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Piden una escuela inclusiva que sea capaz de educar sin excluir a nadie

Las familias con hijos con discapacidad y otros colectivos reclaman también más formación para los maestros

Las familias con hijos con discapacidad y otros colectivos reclaman también más formación para los maestros

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Una mayor educación en valores en la escuela, profesores mejor preparados y formados en materia de inclusión y, sobre todo, que se entienda qué es lo que realmente necesita el alumno con una discapacidad intelectual o diferente. Estas son algunas de las principales reivindicaciones en materia educativa que demandan las familias que tienen a su cargo a menores con alguna discapacidad, en general, e intelectual, en particular, así como de las asociaciones que defienden los derechos e intereses de colectivos diversos, como el gitano o el relacionado con la sexualidad.

Demandas que se ponían encima de la mesa durante una interesante jornada sobre educación inclusiva que se celebraba esta semana en la Facultad de Educación y Trabajo Social de la Universidad de Valladolid, organizada por Plena Inclusión castilla y León, en la que participaron hasta 160 profesionales de la docencia y representantes de una veintena de organizaciones, entre colegios, centros de educación especial, administraciones públicas y otras asociaciones vinculadas a esta realidad social.

Unas jornadas en las que se reclamaba también un nuevo modelo preventivo para que la evolución y desarrollo del aula sea enriquecedor para todos. «Hay un montón de literatura científica que nos dan pautas de trabajo, y no podemos seguir trabajando con intuiciones personales ni por costumbre», advertía en una ponencia Alba Cortina, representante de la Escuela Jeroni de Moragas.

La familias tenían también un especial protagonismo en muchas de las mesas redondas desarrolladas, en las que se defendía la importancia de que éstas participen activamente en la educación inclusiva de sus hijos. También se hacía un llamamiento a la tolerancia así como a la necesidad de un mayor apoyo a la diversidad. Los participantes coincidían en señalar en que uno de los problemas existentes hoy en día en nuestro sistema educativo es la falta de conocimiento y de sensibilidad hacia lo que es diferente, y que es necesaria una mayor flexibilidad en dicho sistema.

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De la misma forma, se apostaba por llevar a cabo modelos educativos más colaborativos, «donde la familia debe tener un papel esencial», insistían, para que se puedan trasladar al profesorado las singularidades y características de cada niño. Finalmente, representantes de asociaciones presentes aprovechaban también estas jornadas para reclamar a la comunidad educativa una mayor formación ante la diversidad existente y que se puedan implantar modelos de trabajo basados en la tolerancia e igualdad.

La gerente regional de Plena Inclusión, Vanessa García, asegura a LA RAZÓN que la escuela tiene que ser un reflejo de la sociedad actual, en la que conviven personas con más o menos capacidades, y apunta que uno de sus desafíos es lograr que las personas con discapacidad intelectual reciban una educación ordinaria con los apoyos necesarios y no especial. «La escuelas deben estar abiertas a todos», señala García, quien tiene claro que es necesaria una mayor educación en valores en las aulas para incluir a estos alumnos diferentes, como por ejemplo, para combatir el acoso escolar. La gerente de Plena Inclusión considera que el sistema educativo «está mal montado» y aunque afirma que «hay voluntad» entre los profesores, cree que no hay una formación adecuada y que hacen falta otras políticas educativas que incidan en una mejor preparación para los docentes.

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Formación Profesional

Uno de los principales caballos de batalla a los que se enfrenta este colectivo es que puedan acceder a los estudios de Formación Profesional (FP) como plataforma para poder acceder después a un puesto de trabajo con el que ganarse la vida y disponer de plena autonomía, el gran objetivo. «Con el rígido modelo actual, donde a los alumnos les piden los mismos objetivos y sin ninguna adaptación, la mayoría se quedan fuera de la Formación Profesional porque no pueden acogerse a los procesos de FP ordinaria», lamenta Vannessa García, quien apuesta por una mayor flexibilidad del sistema y porque se pongan en marcha cursos o itinerarios específicos de Formación Profesional para aquellos alumnos con discapacidad intelectual que no tengan graduado escolar de la ESO. Y es que, la mayor parte de estas personas no tienen ni siquiera los estudios de Secundaria, por lo que su inserción laboral es mínima.

De la misma forma, García considera que la Universidad debe ajustarse también a la realidad laboral a la que se enfrentarán después los alumnos con discapacidad intelectual. Y apuesta por cursos de reciclaje en colaboración con la Junta de Castilla y León y por una mayor conexión para conseguir que estas personas «no se la cierren las puertas laborales».