembre, que es cuando se celebrará la unión de forma religiosa. Todavía aparecerán más posados. Sumando esto a la boda, más la luna de miel, no es que puedan alquilar una paradisíaca isla, es que pueden hasta comprarla. Sólo 50 invitados, 50, que llegarán desde un aeropuerto cercano con posterior transporte en helicópteros. El juego de adivinanzas de este puente es quiénes serán los elegidos porque sabido es que muchos serán los que se consideren con derecho a ser llamados, pero pocos los elegidos. Para empezar, sabemos que su hermano Julio José será el padrino y su hermana Tamara, junto a sus cuatro mejores amigas, serán testigos de la novia. Seis invitados. Dando por seguros en la lista de Ana a su madre, al novio de ésta, y a sus hermanos y parejas, otros seis invitados. Por parte del novio, su madre, que será la madrina, su padre y sus hermanas con parejas, más cinco testigos. Once invitados más. Así llegamos al número de 23 fijos, con lo que, para el resto de la humanidad, sólo quedan 27 invitaciones. Me consta que una amiga de toda la vida de mamá Isabel gritaba en una famosa peluquería madrileña: «Por una invitación mato», con un tono de voz muy parecido al de Belén Esteban, que no pinta nada en una boda tan refinada como la que se nos viene encima.

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