Artistas

«Todos tenemos miedo y vamos al baño por la mañana»

Entrevista a Ramón G. Del Pomar, Músico, escritor, actor e hipnoterapeuta.

Ramon G. Del Pomar, escritor y actor.
Ramon G. Del Pomar, escritor y actor.larazon

Entrevista a Ramón G. Del Pomar, Músico, escritor, actor e hipnoterapeuta.

Con 14 años se escapaba de su pueblo, Los Corrales de Buelna (Cantabria), para colarse en las discotecas de Madrid haciendo autostop. Desde entonces no se ha rendido a la apatía y sigue buscando una nueva aventura con la que volver a la ilusión de la infancia. No deja de trabajar, de reír, de buscar, de inventar, de interpretar, de ser, hasta dar con nuevos caminos existenciales que recorre gozosamente. Superviviente de varias décadas de creatividad y excesos, tiene varios y variados proyectos con los que saciar una inteligente hiperactividad.

–Acabo de ver cómo muere a manos de una sirena rubia.

–Pues en realidad es la consecuencia de mi espíritu de aventura, porque un director de cine se puso en contacto conmigo a través de Facebook para ofrecerme protagonizar un corto con María Forqué. Le dije que encantado pero hasta un año después no volví a tener noticias suyas, cuando me trajo un guión muy interesante que habla de cuando el verdugo se convierte en víctima.

–Hace de malo, malo, malísimo... hasta el final, claro.

–Bueno, lo que pasa es que realmente lo que encuentro es mi castigo, porque al fin y al cabo hay que pensar en qué hacemos con esos animales a los que sacamos de su entorno para convertirlos en domésticos. También se le da la vuelta a la tortilla, puede ser como la conducta del toro y el torero cuando éste último pierde. ¿Qué hago yo sacando a una sirena del agua?

–¿A usted qué le parecen los toros?

–Pues soy Tauro y me siento muy representado en el toro. Me gusta entrar al trapo porque creo que detrás de algo siempre hay una emoción. A veces te encuentras con un muro y otras te enteras de que lo que querías era jugar, pero entonces alguien te empieza a hacer pupa. Pero mira, a mis catorce años me escapé de casa para ser torero con un amigo, de la misma edad, que iba a ser mi apoderado. Me gusta más el concepto de las corridas de Portugal donde al final no hay muerte, pero las burradas que se hacen en muchas fiestas populares me parecen unas salvajadas faltas de sensibilidad.

–Queriendo ser torero al final ha sido tantas cosas.

–Al final soy el niño que quiso ser torero, ciclista, bombero, he tenido la suerte de ir a muchos lugares, a los que me ha llevado la vida. El fracaso no es más que una oportunidad. Y he tenido la oportunidad de ser un niño inquieto porque no viví en la época en la que la hiperactividad era una enfermedad, si no yo estaría totalmente anulado. También tuve unos padres que me han aguantado muchas cosas, a la vez que he podido explorar diversas ramas del arte que me han permitido aprender quién soy.

–«A veces me escribe la infancia /una tarjeta postal: ¿Te acuerdas?», escribió Michael Krüger.

–Bueno, es una frase muy bonita, pero yo también le mando una postal a la infancia porque entonces los gatos arañan, debajo de la cama duermen monstruos y hay cosas feas, ya sabes. Pero ese niño protestón y desobediente me ha permitido superar muchas cosas que me han llevado a lo que soy. Yo le mando una carta a mi infancia para sanarla.

–De todas las cosas que hace, ¿con qué se lo pasa mejor?

–Siempre se dice que la última novia es la mejor, pero yo es que me lo he pasado muy bien con todas aunque algunas me han querido con más intensidad. Por ejemplo, en Rock-Ola tenía que organizar los conciertos todos los días y estar a la vez en Radio 3, lo que significaba escribir en prensa; aquello era abrir todas las puertas que estaban cerradas cuando teníamos tantas ilusiones que se podían cumplir. Al niño hiperactivo le vino muy bien aquello a pesar de que dormía una hora... Luego dirijo una escuela de diseño y me pongo al frente de la Asociación de Creadores de Moda Española (ACME). Pasamos a diseñar para Eric Clapton, Tina Turner, Paul McCartney... todo era emocionante. Piensa que cuando yo tenía 13 años mi padre me mandó tres veces a la barbería el mismo día porque yo quería ser un Beatle, imagínate lo que sentía cuando le hacía el vestuario.

–¿Es fácil cogerle la medida a un Beatle?

–Vamos a ver, siempre ha sido más fácil organizar un concierto con un artista extranjero, por muy divos que sean, que con muchos de los artistas nacionales. Paul McCartney es un trabajador y vive con unos patrones que implican ser consciente de lo que es ser trabajador. En el día a día no hay la grandiosidad que nos imaginamos. Todos tenemos miedo y vamos al baño por la mañana.

–¿Por qué le interesa la cárcel?

–En realidad, porque quiero que los presos sepan que no hay ninguna diferencia entre ellos y yo, aunque ellos estén abajo y yo arriba, supuestamente. Tienen la misma capacidad de generar adrenalina que si estuvieran fuera, cuando estás dentro de un proceso creativo produces dopamina igual que cuando estás realizando un robo, por ejemplo. Yo estuve una vez en una situación parecida que terminó en cárcel. Mi padre, que era juez, no me dejaba ir al festival de la Isla de Wight, pero se comprometió a darme el permiso si sacaba cinco sobresalientes. Al final saqué siete, pero me dijo que no iba, por lo que decidí vengarme robando coches en Santander para que me cogieran porque eso era lo que más le dolía. Finalmente estuve 10 días en la cárcel, pero en ese tiempo escribí mi primer relato. Sé lo que sienten, pero estas cosas funcionan porque en cada uno de los recintos penitenciarios me piden que vuelva y he montado un concurso literario mensual. Escribiendo pueden generar la misma sensación de libertad.

–¿La vida vale la pena?

–Yo no voy a las cárceles a juzgar a nadie, porque la vida te puede llevar a muchas circunstancias.

–¿Por qué hay que leerse «El mal amor»?

–Trato de abrir reflexiones sobre la delincuencia política, que la vivimos todos los días; trato de abrir reflexiones sobre nuestra sexualidad, tan estancada en muchos aspectos, que se va abriendo poco a poco, pero aún tengo amigos que se llevan hoy una paliza por su opción sexual. También quería hablar de la reencarnación, sobre la memoria celular o sobre lo que sea. Para mí, escribir esa novela ha sido superarme a mí mismo. No sabía cómo iba a terminar y me dejaba llevar. Hay que leerla porque es bueno, amplía nuestras posibilidades, nuestros recursos, pero cuando menos esta novela hay que leerla porque yo la amo.