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El arte catalán como joya

La historiadora Pilar Vélez publica una gran monografía que recupera a los maestros

  • Pilar Vélez ha realizado una profunda investigación de una temática escasamente analizada con anterioridad/ Miquel González-Shooting
    Pilar Vélez ha realizado una profunda investigación de una temática escasamente analizada con anterioridad/ Miquel González-Shooting / Miquel González/Shooting

Tiempo de lectura 4 min.

05 de noviembre de 2017. 09:35h

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Víctor Fernández Barcelona. 5/11/2017

Tenemos monografías sobre muchos aspectos del arte catalán, desde la pintura a la escultura pasando por la arquitectura. Sin embargo, parece que la joyería se ha convertido en una de esas asignaturas pendientes, con una importante ausencia de una bibliografía extensa sobre el tema. Enciclopèdia Catalana acaba de publicar un libro que viene a llenar ese hueco. Se trata de «Joieria i orfebreria catalanes 1852-1939», un trabajo de la historiadora del arte Pilar Vélez que ve la luz en edición de lujo limitada acompañado de un anillo, unos pendientes o un colgante broche de la firma Masriera.

La autora, en declaraciones a este diario, apuntó que su libro «no quiere ser un tratado exhaustivo de la historia de la joyería entre 1852 y 1939, ni un tratado sobre las técnicas y materiales empleadas para estas piezas». Para Vélez su riguroso ensayo sí tiene la virtud de ser «una introducción» al tema, algo que incluso podría ser considerado como «una exposición en papel» a la espera que un museo dedique la que se merece a estos trabajos y a sus maestros. La investigación de Vélez es «una guía porque han salido nuevos nombres que no se habían tenido en cuenta hasta ahora. Por eso el libro es una cata, no una tesis sobre el tema».

El punto de partida del ensayo no es casual. En 1852 se produce un momento importante en la joyería y orfebrería catalanas porque es cuando deja de ser obligatoria la realización del examen de pasantía, la prueba por la que debían pasar todos los aprendices que querían ser maestros tras seis largos años de prácticas. Es «una nueva etapa industrial» que permitirá la aparición de grandes nombres, artesanos con manos maestras para crear y sorprender al público.

Mirando a París

El estudio de Vélez se mueve por cuatro momentos históricos, fundamentales para el arte catalán a caballo entre los siglos XIX y XX: el Modernismo, el Noucentisme, la modernidad Déco y las vanguardias artísticas. En este sentido, «Cataluña mira hacia el norte de Europa, especialmente París, pero sin olvidar su propia tradición», como recuerda la autora.

Es el tiempo en el que la joyería catalana cuenta con algunos de los grandes propios que la convertirá en un referente, como son apellidos hoy célebres: Soler, Carreras, Cabot, Macià y, muy especialmente, Masriera. «La consolidación llega alrededor de 1888 gracias a la Exposición Universal que se celebra en Barcelona y que pasa a ser un magnífico escaparate para estos artesanos», subraya Vélez.

También las calles de Barcelona son otro de esos escaparates, sobre todo las tiendas primero de la calle Ferran y luego entre la Gran Vía y el Paseo de Gràcia. Eran establecimientos que en un primer momento se habían dedicado a vender objetos de metal de escaso valor y dan paso a las joyerías.

La investigación de Pilar Vélez ha permitido recuperar piezas que hasta ahora no estaban catalogadas o permanecían olvidadas y que forman parte en muchas ocasiones de colecciones particulares. «Es una suerte que se conserven estas obras porque se han perdido muchas. Muchas familias acabaron fundiendo estas piezas y un número importante de los archivos de las joyerías han desaparecido definitivamente», explica Vélez. Tampoco lo ponen fácil las colecciones de los museos catalanes. «En el Museu Nacional d’Art de Catalunya (Mnac) hay muy poco expuesto y sí muchos depósitos. No se ha trabajado lo suficiente para crear una gran colección. En el Museu del Disseny tiene algunas piezas que hemos recuperado para el libro», dice la historiadora.

Por las páginas de «Joieria i orfebreria catalanes, 1852-1939» también surgen los escultores que quisieron probar fortuna como maestros joyeros. Son los casos de Llimona, Manolo Hugué, Pablo Gargallo, Juli González o Ismael Smith que demuestran que su creatividad no tenía límites, pese a tratarse de materiales y formatos con los que no trabajaban habitualmente. El final de la Guerra Civil acaba con todo esto y costará mucho tiempo para que Cataluña vuelva a resurgir en este terreno. «Fueron unos años que se convirtieron en un desierto para los joyeros. No será hasta los 50 y 60 que se retomará la producción», finaliza Vélez.

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