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«Se ha jugado con la cultura para que ocupe espacios ideológicos»

Acaba de publicar en formato digital su último libro «Una ñ inesperada: Crónica de una desobediencia. Antonio Baños en campaña electoral»

  • El escritor Gabi Martínez
    El escritor Gabi Martínez

Tiempo de lectura 4 min.

19 de septiembre de 2017. 08:26h

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–¿Cómo definiría este libro, una crónica sobre Antonio Baños, quien fuera candidato de las CUP a la presidencia de la Generalitat?

–Intentar perfilar a una persona para ver cómo a través de ells se llega a unas ideas determinadas. Sería muy sano ver cómo cada uno de los protagonistas simbólicos del libro y ver por qué piensan lo que piensan. Detrás de ellos a veces no hay ideas políticas sino ambición, resentimiento, romanticismo o envidia.

–¿Calificaría su libro como maldito? Lo digo porque usted se lo autoeditado, pese a tratarse en un primer momento de una obra que contaba con un editor.

–Es un libro que me llama mucho la atención porque me llaman de lugares que no espero y no me llaman de lugares que pensaba que igual les interesaría. Se mueve en un espacio tan intermedio, lo que contiene es tan impreciso y viene de un individuo tan desetiquetado que de repente la Prensa no sabe cómo situarse ante él. Lo de maldito ya lo dirá el tiempo. Ya veremos hasta dónde llega el impulso.

–Pero es un libro que iba a editar un sello concreto.

–Sí, claro. Lo debía publicar la editorial que tenía detrás. Me he encontrado con un contratiempo que no pensaba, algo que ya cuento en el prólogo. En un primer momento tenía un protagonista y una editorial que estaban predispuestos, apostando por el libro. De repente cambia el escenario y también las posiciones de todos. Yo siempre he creído en el gran periodismo, en la independencia, líneas que intento seguir. Mi referente es el seguimiento que hizo Foster Wallace de la campaña de John McCain, que me parece un reportaje maravilloso, o lo que hace Yasmina Reza con Sarkozy. Lo otro son deseos de personas o editoriales que no tienen nada que ver con la literatura o la investigación periodística.

–Al principio del libro, Baños le dice que «hay confianza. Tú sabrás dónde parar».

–Sí y he parado en varios momentos. Como me ha pasado en dos libros míos anteriores –«Las defensas» y «Sólo para gigantes»– lo que hago desde el principio es contar esa historia hasta el fondo con el máximo respeto posible. Ese mismo pacto lo tengo con Baños. Lo que ocurre es que trato de contar sus esencias verdaderas. También se suele repetir en muchas ocasiones es que hay un momento de euforia que después, por algún momento, cuando se ve que no vas a hacer una hagiografía se convierte en otra cosa. Un tercer paso es que si el trabajo está bien el hecho, el propio protagonista debe a reconocerse de alguna manera, pero eso es algo que cada uno lleva a su manera. Ya veremos si esto es así. El voto de confianza de Baños fue importante para mi porque él sabe cómo trabajo. Lo curioso es que cuando entras en un terreno como la política, con todas las variables que conlleva, te das cuenta que los cambios son radicales, sobre todo porque entras en el ojo público y estás dispuesto a que digan de ti cualquier cosa.

–La imagen del candidato Baños, ¿tiene que ver con el Baños que conocía?

–Lo que me fascina es que durante la campaña es muy parecido al que conocía antes de ser político. Por eso aún me parece muy interesante al mantener una integridad muy completa. Ocurre que mientras estoy con él me pregunto cuánto durará porque es un tipo de personalidad que en principio no puede tener larga vida en política. Y eso es porque tiene un punto de honestidad, muy coherente con su trayectoria.

–El paso y salida de Baños por la revista «Ajoblanco», ¿hasta qué punto fue importante?

–Cuando salí de «Ajoblanco», ya había colaborado con periódicos de distinta ideología. Decidí hacerme escritor y Antonio Baños activista política simultaneando también con el periodismo. Fue la cerecita a la decepción de lo que veía que se hacía con el periodismo en este país. Fue una decepción ver como abanderados de ciertas ideas actuaban de una manera que no compartía. Las dos opciones, la de Baños y mía, fueron la indepencia. Aquí se ha jugado con la cultura para ocupar espacios ideológicos y no se ha dejado que tenga autonomía propia.

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