Tribunales

27 años para «el descuartizador» de Majadahonda por triturar a dos mujeres

El juez considera probado que Bruno troceó a su tía y a una inquilina con una picadora que tenía en el sótano de su casa. Determina que su esquizofrenia paranoide no anuló sus facultades

Bruno Hernández Vega/ Cristina Bejarano
Bruno Hernández Vega/ Cristina Bejaranolarazon

El juez considera probado que Bruno troceó a su tía y a una inquilina con una picadora que tenía en el sótano de su casa. Determina que su esquizofrenia paranoide no anuló sus facultades.

La Sección 30 de la Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a 27 años, tres meses y un día de prisión a Bruno Hernández Vega, conocido como «el descuartizador de Majadahonda». El juez considera probado que el joven, de 34 años, mató, picó y troceó a su tía, Liria Hernández, y a su inquilina, Adriana Gioiosa. Por cada uno de estos dos crímenes, el Tribunal condena a Bruno a cumplir 12 años de cárcel. El resto de la pena es por un delito continuado de estafa (veintiún meses y un día de prisión), por el de falsedad documental (seis meses de condena y por el de tenencia ilícita de armas (un año de cárcel).

Aunque los cuerpos nunca se encontraron y Juan Francisco, padre de Bruno, aseguró haber visto a su hermana Liria en 2011 –un año después de que ésta muriera–, la sentencia considera probado que el acusado mató a su tía y posteriormente la trituró en una máquina picadora industrial que ocultaba en el sótano de su vivienda, situada en la calle Secedilla, 6, en una fecha posterior al 13 de abril de 2010. Aunque dicha máquina fue encargada a nombre de un tal Germano, queda probado que fue adquirida por Bruno Hernández porque el lugar de entrega se produjo en el domicilio de Móstoles, donde vivió con su padre. No obstante, la prueba objetiva que terminó de sentenciar al acusado y que así se recoge en la sentencia, es el resto de ADN que se pudo comprobar que pertenecía a Liria gracias a la colaboración de sus hermanos. Estos restos se encontraban dentro de la bandeja de la picadora, lo que eliminaba la posibilidad de que fueran resultado del uso normal de la máquina o de haber realizado una limpieza ordinaria. Además, la sentencia hace referencia a cómo, tras la muerte de Liria, Bruno creó una empresa para obtener beneficio económico de su tía girando recibos contra la cuenta de la que ella era propietaria. Por todo ello el Tribunal, determina que en el momento de los hechos, «las facultades mentales de Bruno no estaban anuladas ni alteradas gravemente».

En relación a la muerte de Adriana que, según acredita la sentencia, se produjo la noche del 1 de abril de 2015, las pruebas son mucho más abundantes. Queda probado que había restos biológicos tanto en el primer piso como en el sótano y sobre todo en el interior de la máquina picadora, en una sierra radial y en varios cuchillos encontrados en la casa. Es más, incluso en el techo del sótano, que casualmente se encontraba recién pintado, los agentes encontraron restos de sangre que fueron analizados y resultaron ser de Adriana.

El juez tampién apunta que acusado, que durante todo el proceso judicial aseguró no recordar los hechos, llevó a cabo diversas estrategias para ocultar la desaparición de su segunda víctima, de 55 años. Una de ellas fue viajar hasta Barcelona el 6 de abril de 2015, para enviar mensajes a la familia de Adriana con el fin de que éstos no se preocuparan por ella. Según la sentencia, todo esto lo hizo para «ocultar el mayor número de pruebas».

La defensa del acusado solicitaba la absolución de Bruno por estar privado de sus capacidades mentales por padecer esquizofrenia paranoide diagnosticada desde el año 2012. Sin embargo, los psiquiatras han establecido en el juicio que el esquizofrénico «puede estar loco pero no es tonto». Es decir, asegura la sentencia, el hecho de que padezca una enfermedad como la esquizofrenia paranoide no significa que el condenado tenga anuladas sus facultades mentales, pues no se ha establecido una relación entre el delirio y los hechos cometidos.

El doctor Calcedo, que también intervino en el juicio, fue muy expresivo al decir que Bruno «puede estar loco pero no es tonto».