viernes, 09 diciembre 2016
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Cataluña

Franco sin cabeza se instala en el Born

  • Ayer se abrió la exposición que el Ayuntamiento dedica a la impunidad del franquismo con las polémicas estatuas.

Operarios limpian la escultura después de que hubiera recibido impactos de huevos lanzados por un viandante.
Operarios limpian la escultura después de que hubiera recibido impactos de huevos lanzados por un viandante.
Miquel González/Shooting

Como si se tratara de Sleepy Hollow, el jinete sin cabeza de la leyenda imaginada por Washington Irving, la estatua ecuestre y decapitada de Franco es desde ayer uno de los reclamos de la nueva exposición en el Born Centre Cultural de Barcelona. La muestra titulada «Franco, Victoria, República» quiere, en palabras de Gerardo Pisarello, primer teniente de alcaldía de Barcelona, «romper el silencio sobre la impunidad del franquismo, un silencio que nunca sde había tratado de manera rigurosa y monográfica».

Precisamente para romper ese silencio se han instalado en el exterior el Born dos esculturas: la citada de Franco, obra de Josep Viladomat, y la de que representa la victoria de las tropas franquistas, original de Frederic Marés. Ambas, hasta ayer por la mañana, han estado guardadas en almacenes municipales desde que fueron desalojadas del espacio público. Ellas son ejes de la muestra.

«Entendemos el rechazo»

Pero el regreso de este Franco decapitado –el paradero de la cabeza se desconoce– generó ayer no pocos momentos de tensión. Desde que fue reubicada, fue recibida con lanzamiento de huevos por parte de un viandante. Servicios de mantenimiento del Ayuntamiento se apresuraron a limpiar la estatua que ayer, por la tarde, volvió a ser decorada con nuevos huevos lanzados por ciudadanos indignados. «Entendemos las sensaciones de rechazo, pero queremos que la gente se acerque y vean esta exposición. Son incómodas estas esculturas, pero más incómoda es la impunidad del Estado que las toleró durante años», puntualizó Pisarello. El teniente de alcalde salió al paso de las críticas recibidas por haber querido abrir esta muestra en un espacio que, hasta hace poco, se dedicaba sobre todo a recordar la caída de Barcelona en 1714. «Son fechas compartidas, memorias complementarias tanto 1714 como 1939», explicó Pisarello.

Horas antes de la inauguración oficial, el Born fue escenario de algún intento de agresión en el momento en el que llegaban las autoridades. Gritos de «nazis» o «fascistas» fueron escuchados. A última hora de la tarde, el Franco sin cabeza lucía una bandera «estelada», dejada allí por la JNC que recordaba a las víctimas del franquismo.

Comisariada por Manel Risques, la exposición ofrece un completo y didáctico recorrido por la historia e intrahistoria de estas estatuas, además de la actitud de sus autores que trabajaron para la Segunda República, pero que colaboraron con el franquismo y fueron posteriormente reconocidos por la democracia. Todo ello se narra en un marco de total austeridad y oscuridad, con mucha reproducción de documentos originales, incluso de páginas webs, que nos ofrecen una mirada de la dictadura. De esta manera, por ejemplo, podemos seguir el proceso de realización de la estatua ecuestre, desde que Josep Viladomat la realizó en su taller hasta que fue instalada en el castillo de Montjuïc, en 1963, el mismo edificio en cuyo foso fue ejecutado el presidente de la Generalitat Lluís Companys. La controvertida estatua no desapareció de la fortaleza hasta 2008. Por otra parte, con la llegada de la democracia, vio como otras composiciones públicas presidían otros espacios públicos de la capital catalana, como el Turó Park, con una estatua dedicada a Pau Casals.

En otro ámbito de la exposición podemos ver el recorrido desigual de las figuras dedicadas a la República y a la victoria franquista. Ambas ocuparon el mismo espacio, en la confluencia entre el Paseo de Gràcia y la avenida Diagonal. La de la victoria, orginal de Marès, fue retirada finalmente en 2011.

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