sábado, 24 junio 2017
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«COLUMNISTAS»

Radiografía de la electricidad en esta ola de calor

Sólo en la Península, el pico de demanda de energía eléctrica ha superado estos días los 38.000 megavatios hora (MWh). La cantidad de horas de sol ha hecho, además, que el pico de demanda se mantenga gráficamente plano como una meseta entre las 12:00 del mediodía y las 18:00 horas ¿De dónde procede la electricidad con la que combatimos el calor?

La generación la han suministrado en un 22% las centrales nucleares, en un 23% los parques eólicos, en un 20% las centrales térmicas alimentadas con carbón (las más contaminantes) y en un 12,7% las de ciclo combinado. El resto, hasta el 100%, lo han completado las plantas termosolares, hidroeléctricas (convencionales y de bombeo) y fotovoltaicas, principalmente.

La electricidad que nos ha permitido combatir la ola de calor y mantener el sistema productivo ha sido relativamente limpia. Por ejemplo, el jueves 15 de junio no se llegaron a alcanzar las 10.700 toneladas de CO2 emitidas por cada hora. El precio medio para el día siguiente fue de 50,22 euros por MWh mientras que el precio máximo fue de 57,47 euros por megavatio (hay un precio por cada una de las veinticuatro horas del día). El precio máximo correspondió al pico de demanda que se produjo a las 14:00 horas del jueves.

La pregunta que muchos españoles se hacen es por qué, a pesar de una demanda tan elevada de electricidad, el precio no ha alcanzado los niveles del pasado mes de enero. Efectivamente, el año empezó pagando mucho más por la electricidad (hasta 71,49 euros por MWh). Hay varias razones que explican la notable diferencia, pero quedémonos con que ahora hay mucho más viento que en aquellos días y que las centrales nucleares francesas han vuelto a entrar en producción y ya no necesitan comprar nuestra electricidad.

El análisis se puede hacer de manera más precisa gracias a la información que suministra Red Eléctrica Española y el Operador del Mercado Eléctrico (OMIE). Por ejemplo, el 25 de enero se alcanzó el pico de demanda máxima llegando a los 39.353 MWh, unos 1.300 MWh más que el pasado jueves. Como vemos, la diferencia de la demanda no fue tanta pero el precio sí lo fue, tanto que el precio máximo promedio alcanzó los 91,88 euros por MWh. En definitiva, una demanda que fue sólo un 3,5 por ciento mayor fue acompañada de un precio que superó en casi un 60 por ciento al del otro día.

Para entender esta diferencia tan fuerte en precio hay que tener en cuenta que la procedencia de la electricidad entonces tenía diferencias notables. Las dos principales diferencias están en la poca aportación en invierno de la energía eólica, sólo un 9% frente al 23% del otro día, y la fuerte aportación de las plantas de ciclo combinado en enero (29%) y el 12,7% de la semana pasada.

Las energías renovables «vierten» su electricidad a precio cero, aunque el que perciben viene determinado por las tecnologías más caras que van vertiendo progresivamente hasta que se completa la demanda. Las tecnologías van entrando con un orden creciente de coste. La última tecnología en entrar y, por tanto, la que lo hace a un coste mayor es la electricidad que procede de las plantas de ciclo combinado.

Precisamente, la diferencia entre el elevadísimo precio de enero y el menor de ahora, pese a tener demandas no muy distintas, se explica en buena parte en la poca aportación de una energía a coste cero (la eólica en enero) y la mayor aportación de las de ciclo combinado (las más caras) en esa misma fecha.

La gestión del sistema eléctrico exige de una sofisticada infraestructura que, afortunadamente, tenemos en España. Desde luego, es mucho más complejo que un debate epidérmico que sólo se queda en los lugares comunes de oponerse a la energía nuclear, aplaudir a las energía renovables y pedir la sustitución del uso del carbón, salvo –eso sí– que sea español. Unos pocos minutos de apagón en plena ola de frío o de calor servirían para que los ciudadanos valorásemos la importancia de tener un sistema eléctrico que garantice el suministro.

*Profesor titular de Economía y director de la Cátedra de Economía de la Energía y Medio Ambiente de la Universidad de Sevilla, e investigador asociado Universidad Autónoma de Chile

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