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Prometer lo imposible

Tiempo de lectura 2 min.

06 de diciembre de 2017. 20:15h

Comentada
Enrique Miguel Rodríguez Sevilla. 7/12/2017

No hace falta ser un lince del mismísimo coto de Doñana para saber que en campañas electorales todos los candidatos y sus coros, ballets y orquestas tienden a realizar promesas que serán imposibles cumplir si llegan al poder. Los partidos que tienen escasas posibilidades de llegar a gobernar suelen llegar más lejos a la hora de prometer el cielo en la tierra: el gordo de la lotería –porque todo tenemos derecho a ganarlo– o incluso una semana con todos los gastos pagados en la isla privadísima en la que se casan Verdasco y Ana Boyer. Y, además, los dos huevos fritos. Hasta ahí todo es parte del ceremonial de la democracia. Pero lo de los candidatos independentistas llega a límites que roza, cuando no caen directamente, el delito. Había que ver en un acto de campaña a uno de los ex miembros del gobierno catalán contando en plan dramón de antiguas telenovelas, todas las vejaciones a las que fueron sometidos al ingresar en prisión. A punto del llanto, contó que incluso fue despojado de su alianza. Después de enumerar todos los agravios recibidos, como una gran trágica, enfatizó la voz, un breve silencio, una larga mirada intensa a la platea, al tiempo que declama, como Marco Antonio leyendo el testamento de César a la plebe romana: ¡Lo único que no pudieron arrebatarme fue mi dignidad! Es el momento en el que el público se pone en pie y los vítores por la república catalana arrecian. Lo cierto y verdad es que todos los que afirmaron ante los jueces que aceptaban el artículo 155 y, por tanto, dejaban de un lado la DUI –qué parecido el nombre a ese artilugio ginecológico que se usaba para evitar embarazos, a ver si cambia su significado y se convierte en un detente para la independencia–, por lo que han «mitineado», uno saca en conclusión que siguen inasequibles al desaliento republicano, que la aceptación constitucional fue un medio de tener la llave que abría la muralla, y que una vez fuera de la misma, leña al mono español. Pero si el juez, al dejarlos en libertad provisional, apreció que no encontraba motivos para creer que fuesen a insistir en vulnerar la Constitución, creo que los motivos están ya en las calles, plazas y teatros donde aparecen estos ex miembros del ex gobierno catalán. Tan claro como que ellos siguen abogando por las mismas políticas que llevaron a la destitución del presidente y todo su gobierno.

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