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Barracones: Vuelta a las viviendas de postguerra

El nuevo producto de la factoría de ocurrencias Manuela Carmena es la creación de microbarrios, con casas prefabricadas para familias necesitadas

  • Carlos, en la imagen junto a su madre, reside en la UVA de Hortaleza desde hace 60 años. Su familia es una de las que espera un realojo
    Carlos, en la imagen junto a su madre, reside en la UVA de Hortaleza desde hace 60 años. Su familia es una de las que espera un realojo
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Angel del Río,  Ángel del Río.  Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

20 de agosto de 2017. 05:42h

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El nuevo producto de la factoría de ocurrencias Manuela Carmena, diseñado por Marta Higueras, es la creación de microbarrios, con casas prefabricadas para familias necesitadas. Dada la sequía del parque de viviendas sociales del Ayuntamiento, se han inventado esta fórmula, que nos devuelve al Madrid de la postguerra, cuando se puso en marcha un sistema de albergues provisionales, como alternativa de urgencia para paliar la necesidad de vivienda, habida cuenta de dos factores concretos: por un lado, las tareas de reconstrucción de una ciudad en ruinas; por otro, el éxodo que se estaba produciendo desde las zonas rurales devastadas hacia la capital.

El proyecto del Ayuntamiento de Madrid, presentado como una gran iniciativa social, tendría su campo experimental en una parcela municipal en la zona norte, entre Canillejas y San Blas. Casas prefabricadas, como en las que se levantaron en los años 40 y 50, provisionales y desmontables, con entre una y tres habitaciones, para familias sin hogar y con carencias, viviendas a las que el Ayuntamiento califica de «sociales». Pero se corre el riesgo de que esa «provisionalidad» dure varias décadas, como veremos a continuación en ese experimento que ya se puso en marcha hace 77 años.

Acababa de terminar la guerra civil y Madrid comenzaba a vivir una etapa muy complicada en el orden social y estructural. Primero había que proceder a la reconstrucción de una ciudad que había sufrido importantes daños, sobre todo en su patrimonio inmobiliario. A la capital comenzaban a llegar miles de familias de otros puntos de España, especialmente de zonas rurales, buscando un futuro que les era incierto en sus lugares de origen. Esta circunstancia hizo que se recrudecieran los problemas de vivienda. Por un lado, la iniciativa privada no estaba en condiciones de ofertar pisos asequibles a la clase más necesitada; por otra, el Estado tampoco podía asumir la construcción de vivienda pública para atender la demanda que se había desatado. Y todo ello llevaba al nacimiento de un fenómeno que ser perpetuaría en el tiempo sobre la geografía más deprimida de la ciudad: el chabolismo.

Ante el rápido crecimiento de esas bolsas de infravivienda en la periferia, especialmente en las zonas de Vallecas, Mediodía y Villaverde, el Estado acepta un proyecto de medidas urgentes promovido por la Falange: crear microbarrios compuestos por albergues provisionales, casas prefabricadas, para albergar temporalmente a familias necesitas e impedir que acabaran habitando una chabola. El primero fue el de Comillas, junto a la calle de Antonio Leyva, donde se construyeron 700 albergues, con capacidad para 4.140 personas. Después llegaron otros, como el de Usera-Almendrales. Se establecieron como lugares para una estancia no superior a tres años, pero no se cumplió en absoluto.

En el año 1978, hice con el alcalde, José Luis Álvarez, un recorrido por la ruta del chabolismo madrileño que concluyó en las viviendas prefabricadas de Marqués de Comillas, convertida la zona en un auténtico gueto, después de treinta y ocho años de existencia de unos albergues que habían sido diseñados para tres años de vida. En aquel momento, el alcalde se comprometió a resolver el problema, realojando en viviendas dignas a los habitantes de este poblado, promesa que se cumplió a los pocos meses, y en su espacio surgió el parque de Comillas. También los albergues provisionales levantados en otros puntos de Madrid, tardaron décadas en ser desmantelados.

A finales de la década de los cincuenta, Madrid seguía teniendo un grave problema de vivienda: un mercado inmobiliario privado, inasequible a las posibilidades económicas de las clases más desfavorecidas, y una emigración del campo a la ciudad que no cesaba, y en consecuencia, un crecimiento desaforado del chabolismo. Desde el Instituto Nacional de la Vivienda, se diseña un plan de urgencia para construir viviendas provisionales, bajo la denominación de Unidades Vecinales de Absorción (UVAs).

Con fecha de caducidad

En decreto 656, de 6 de abril de 1961, autoriza al INV, a construir en Madrid 30.000 viviendas de tipo social y renta limitada, destinadas a alojar temporalmente a familias chabolistas. La Obra Sindical del Hogar fue la encargada de construir las primeras 6.083 viviendas de absorción. En el proyecto se creaban seis unidades vecinales en distintos puntos de la capital: Fuencarral, Hortaleza, Canillejas, Vallecas, Villaverde y Pan Bendito. El máximo de vida de estas casas, desmontables y recuperables, era de cinco años, según figuraba en el decreto de creación. Pero lo cierto es que todas superaron con creces la fecha de caducidad.

Las UVAs, fueron sufriendo un progresivo deterioro estructural y social, configurándose en algunos casos, en auténticos guetos de marginalidad, mientras que la condiciones de habitabilidad se volvían difíciles y esos barrios comenzaban a ser presa de daños irreparables, ante la falta de respuesta de la administración para rehabilitarlos, remodelarlos, o proceder al realojamiento de la población.

Lo que fue una alternativa de urgencia para un problema puntual con una expectativa de duración de cinco años, se consolidó, se convirtió en un problema crónico, y las UVAs tardaron más de 40 años es desmantelarse, incluso alguna, todavía permanece, como es el caso de la de Hortaleza, construida en 1963, con más de 1.000 viviendas. El pasado año comenzó el desmantelamiento, y varias familias fueron adjudicatarias de pisos de alquiler social, pero la UVA en su conjunto sigue existiendo como testimonio de lo que fue diseñado como provisional y se convirtió en permanente.

La interrogante que ahora surge es, si el proyecto de Manuela Carmena de construir microbarrios con viviendas provisionales, será un modelo parecido al de la postguerra; si los prefabricados dispondrán de todas las condiciones exigidas para una habitabilidad digna; si tendrán fecha de caducidad, y sobre todo, si ésta se cumplirá, para no repetir situaciones que ya se dieron en el pasado. De los albergues provisionales ideados por Falange en 1940, a los albergues provisionales de la Factoría de Ocurrencias Manuela Carmena, 77 años después. Relacionarlos es cuestión de «memoria histórica».

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