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La Gran Vía será peatonal de forma permanente desde Navidad

El concejal de Urbanismo ha avanzado que tras las vacaciones navideñas se mantendrán las restricciones al tráfico privado para ampliar las aceras

  • Las aceras serán ampliadas para los peatones durante la época de Navidad, al igual que el año pasado, y después se mantendrán
    Las aceras serán ampliadas para los peatones durante la época de Navidad, al igual que el año pasado, y después se mantendrán

Tiempo de lectura 4 min.

04 de octubre de 2017. 23:40h

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En poco más de cincuenta días, la Gran Vía cambiará para siempre su actual configuración. Se cerrará al tráfico de los no residentes en el mes de diciembre, tal y como sucedió en las fiestas navideñas de 2016, y no volverá a abrir. El Ayuntamiento de la capital prevé iniciar las obras de ampliación de aceras y de reducción de carriles poco después –entre quince días y un mes– del final de la campaña navideña. El delegado de Desarrollo Urbano Sostenible del consistorio, José Manuel Calvo, avanzó ayer que entre las fiestas y el comienzo de las obras se mantendrán los cortes. «No tendría sentido volver a abrir la Gran Vía para iniciar las obras después», señaló el edil de Podemos.

Actualmente el Ayuntamiento, apuntan desde Cibeles, está trabajando en el operativo especial de Navidad. En 2016, esos cortes dieron comienzo el 2 de diciembre. En paralelo, se ha iniciado la tramitación del proyecto de ampliación de aceras con el objetivo de que la empresa que se imponga en esta licitación pueda comenzar los trabajos en enero.

El principal cambio de estas obras tiene que ver con el reparto del espacio dedicado actualmente al tráfico rodado y a los viandantes. Según Calvo, la nueva Gran Vía dará prioridad a los peatones: «Son los gran olvidados de la Gran Vía, los vemos apiñados en las aceras y ahora van a ser los grandes protagonistas».

La vía tendrá dos tramos diferenciados. El primero, entre la Plaza de España y Callao, tendrá un carril bici segregado del resto del tráfico en sentido subida –hacia Callao– debido a que esta parte presenta una cuesta pronunciada. Además del carril bici de subida, habrá otros cuatro carriles, dos de ellos reservados para los autobuses y los taxis y otros dos para los vehículos de residentes y autorizados. En el segundo tramo, el comprendido entre la plaza de Callao y la calle Alcalá, el cambio en las aceras permitirá la eliminación de dos carriles. De los seis actuales, se mantendrán cuatro: dos para los autobuses y otros dos ciclocarriles, limitados estos últimos a 30 kilómetros por hora y a compartir entre vehículos y bicicletas. El espacio ganado para los peatones no será el único cambio visible, ya que en la nueva confuguración de la vía, las aceras y los carriles de circulación estarán a la misma altura: desaparecerán los bordillos mediante el establecimiento de una plataforma única. Todo ello redundará, según Calvo, en una calle «más amable y más verde».

Los números con los que trabaja el Gobierno de Manuela Carmena (Ahora Madrid) contemplan que de los 50.000 coches que pasan cada día por esta calle se pase, una vez concluida la reforma, a 10.000. ¿Qué tendrán que hacer, por tanto, los 40.000 vehículos que a partir de 2018 deberán evitar esta calle en su día a día? Para todos ellos, el Ayuntamiento no tiene pensada una solución: «Tendrán que buscar una alternativa», reconoció Calvo. Las obras permitirán que la Gran Vía ya esté reformada cuando entre en vigor la gran APR de Centro. Esta zona exclusiva para residentes, tras el nuevo retraso confirmado por el equipo de Carmena hace unos días, se pondrá en marcha en el mes de junio del próximo año.

El portavoz del PP, José Luis Martínez-Almeida, lamentó que Carmena «lo único que sepa hacer es prohibir». El edil popular auguró atascos y criticó que el «Gobierno de la consulta» haya sido «incapaz» de organizar un proceso de diálogo y votación sobre este tema: «Van a dificultar enormemente la movilidad de quienes nos movemos por Madrid». La portavoz del PSOE, Purificación Causapié, apoyó la medida aunque pidió al consistorio «planificación» y la de Cs, Begoña Villacís, criticó que se haya hecho «sin estudios de impacto ni participación» y con el objetivo de «atrofiar».

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