miércoles, 07 diciembre 2016
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Cataluña

Puigdemont exige a Rajoy un diálogo «sin condiciones»

  • El president insiste en abordar la relación con el Gobierno de forma «bilateral», mientras la oposición le reclama aprovechar la ocasión.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.
Efe

El viraje estratégico del nuevo gobierno de Mariano Rajoy para distender sus relaciones con Cataluña en esta legislatura comienza a surgir cierto efecto. Aunque el Govern se mantiene escéptico respecto a la propuesta del Gobierno de «construir diálogo y entendimiento», el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, mostró ayer su disposición a entablar un diálogo, aunque reclamó que éste sea «bilateral y sin condiciones». «La única condición debe ser que no haya condiciones», dijo durante la sesión de control en el Parlament de Cataluña.

Lo cierto es que la reunión entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont todavía no tiene fecha. Tampoco la tiene la de Soraya Sáenz de Santamaría y Oriol Junqueras. Al estar en el aire ambas citas, el Govern se expresa con cierta incredulidad respecto a sus relaciones con el Gobierno, que intenta gestionar sin perder el equilibrio. Puigdemont, por ejemplo, continúa negándose a acudir a la Conferencia de Presidentes autonómicos –prevista para enero–, mientras que Oriol Junqueras aceptó ayer finalmente participar en la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera, que.

La cuestión del diálogo entre Gobierno y Generalitat centró la sesión de control ayer a Puigdemon. Todos los dirigentes de la oposición, a excepción del líder de Catalunya Sí que es Pot (la suma de Podemos e ICV), reprocharon al presidente catalán que no aproveche el nuevo escenario para mejorar el autogobierno de Cataluña. «No se quede como una estatua», le pidió el coordinador general del PP catalán, Xavier García Albiol.

En este punto, Puigdemont subrayó que todavía no se ha producido ningún diálogo y expresó su temor de que el Gobierno sólo busque «propaganda».

Todo ello ocurrió un día después de que la Generalitat presentara el proyecto de presupuestos de 2017, el cual incluye una partida de 5,8 millones para celebrar un referéndum de autodeterminación. El Gobierno no ha querido hacer más ruido de la cuenta con ello, evitando la contudencia de ocasiones anteriores. El nuevo delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo, se limitó a explicar que los servicios jurídicos de la Abogacía del Estado están estudiando las cuentas para ver cuál es el verdadero objetivo del dinero destinado a «procesos participativos y consultas populares», y actuar en consencuencia.

El propio Millo también anunció ayer que mañana se reunirá con Puigdemont. El delegado del Gobierno explicó que recibió una respuesta «inmediata» del presidente del Govern, que lo recibirá en el Palau de la Generalitat y manifestó su deseo de iniciar «el camino del diálogo».

Nadie se atreve a aventurar el recorrido que pueda tener el diálogo entre ambos gobiernos, pero la CUP se apresuró a torpedearlo. La diputada Mireia Boya pidió a Puigdemont que no atienda «los cantos de sirena» de Madrid porque desde la capital no se propone otra cosa que «palo y zanahoria». «Ni somos víctimas ni somos débiles», afirmó.

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