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«La historia de Barcelona es inagotable para grandes novelas»

Daniel Sánchez Pardos nos sitúa en la Ciudad Condal de 1854 en un thriller que enfrenta la razón con la superstición.

Daniel Sánchez Pardos nos sitúa en la Ciudad Condal de 1854 en un thriller que enfrenta la razón con la superstición.

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Daniel Sánchez Pardos convirtió su novela «G, la novela de Gaudí», sobre la juventud del arquitecto, en todo un fenómeno internacional. La documentación para llevar acabo aquella historia le hizo enamorarse de una Barcelona, la de mediados del siglo XIX, muy poco representada en la narrativa moderna. Encontró tantas historias que contar en aquella época, que se puso inmediatamente manos a la obra. El resultado es «La dama del pozo» (Minotauro), un trepidante thriller gótico, que enfrenta superstición contra razón en una época tan oscura como fascinante. «La historia de Barcelona es inagotable para construir grandes novelas, y quedan muchas por contar», asegura Pardos.

La historia que nos cuenta en «La dama del pozo» es la de la Barcelona de 1954, cuando empiezan a caer sus viejas murallas medievales y se activa como ciudad moderna. Es el año de su gran huelga obrera y la de una de las peores epidemias de su historia. «Lo que me interesaba era mostrar los conflictos que se crean por la gran diferencia social del pueblo, con una lucha entre iglesia y ciencia, superstición y razón, con el índice de población más grande de toda Europa, lo que es de por sí todo un polvorín», señala el escritor.

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La aparición de un cadáver incorrupto de una doncella romana junto a un pozo será el motor de una investigación criminal que nos llevará por todos los espectros de una sociedad que es capaz de creer en milagros y en lo demoníaco sin pestañear. «Si lees sobre aquella época ves cómo la crueldad dominaba en un día a día donde convivía la ciudad real con la fantasmal», asegura Pardos.

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La novela nos presentará a dos carismáticos protagonistas, Octavio Reigosa, policía racional que quiere poner luz a tanta oscuridad; y Andreu Palafox, un joven anatomista perseguido por elementos sobrenaturales que le niegan su voluntad de ser escéptico e incrédulo ante lo que pasa a su alrededor. «Quería hacer una novela gótica porque la Barcelona de aquellos años lo era, siempre oscura, contaminada, con las fábricas de vapor levantando una niebla de ollín que hacía negros los días», afirma el autor.

Pardos es uno de los representantes que reivindican el siglo XIX barcelonés como vehículo ideal para sus historias. Otro es Xavier Therós, que con el thriller «La fada negra» (Destino) ganó el último Premi Pla. Allí nos trasladaba a la Barcelona de 1853. En otro género, Pilar Rahola también viajaba a esa época en «Mariona» (La Magrana).