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«Juana de Castilla es el ejemplo vivo de lo que es una mujer maltratada»

  • Concha Velasco
    Concha Velasco / La Razón

Tiempo de lectura 4 min.

09 de noviembre de 2017. 08:21h

Comentada
Víctor Fernández Barcelona. 9/11/2017

–A partir del próximo día 16 estará en el Teatre Borràs de Barcelona con «Reina Juana», una obra dirigida por Gerardo Vera y escrita por Ernesto Caballero.

–Llevo dos años y medio haciendo este texto maravilloso de Ernesto Caballero. Es una recreación poética sobre las últimas horas de Juana que fue encerrada en Tordesillas durante 46 años. Nunca quiso confesarse y fue acusada de atea, luterana, bruja, porque ella nació en Toledo el día que estaban quemando herejes. No es que ella recuerde el momento de nacer, pero sí toda su infancia, las pesadillas enormes al escuchar los gritos de los ajusticiados por la Inquisición en el momento en que gobernaba su madre, la reina Isabel. Como ella era una mujer superdotada, bellísima, que tocaba instrumentos, hablaba idiomas –menos el francés por su mala relación con Felipe el Hermoso–, desde el primer momento fue rechazada por su madre. Son, por tanto, sus últimas cuatro horas obligada por su nieto Felipe II a confesarse con Francisco de Borja. Es una anciana que recrea sus momentos más importantes, sobre todo el dolor y el rencor que siente por su familia. Fue mal llamada loca y nunca amó tanto a Felipe como se dice; lo que pasa es que ella sabía que él había sido envenenado con arsénico por su padre, por Fernando el Católico, como ahora se ha probado.

–Juana ha sido una figura que ha sido muy tergiversada y mitificada. ¿Han optado por una visión más humana?

–Sí, exactamente. Tratamos de reivindicar que no solo no estuvo loca. Ella muere con 76 años, aguantado todo, como que le roben a su hija Catalina un agujero en la pared por la noche. Ella fue la Reina Juana hasta el momento en el que murió. Su hijo, el emperador Carlos, muere un año después, pero nunca la visita. Lo único que le daban era pluma y papel y mucho de los textos que decimos en la obra son de ella. Esta es una recreación poética, aunque hay reivindicaciones políticas.

–¿Es una mujer política?

–Sí, tremenda sin quererlo ser. Uno de los momentos más bonitos de la obra es cuando conoce a Felipe de Habsburgo. Lo conoce por un retrato, pero no sabe si es flaco o gordo. Lo llaman «el Hermoso», pero es que en esa etapa ha todos los reyes Felipe que vienen de Francia los llaman así. Tiene casi dos años más que ella, tiene melenita, monta a caballo, pero cuando llega a Flandes se considera que la han vendido al casarla con un extraño que no habla su idioma. Lo que pasa es que cuando lo conoce se enamora y esa misma noche consuman. Todo va muy bien hasta que después de consumar, Felipe ya no le hace ni puñetero caso.

–De esta Juana política, ¿hay alguna lección para nuestros políticos de hoy?

–Me parece que lo que la mantiene viva es su deseo de reivindicar su corona porque no dejó de ser reina nunca, la reina de todas las Españas. Era el reino en el nunca se ponía el sol, como decía Felipe II, pero esa corona no le correspondía a él sino a ella, a Juana. La realidad de Juana es que a ella la mantiene viva su capacidad de reivindicarse a sí misma, el odio que siente a quienes la rodean, el amor que tiene por sus hijos aunque no los conoce porque se los quitan al nacer. Es una mujer maltratada. Diría que hoy en día, cuando estamos tratando de que no se maltrate a las mujeres, ella sería el ejemplo vivo de la mujer maltratada en todos los aspectos: en lo físico, en lo moral, encerrada a cal y canto durante 46 años. Ella pasa del amor al odio más profundo.

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