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El elixir de Mario Gas

La mítica opera de Donizetti regresa al Gran Teatre del Liceu recuperando la puesta en escena de Mario Gas y con Jessica Pratt y Pavol Breslik como protagonistas.

  • Una imagen de la puesta en escena de «L’elisir d’amore» que llega al coliseo barcelonés.
    Una imagen de la puesta en escena de «L’elisir d’amore» que llega al coliseo barcelonés. / A. Bofill
L.R.  Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

04 de enero de 2018. 08:15h

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L.R.  Barcelona. 4/1/2018

El Gran Teatre del Liceu acogerá desde el domingo y hasta el 28 de enero la reposición de la ópera cómica «de temperatura sensible» «L’Elisir d’amore», de Gaetano Donizetti, con dirección escénica de Mario Gas y musical de Ramón Tebar.

Ayer, en rueda de Prensa en el coliseo barcelonés, el director Mario Gas, explicó que esta ópera –que abordó en 1983 por primera vez y produjo para el Liceu en 1998– no ha cambiado, pero reivindicó su lectura: «No es una obra exactamente cómica, sino con un tratamiento cómico que deviene sensible», relató Gas, que ya tuvo la reposición de la producción en el Liceu en los años 2005 y 2012.

Gas ensalzó la vertiente musical de la ópera: «La música también es argumento, trama y temperatura sensible, sensual y sentimental», dijo, subrayando que no es sólo un sainete cómico, sino que hay emociones verdaderas, no sólo pasadas por el tamiz de la comicidad, sino con verdaderos sentimientos.

No esquematismo

«Es bueno no quedarse con el esquematismo y escuchar de qué habla la trama. Es una obra cómica pero con sensibilidad seria, que hace que transite por caminos muy directos y populares enganchados a la dermis», sintetizó Gas. Destacó también que será la primera ocasión en la que la mano de José Antonio Gutiérrez no estará presente en la ejecución directa de la puesta en escena –tras su fallecimiento hace tres años–, y que su presencia se reemplazará con Valentina Carrasco.

Ramón Tebar destacó la modernidad de la música de Donizetti respecto a sus contemporáneos Vincenzo Bellini y Gioachino Rossini: «Rossini estaría más arraigado a la tradición clásica, mientras que Bellini desarrolla más la expresividad de la línea melódica, y Donizetti es el más moderno, también en la instrumentación y su estilo, sobre todo lo relacionado con el color».

Por ejemplo, detalló que el aria «Una furtiva lágrima», cambia el color de la instrumentación al usar Donizetti el fagot, utilizado más para momentos cómicos: «Él lo usa para una aria triste».

La soprano Jessica Pratt, en el papel de joven campesina Adina, explicó que su personaje cómico e independiente tiene como rareza que está en control de su destino porque «puede decidir con quién, cómo y cuándo se casa», lo que lo distingue de la mayoría de personajes y de este tipo de óperas.

Por otra parte, en el papel de joven campesino Nemorino, el tenor Pavol Breslik, explicó que en esta producción el personaje, que suele presentarse como simple y tonto, aquí es tímido: «Me gusta porque lo vemos desde otra perspectiva». «La música habla por él y es interesante que desde esta timidez intenta acercarse a Adina, pese a que ella es inalcanzable», ha explicado Breslik, que subrayó como exigencia vocal del papel la esperada aria «Una furtiva lágrima», sin duda alguna una de las más bellas de toda la historia de la ópera.

DONDE: Gran Teatre del Liceu. La Rambla, 51-59.

CUANDO: Del 7 al 28 de enero.

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