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Entre el clasicismo y la modernidad

Artur Ramon Art recoge en una exposición obras de Marià Fortuny y Enric Pascual Monturiol

La galería Artur Ramon Art ha tenido la buena idea de unir en sus salas a dos artistas, aparentemente opuestos, pero con mucho en común en lo referente a abordar su compromiso como creadores plásticos. Desde este mes, los grabados de Marià Fortuny se codean con piezas firmadas por Enric Pascual Monturiol, uno de esos nombres que se merecerían una retrospectiva en un museo, léase, por ejemplo, Museo Nacional de Arte de Cataluña (Mnac).

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Hasta el 30 de marzo el protagonismo es de estos dos autores catalanes, cercanos en el tiempo, pero con miradas aparentemente opuestas. Mientras que la de Fortuny parece optar por cierto exotismo, la de Monturiol nos devuelve a cierto aroma de mediterráneo, con el puerto como escenario de buena parte de las composiciones presentes en la sala.

En sus grabados, Fortuny demuestra una maestría comparable con la del Goya de «Los caprichos» porque nos encontramos ante un autor que sabe adueñarse de una técnica para dejar en ella su muy personal impronta. En la exposición nos encontramos con algunas de las grandes obras maestras del artista de Reus en este terreno como son los aguafuertes «La Victoria» o «Idilio “Idyle”». Pero el pintor bebía de los clásicos hasta el punto de anotar trabajos de quienes consideraba como sus principales referentes. Es el caso de un excepcional dibujo, un boceto tomado a partir de «VIII Estación del Vía Crucis» del Tiépolo grabador.

Para muchos visitar estos días Artur Ramon Art supondrá también poder conocer por primera vez a Enric Pascual Monturiol, nieto del inventor del submarino Narcís Monturiol. Formado en el terreno pictórico por Anna Monturiol, discípula de Martí Alsina, el autor instaló su taller en el Born, no muy lejos del que sería el escenario favorito para sus composiciones: el puerto de Barcelona.

El artista hace en sus dibujos lo que posteriormente encontraríamos en la palabra poética de alguien que también conocía perfectamente esa zona como fue Joan Salvat-Papasseit. Es el centrarse en los humildes, una pintura en la que demuestra su profundidad, captando todo tipo de detalles.

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En la muestra tenemos pasteles y carboncillos donde nos trasladamos a otra época, a la Barcelona de principios del siglo pasado y que se movía entre el clasicismo y la modernidad, entre una tradición artística que interesaba sobre todo a la burguesía de la ciudad y los nuevos corrientes plásticos. Cronista de su tiempo, Enric Pascual Monturiol conoció el aplauso y el reconocimiento tanto en Barcelona como en Nueva York, donde falleció en 1934.