Museos

Jugar con barcos

El Museu Marítim acoge la exposición «Vaixells de joguina (1870-1939)» que muestra 150 embarcaciones pequeñas

Las imágenes de archivo dominan las paredes de las salas de exposición
Las imágenes de archivo dominan las paredes de las salas de exposiciónlarazon

Los barcos siempre han ejercido un seductor embrujo en los más pequeños. En los 80, a veces ibas a casa de un amigo y tenían en la estantería de su cuarto ¡el barco pirata de los clicks de Playmobil! No ha habido un juguete más hermoso en toda la historia. Aquello siempre era un sueño hecho realidad, pero entonces el niño decía que sus padres no le dejaban jugar con él y «que no lo vas a tocar, que podemos romperlo». «¡Y para qué lo quieres, para mirarlo!». Los padres a veces son unos necios. ¡Las cosas, si no se rompen al final, están muertas! Aquel niño tiene ahora más de 30 años y es una buena persona, así que no fue algo terrible que no le dejaran jugar con el barco, pero si hubiese podido, si lo hubiese alzado con una mano y superado tormentas y olas de 90 metros, ¡buah!, quien sabe si hoy el pobre no sería un genio tipo Capitán Nemo y surcaría las profundidades marinas en busca de 20.000 aventuras.

El Museu Marítim nos demuestra la fascinación histórica por estos juguetes con la exposición «Vaixells de joguina 1870-1939». Un total de 150 embarcaciones se podrán ver en las naves del centro, la mayoría pertenecientes a la colección del arquitecto mallorquín Antoni Juncosa, que tiene acreditada la colección más importante de esta clase de toda Europa. Los barcos, de todos los tamaños, y de todos los tipos, desde lanchas a grandes veleros, de submarinos a los grandes barcos a vapor, consiguen capturar el recuerdo de esa infancia en la que sólo necesitabas un objeto para viajar hacia cualquier parte del mundo y de la historia. «Cuando cumplí los 50 años, mi mujer me regaló mi primer barco antiguo de juguete. De pronto me sumergí en un mundo nuevo y desconocido y quedé fascinado por la riqueza y variedad de formas y colores de estas piezas, con sus mecanismos misteriosos e increíblemente ingeniosos. Había empezado mi nueva adicción», comenta el arquitecto mallorquín.

La exposición, dividida en nueve ámbitos expositivos, se completa con importante documentación visual, de carteles a fotografías de época, que completan y dan contexto al amor de los niños por los barcos. Incluso se muestra un graffiti pintado por un niño en las paredes de una fábrica de Palafrugell mientras esperaba que su madre acabara la jornada. «Los niños de buena familia solía fotografiarse con un barco en las manos, que solían ser sus juguetes favoritos. Hay muchos ejemplos», afirma Mireia Mayolas, directora del proyecto.

Dónde: Museu Marítim. Naus de les Drassanes.

Cuándo: hasta el 9 de enero de 2017.

Cuánto: 7 euros.